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Foto: Spacio Libre / Luis Pacheco

Por: Luis Pacheco Quispe

La tercera marcha por la derogatoria de la Ley 30288 se realizó y, por más que otros medios solo publiquen “lo malo”, nada detiene a los jóvenes que saldrán a las calles a reclamar sus derechos cuantas veces sea necesario.

Me puse mis Nike, esas que me regalé en navidad (ya sé que no le va a gustar al congresista Tubino), y me dirigí hacia la Plaza San Martín, punto de partida de la tercera marcha en contra de la mal llamada “ley pulpín”. Y las cosas ya estaban calentándose a eso de las cinco de la tarde; “mucho policía, tío. Más que la vez pasada” decían algunos.

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Foto: Spacio Libre / Luis Pacheco

 

Gente no tan joven estuvo allí también porque, según ellos, les afecta indirectamente. No faltaron los comerciantes que querían hacer su día en ese mar de jóvenes sedientos y hambrientos de justicia. A pocos minutos de las seis de la tarde ya la plaza estaba llena, con cánticos variados: ¡Vamos pueblo carajo, el pueblo no se rinde carajo! (un clásico en cualquier marcha), ¡Tombo escucha tu hijo está en la lucha!, ¡Hay oro, hay cobre y el pueblo sigue pobre!, entre otras más.

Caminaba junto con ellos, coreaba, aplaudía mientras avanzábamos por la estrecha avenida Nicolás de Piérola. Un poco más allá, las personas y los establecimientos de toda la avenida Arequipa se mostraban muy cautelosos. Los policías resguardaban nuestros pasos. Yo buscaba el momento justo para hacer una foto, pero esa adrenalina que se vive entre impidió que realice mi trabajo. Veía que otros gráficos disparaban sin piedad sus cámaras (claro, afuerita del tumulto, en la veredita). Estaba atrapado.

 

Foto: Spacio Libre (Luis Pacheco)
Foto: Spacio Libre (Luis Pacheco)

Entre los jóvenes hubo muchos que no conocen hasta ahora de qué va la ley, pero estaban allí, gritando más fuerte que cualquiera, en el chongo de estar al lado del grupo de amigos universitarios, de amigos de la chamba (esa gente que no quiere ser despedida y reemplazada). Al ver un drone sobrevolando sus cabezas, sus voces se hacían más fuertes aún, el cuero del bombo parecía romperse al ser golpeado con furia por gordito encapuchado. Las voces se hacen fuertes ante la provocación o un buen estímulo.

Decía Robespierre que «los países libres son aquellos en los que son respetados los derechos del hombre y en donde las leyes, por consiguiente, son justas». Las tres marchas que se vivieron en estos días es un grito de libertad que exige justicia, no queremos ser explotados (el esclavismo ya fue), queremos que se respete la vida y el futuro del joven que quiere progresar. El trabajo dignifica a la persona, ¿Esta ley hace que en nuestro trabajo seamos dignos?, ¿De qué? Y no pude quedarme con ellos toda la marcha, porque como buen joven aún, tenía que ir a trabajar en mi faceta de músico. Me alejé poco a poco con la esperanza de volver a marchar si fuese necesario.

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