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Marco Martos, presidente de la Academia Peruana de la Lengua / Foto: Facebook Oficial Marco Martos
Marco Martos, presidente de la Academia Peruana de la Lengua / Foto: Facebook Oficial Marco Martos

Por: Javier Contreras/ @Javiperiodismo

Como periodista conocí a Marco Martos en dos entrevistas que le hice, una a finales del 2012 cuando me encontraba armando un reportaje sobre los 50 años del boom latinoamericano, era necesaria una opinión certera sobre esta corriente literaria y creo no haberme equivocado al elegirlo como fuente, me atendió amablemente y a lo largo de la conversación demostró un profundo conocimiento del contexto y del trasfondo del boom.

Y luego, lo volví a entrevistar hace algunos días en la Feria de Libro, mientras esperábamos un recital, hablamos acerca del homenaje que recibiría, de los libros electrónicos, de las controversias entre algunos escritores, de su poesía… Martos es de esas personas con quien uno desea hablar, a quien uno – como periodista- podría entrevistar todos los días porque siempre tendría algo nuevo por decir.

Pero como lector lo conocí hace mucho, seguro que tenía 10 años cuando leí por primera vez Naranjita, un poema emblema de Martos: «Mira como baila el gordo Manuel, mira como quema el gordo Oswaldo, mira como quema mis pobres poemas, no te duermas naranjita, no te duermas, mírala que linda viene, mírala qué linda va la revolución cubana que no da un paso atrás» recita el poema, que encierra en sus cortes, toda la estética de un cultor del español contemporáneo hecho verso, vanguardista en sus saltos de linea, pero tradicionalista para defender el estilo de los poetas del Siglo de Oro Español, así conocí a Martos.

Luego leí Jaque perpetuo y me topé con una poesía (y con un poeta) audaz, no había visto al estrofa de pie quebrado desde que leí Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique,  y este poema inicia con una estrofa de 18 versos, pero sobre todo logra unir dos mundos casi ajenos, gracias a la poesía, elogia a grandes jugadores, a técnicas depuradas, a enfrentamientos famosos, Martos se muestra como el poeta consumado (y terco cultor de la métrica manriqueña) que a la vez es un joven ajedrecista.

Y hace poco me sentí su alumno (más que de costumbre), cuando releí La Ciudad y los perros en la versión conmemorativa que la RAE publicó por los 50 años de esta gran novela de la Vargas Llosa, versión que cuenta con los comentarios de Martos, es muy enriquecedora la experiencia de acompañar este monumento literario con la lectura e interpretación del poeta, es como si Martos llevara de la mano al lector, y lo condujera a entender la riqueza de la obra, «Con La Ciudad y los perros la novela peruana ha sufrido su segunda y más importante fundación», dijo Martos en el prólogo, y le creo.

En 40 años de poesía, Martos ha explorado temas tan diversos como comunes para la mayoría de personas, en poemarios que  han merecido importantes elogios y premios, hablar de Dios, de la familia, de sexo, del arte, de la naturaleza, del campo, de la filosofía, del mar, de la música, demuestra sus ganas de explorar nuevas áreas de la vida humana y hacerlas poesía.

Sus versos han creado un proyecto de poesía diacrónica que utiliza todos los recursos expresivos actuales pero que revalora los anteriores, Martos desempolvó al soneto, entre otras formas poéticas, que casi ya estaban olvidadas y las puso en boga.

Es uno de los grandes representantes de aquella gloriosa generación del 60 de la poesía peruana, ayer recibió el homenaje de la Cámara Peruana de Libro, pero Martos merece muchos homenajes más, porque con su obra ha hecho escuela en las nuevas generaciones de escritores, y poetas que somos todos, sus alumnos.

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