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Homenaje de los "diez heroes" de La Cantuta, presentados en la Universidad Nacional de Educación.
Homenaje de los «diez héroes» de La Cantuta, presentados en la Universidad Nacional de Educación. Foto: Enzo Alminagorta

Por: Enzo Alminagorta Via y Rada

La memoria emerge sobre el olvido. Han pasado 22 años desde el genocidio de La Cantuta. De aquella noche opaca del 18 de julio de 1992, donde 4 camionetas llena de encapuchados salieron disparadas de la Universidad Nacional de Educación, llevándose consigo a “ diez héroes”, porque así consideran en La Cantuta a los 9 estudiantes y 1 profesor que fueron trasladados a un lugar desértico, desolado y propicio para  terminar con una orden que nunca debió acabar con la vida de nadie.

La memoria es a veces el único consuelo que puede tener un familiar  de un hijo, un hermano o un padre, es el único espacio que se tiene para revivir, esos momentos donde la sonrisa, la felicidad, la tristeza y el amor, significaba todo.  Tan solo imaginar que te despides de alguien para que se vaya estudiar y  tras 22 años no regrese, es la pena más grande que se puede sentir.

Hoy Spacio Libre quiere evocar a los “diez héroes” de La Cantuta, Bertilia Lozano Torres, Dora Oyague, Luis Ortíz, Armando Amaro Cóndor, Robert Teodoro Espinoza, Heráclides Pablo Meza, Felipe Flores, Marcelino Rosales , Juan Mariños  y el profesor Hugo Muñoz Sánchez , porque la impunidad contamina a la sociedad y sola la justicia puede repararla.

Este terrible hecho marcó y conmocionó la vida de todos los cantuteños, de los familiares de la victimas y de todos los peruanos que se sintieron vulnerables en el gobierno de Alberto Fujimori, porque la muerte era algo posible y no solo por parte de los terroristas, si no por el mismo grupo de hombres, que supuestamente deberían velar por nuestra integridad.

Vigilancia en las afueras de la residencia de estudiantes Foto:  Museo itinerante del colectivo arte por la memoria.
Vigilancia en las afueras de la residencia de estudiantes / Foto: Museo itinerante del colectivo Arte por la Memoria.
Miembros del ejercito en la puerta de ingreso de La Cantuta Foto: Museo itinerante del colectivo arte por la memoria.
Miembros del ejercito en la puerta de ingreso de La Cantuta / Foto: Museo itinerante del colectivo Arte por la Memoria.

La Universidad de Educación más conocida como “La Cantuta”, porque fue construida en un antigua urbanización que llevaba el nombre de la flor heráldica de los incas, dijo presente, para recordar a sus “diez héroes” y les hizo un merecido homenaje este  15 de julio del presente año. La ceremonia tuvo como invitados especiales al profesor Juan Malpartida- docente Universitario de esa casa de estudios, y alumno en el contexto de la tragedia-, Gisela Ortiz – miembro del Equipo Peruano de Antropología Forense y hermana de Luis Ortiz- , Amanda Gonzales- directora del documental “La Cantuta en la Boca del Diablo” y Karen Bernedo- Antropóloga y miembro del colectivo Arte por la Memoria (museo itinerante).

Miembro del Equipo Peruano de Antropología Forense y hermana de Luis Ortiz. Foto: Enzo Alminagorta
Gisela Ortiz, miembro del Equipo Peruano de Antropología Forense y hermana de Luis Ortiz. Foto: Enzo Alminagorta

En el camino por la (in)justicia digna de cada uno de las familias de las victimas, Gisela Ortiz  es un símbolo de fuerza, tal vez la cara visible de todos, que sin darse cuenta le han pasado 22 años de su vida y aún sigue luchando con la esperanza de encontrar un poco paz en ella y en su familia.

Tras un saludo cordial a las autoridades de la UNE y a los familiares presentes, Gisela se propone empezar  a contar su historia de lucha, por la injusta y absurda pérdida de su hermano, pero tan solo la presencia en “La Cantuta” y recordar que allí compartió  momentos felices e inolvidables-  porque fue alumna-  y a la vez  recordar, que ese mismo espacio que le robo sonrisas, también le sacó lágrimas.

