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Máxima Acuña de Chaupe se ha convertido en un símbolo de la lucha contra la fuerza de las grandes empresas extractivas, que pasan por encima de las normas y las convenciones sociales. Este es un pequeño homenaje a su persona tras ganar un importante premio internacional.

Reconocimiento especial a Màxima Acuña Atalaya / Foto: Karina Tamayo (Spacio Libre)
Reconocimiento especial a Màxima Acuña Atalaya / Foto: Karina Tamayo (Spacio Libre)

Por Marquiño Neyra
@AndyNeyraY

El indio, como señalaba Mariátegui, se había desarrollado extraordinariamente por su hábito humilde y su obediencia al deber social. Valorizaban la tierra creando andenes, caminos, canales; lo extendían y lo sometían a tribus vecinas. El trabajo colectivo se empleaba con fines sociales. Lo que pasa hoy con la minera Yanacocha es el retrato tentativo del pasado incaico, cuando los españoles nos despojaron de nuestros templos y tesoros, explotando a nuestra tierra sin importarles el porvenir y la fuerza de producción.

Desde 1994, Máxima Acuña de Chaupe fue víctima de los ataques mineros asociados a la Policía Nacional. Ella adquirió una parcela en Tragadero Grande, Cajamarca, y la Comunidad Campesina Sorochuco le otorgó un certificado de posesión.

Cajamarca siempre ha estado en el núcleo de los mayores conflictos socioambientales en Perú. Según reportes de Defensoría del Pueblo desde el 2010 al 2014, el 72% de los conflictos socioambientales fue por el agua y la tierra.
A 4,600 metros de altitud vive Máxima. Desde el 2011 la minera Yanacocha reclama su propiedad sobre estos territorios que formarían parte del proyecto Conga, alegando que esas tierras son terrenos comprados por la minera en 1996.

El emocionado discurso de Máxima Acuña
Video: Rincón del Top

Los Chaupe no entendían qué pasaba, habían denunciado a Yanacocha por el primer ingreso forzado a su propiedad; no sabían que aquella denuncia había sido archivada y que ellos habían pasado de denunciantes a denunciados.

Desde el documental inspirado en la laureada cajamarquina, “Hija de la laguna”, se aprecia la mística ecológica y ese miedo hacia el concreto, las pistas y el aire insano de la ciudad.

«Salimos a la calle y solo hay carros y cementos. ¿De dónde se alimentan? Extraño a la tierra, a los cantos de los pájaros y mis animales», alega la protagonista Nélida Ayay.

Sin saber leer ni escribir, Máxima Acuña se ha convertido en el símbolo de lucha por antonomasia. Ella ha denegado los esfuerzos de la mayor empresa minera de América Latina, que quiere explotar el oro debajo de sus tierras.

A pesar que debemos obviar su postura apolítica –a menos que nuestra tierra tenga voz y voto-, estuvo presente en el cierre de campaña de Verónika Mendoza en Cajamarca, y le agradeció frente a todo el público que fue la única que la recibió en el Congreso de la República cuando acudió por ayuda.

Desde el asesinato de Edwin Chota por las empresas madereras en la selva de Alto Tamaya, Pucallpa, la justicia se había desquebrajado y las grietas aún no sellaban. Máxima ha tapizado el sentido ambientalista e impuesto una plantilla para las futuras generaciones.

Ella, tan quijotesca y humilde, logró el mayor galardón ambientalista el pasado 18 de abril: el Premio Goldman. Pero en Perú no hubo más eco que unos retuits o unas cuantas compartidas en Facebook. Los diarios nacionales la esquivaron, y solo apuntó en algunos periódicos foráneos.

El país cada día se queda huérfanos de símbolos, teniendo como última decepción a Gastón Acurio, involucrado en el destape periodístico tildado como PanamaPapers.

Máxima, desahuciada como la tierra, ha denunciado el 25 de abril disparos en su domicilio en Celendín, Cajamarca, donde solo se encontraba su esposo.

«Quiero dejar en claro esta noche que cualquier cosa que me pase es responsabilidad de la empresa Yanacocha y el Presidente del Perú que no dicen nada, nunca defienden a la población, solo defienden a las empresas», declaró.

Luego de la vergüenza internacional que hemos pasado por la segunda vuelta de la hija de uno de los mayores dictadores de la humanidad, Alberto Fujimori, además del financiamiento de personas vinculadas a empresas offshore y liderar el Congreso con más comodidad que los 90, lo último que necesitamos es protagonizar otra escena humillante, como la pérdida de una gran exponente como Máxima.

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