Todos los presentes nos identificamos con ella, la sentimos en nuestro profundo ser, porque también tenemos familia. Y las gotas que se deslizan en un rostro, es porque como humanos  amamos y no olvidamos.

Acá algunas citas del testimonio que expresó Gisela Ortiz y que conmovió  a toda la comunidad cantuteña:

“Yo no vengo a esta universidad hace 3 o 4 años, es difícil venir y recordar”.

“Lo que le pasó a los 9 estudiantes de La Cantuta y al profesor, le puede pasar a cualquiera, porque ser joven , ser universitario, ser cantuteño siempre ha sido  sinónimo de ser alguien peligroso, entonces cuando nosotros llegamos a La Cantuta, llegamos como sospechosos de algo”.

¿Por qué le tiene que importar a los estudiantes de la UNE? “Porque este hecho que nos ha tocado vivir como familiares de la victimas, tiene que ver con la historia de la universidad, tiene que ver con el hecho de ser cantuteño, tiene que ver con nuestra identidad”.

Cuando mataron a los  nueve estudiantes y profesor, lo hicieron el 18 de julio de 1992 en el kilometro 1.5 de la carretera Ramiro Priale, en Huachipa, ahí estuvieron enterrados hasta abril del año 1993, cuando Nicolás Hermosa Ríos, llama a Martin Rivas, jefe del grupo Colina y le pide desaparecer cualquier rastro de “La Cantuta”, porque el Congreso de la República empezó a investigar el crimen. Ese es el preciso momento donde el grupo Colina decide desenterrar los cuerpos y llevarlos a Cieneguilla, para quemarlos y enterrarlos.

Gisela cuenta que: “de las fosas en Cieneguilla solo hemos podido identificar a 4 o 5 personas, nos faltan encontrar al profesor Hugo Muñoz, a Dora Oyague, Armando Amaro, Felipe Flores, Pablo Meza. Que no solo son nuestra familia, si no que también son hijos de esta universidad, es por eso que nosotros necesitamos de ustedes como autoridades, maestros y alumnos,  se sumen a esta lucha para que nos devuelvan esos cuerpos (en ese momento se quiebra su voz) para ir a buscarlos al lugar donde están enterrados y poder devolverlos a su familia”.

Yo solo quiero que piensen en el ser que más quieren, que salga en la mañana de su casa y no vuelva en la noche, no vuelva al día siguiente, no vuelva en la otra semana y no vuelva en 22 años.

Esa idea de no saber dónde ir a buscarlos y la desesperación que ninguna autoridad se preocupe por ir a sacarlos y dárselos a su familia para velarlos, es doloroso.  La propia familia por si misma no lo puede hacer porque eso es un DELITO,  solo lo debe y puede hacer el fiscal. Por eso con los ojos húmedos Gisela expresa el sentimiento de todas las familias de las victimas “seguimos esperando desde el año 2006 cuando le ganamos al Estado en la Corte Interamericana de Derechos Humanos la búsqueda de los familiares y hasta ahora no se ha establecido una fecha para ir a buscarlos”.

“Hemos ido el día sábado con algunos familiares a Cieneguilla y el lugar es ahora un terreno privado de una constructora que está haciendo casas de campo, y sobre las fosas de nuestros familiares – levanta la voz- que tenían un cruz desde el año 1994, han botado toneladas de piedras y tierra, que hará mucho más difícil y CARO excavar para encontrarlos, a un Estado que no quiere gastar recursos para encontrar a nuestros familiares”.

Raida Cóndor. Madre de  Armando Amaro Cóndor  y eterna luchadora.
Raida Cóndor. Madre de Armando Amaro Cóndor y eterna luchadora en el homenaje de las víctimas de la UNE. Foto: Enzo Alminagorta

Causa tanto sufrimiento que al pasar los años no se haga nada. Esa sensación de querer excavar y no tener manos, querer avanzar y no tener pies, solo por la impunidad de las autoridades, que no sienten, que no se identifican porque no son hijos o su padre y que en lo absoluto no les da la gana de querer ayudar .

Para el licenciado Juan Malpartida el caso de “La Cantuta” ha trascendido fronteras y el tiempo no le ha dado respuesta tras 22 años. Él comprende y se identifica con los familiares porque estuvo presente en los tiempos difíciles de la universidad y pide a gritos que los recuerden. “Es una perdida, un dolor para los familiares cada vez que se acercan estas fechas, pero nuestra memoria debe perdurar”.

Un estudiante cantuteño, era la imagen de un rebelde para la dictadura de Alberto Fujimori. Siempre relacionándolos  con grupos subversivos. Porque levantar la mano y decir ¡NO!, podía justificar una muerte. Acaso un estudiante solo debía estar sumido por el poder de las autoridades. Eso nunca se iba permitir. Los verdaderos alumnos, luchamos y defendemos nuestros derechos, justificados y sin violencia. Sin embargo un atropello del Grupo Colina en 1992, que a la fuerza y con sus armar arremetió la Universidad Nacional de Educación por su residencia, arrastró, secuestró y mató la esperanza de 9 estudiantes y un profesor.

Un  párrafo del libro El crimen de La Cantuta, escrito por Efraín Rúa sintetiza la maldad y oídos sordos de militares que ante gritos  y plegarias de los estudiantes, para que no los maten, no les importó, porque su instinto animal pudo más, ¡si animal!, porque eso fueron.

“Los pistoleros estaban furiosos: a lo largo del camino les propinaban golpes violentos que provocaron heridas sangrantes entre los detenidos. Dos muchachas se quejaron en vano. Los extraños querían averiguar los nombres y el paradero de los dirigentes de Sendero Luminoso y de los ejecutores de los últimos atentados ocurridos en la ciudad. Los acusados negaron que tuvieran que ver con ello. Sus gemidos de dolor no sirvieron de nada”.

Hasta hoy me preguntó ¿Por qué los tuvieron que matarlos? No era justo y no merecían morir así -nadie merece morir de esa forma cruel-. Pero hablar de justicia en un gobierno dictatorial es hablar de nada.  El régimen de Fujimori  y de su asesor Vladimiro Montesinos, fue sin duda el gobierno más corrupto y violador de los derechos humanos del Perú en los últimos 50 años.

Por todo el dolor del luto de los familiares que aun no encuentran la tranquilidad ansiada, la memoria debe emerger sobre el olvido, porque es la única forma de que aún se diga y se cuente que “La Cantuta” tuvo a “diez héroes”.

 

Los 10 héroes de “La Cantuta”

Gracias a los archivos de la UNE, se pudo encontrar estas pequeñas reseñas de cada uno de los victimas de la matanza de “La  Cantuta”. Se describe su lugar de nacimiento, su familia, sus placeres, sus estudios y su carrera universitaria. Según una fuente,se armó esta síntesis con la colaboración de algunos familiares de los caídos del 18 de julio de 1992, entre ellos Gisela Ortiz.

 

Recuerdo de todos los caídos por el grupo Colina en 1992 Foto : La Cantuta en nuestra memoria
Recuerdo de todos los caídos por el grupo Colina en 1992 Foto : La Cantuta en nuestra memoria
La familia de los "diez héroes" de La Cantuta,  en la exhumación en el cementerio El Ángel Foto : Archivo de la UNE
La familia de los «diez héroes» de La Cantuta, en la exhumación en el cementerio El Ángel Foto : Archivo de la UNE

Profesor Hugo Muñoz Sánchez

Oriundo de la provincia ayacuchana de Huanta, amante de la buena pluma, le gustaba escribir poemas y cantar los huaynos de su tierra. Nació un 24 de setiembre de 1943. Ingreso a estudiar pedagogía en la Escuela Normal Superior Enrique Guzmán y Valle (nombre anterior de la actual Universidad de Educación “La Cantuta”). Medía 1.75mts y usaba bigotes. Sus compañeros de entonces lo recuerdan como un empedernido fumador y amante del deporte, gracias a su entusiasmo fue elegido delegado de aula.

Bertilia Lozano Torres

En 1992 tenía 22 años, media menos de 1.60mts , era de contextura gruesa y de ojos achinados. Tenía un carácter extrovertido y era muy habladora. Escribía poemas y además le gustaba conversar de política. No le gustaba intimidarse ante nadie.

Dora Oyague Fierro

Nació el 4 de noviembre de 1970. Agraciada joven de cabello negro, espigada, a la que se le podía reconocer por un lunar en el rostro. Quería ser maestra como su padre, don José Esteban Huamán, natural de Ayacucho. Estudió en el Centro Educativo Tupac Amaru de la Victoria. Se preparó con éxito en la academia preuniversitaria de San Marcos en 1990. Meses después postuló e ingresó a la UNE. En 1992, se fue a vivir a la residencia de mujeres, pese a las objeciones de su padre.

Exhumación de las víctimas en el cementerio El Angel S 31.1.2007 Foto: Archivo de la Une
Exhumación de las víctimas 31.1.2007 Foto: Archivo de la Une

 Luis Enrique Ortiz Perea

 Proveniente de la provincia de Chachapoyas, vino a Lima para postular a la UNE en 1988. De 21 años en 1992. Era el mayor de cinco hermanos. Media 1.70mts. De contextura delgada y cabello castaño. De carácter alegre y deportista. Hasta 1990 trabajo en un billar en Salamanca, pero como el dinero no le alcanzaba para cubrir los gastos de un cuarto que alquiló en Chosica, consiguió un espacio en el internado de la Universidad.

 Armando Amaro Cóndor

Nació en Lima el 2 de diciembre en 1966. Provenía de familia provinciana. Su padre Hilario Amaro, cusqueño y su madre Raída Cóndor Sáenz de Junín. Era el mayor de 7 hermanos. Media 1.75mts. No pudo alcanzar la aspiración de pertenecer a la Escuela Técnica del Ejército. Pero si cumplió con el servicio militar. En 1989 ingreso a la UNE a la facultad de tecnología especialidad de electrónica. Le gustaba tocar la zampoña y la quena.

Robert Teodoro Espinoza 

Nació en Huari el 7 de junio de 1968. Lo conocían como “el ruso”, por su tez blanca y su apariencia fornida, era de talla mediana y se caracterizaba por ser alegre y juguetón con sus amigos. Estudiaba en la facultad de Ciencias Naturales y Matemáticas. Debido a la distancia de Comas a Chosica, decidió mudarse a la residencia universitaria a comienzos de 1990. En 1991 se convirtió en el delgado de los internos, junto a Marcelino Rosales y Felipe Flores.

Recorrido por toda la Universidad Nacional de Educación de alguno de los cuerpo encontrados. Foto: Archivo de la UNE
Recorrido por toda la Universidad Nacional de Educación de algunos de los cuerpos encontrados. Foto: Archivo de la UNE

Heráclides Pablo Meza 

En 1992 tenía 28 años. Ingresó a la facultad de ciencias naturales y matemática en la especialidad de física  de la UNE en 1990. Provenía de familia provinciana humilde, le gustaba tocar la zampoña y disfrutaba de la música andina.

Felipe Flores Chipana:

Nació en Ihuayllo, Apurímac el 12 de mayo de 1967.Ingresó en 1988 a la facultad de tecnología de la UNE, estudiaba la especialidad de electrónica. También reparaba equipos electrónicos. Tenía mucho gusto por música andina. Se cuenta que era tímido y serio.

Marcelino Rosales 

Nació el 30 de octubre de 1963 en el hospital Obrero de La Victoria. Sus padres Federico Rosales y Demesia Cárdenas. Era de condición humilde. Curso estudios en el colegio de Aplicación La Cantuta. Estudiaba en la facultad de Humanidades y Artes, especialidad de literatura. Tenía pasión por escribir temas sociales a través de cuentos y poemas.

Juan Mariños Figueroa

Nació en Magdalena del Mar el 20 de marzo en 1963. Media 1.65mts. Realizó su servicio militar e ingreso a la UNE en 1988 a la facultad de tecnología, electromecánica. Dominaba el Kung-fu, disciplina que llegaría a enseñar en una academia instalada debajo del comedor universitario. Todos lo conocían como el estudiante ordenado y pulcro.

 

 

Foto: Archivo de la UNE
Foto: Archivo de la UNE

 

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