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Javier Diez Canseco en el Congreso (Foto: La República)
Javier Diez Canseco en el Congreso (Foto: La República)

Por Javier Contreras Martínez / @javiperiodismo

En el Perú hablar de políticos honestos y de hombres valientes fieles a sus principios es hablar de un grupo que podríamos contar con las manos (tal vez con una sola), en este selecto padrón está inscrito, sin duda Javier Diez Canseco Cisneros, 6 veces congresista y fundador del Partido Socialista Peruano.

Eran las 10:23 p.m. del sábado 4 de mayo del 2013, cuando vía redes sociales todo el Perú se enteró de la partida de este excepcional político peruano, y desde aquel momento inició una ola de agradecimientos de todos los peruanos para este político, que supo hacerse pobre para entender a los pobres, a quienes años después representó en su curul del congreso, desde donde peleó por un Perú mejor, por un país realmente inclusivo.

Diversas personalidades llegaron a dar el último adios a Javier Diez Canseco / Foto: Diario16
Diversas personalidades llegaron a dar el último adios a Javier Diez Canseco / Foto: Diario16

Los días siguientes vimos como cientos y miles de personas llegaron a la Casona de San Marcos a despedirse del «hombre justo», sus compañeros de la izquierda hacían guardia junto al féretro y gritaban «¡Cuando un revolucionario muere, nunca muere!», entre otras arengas, políticos, congresistas y gente de a pié, todos querían despedirse de Javier y acompañarlo hasta su última morada, pues sus familiares eligieron cremarlo, pero hasta allí llegó el cariño.

Ha pasado un año desde aquella manifestación de agradecimiento, 1 año tan rápido y no podemos dejar pasar la fecha sin recordar a este ilustre personaje de nuestra historia, compartimos el sentimiento de muchos que lo conocieron y compañeros, pero aquí hay un homenaje preparado por muchos compañeros, amigos y quienes lo conocieron de cerca en algún momento. Todos en honor al gran Javier Diez Canseo, aquí sus declaraciones.

Abraham Valencia, militante del Partido Socialista y amigo de JDC

Un año ya. Un año desde que partió. Aun es difícil de creer. Aun es difícil dejar de pensar en cuanta falta nos sigue haciendo. Se fue entre un mar de gente, se fue sabiendo que el Poder Judicial había reivindicado su nombre a pesar del intento del fujimorismo y la ordenes de la presidenta de manchar su honor con una acusación falsa en medio de un proceso plagado de sed de venganza. Se fue pero aun seguimos su ejemplo de lucha y reivindicación, su ejemplo de honestidad y consecuencia, su ejemplo de cómo hacer política en un momento en que la gente ya no puede o no quiere confiar en los políticos y políticas. Pero yo no extraño solo al político, yo extraño al Javier amigo, ese que quizá no tanta gente conoció pero que pocos meses antes de saberse que él mismo estaba enfermo iba a ver al amigo con cáncer todos los días cuando aquel estaba internado en una clínica, ese que en su casa te invitaba a almorzar y te obligaba a permanecer sentado porque él era quien tenía que servirte la comida, ese amigo que a veces podía bromear y molestarte como lo puede hacer cualquiera. Ese era Javier el político, el amigo, el abuelo, el padre, el esposo, el luchador, el trabajador, el dirigente. Ese es el Javier cuyo ejemplo debemos seguir, una persona incansable en la lucha por derechos, una persona intachable en sus acciones.

Wilfredo Ardito, abogado y activista de DD HH

«Lo recuerdo en los años ochenta, durante la época más cruenta de nuestra historia, Diez Canseco defendía a los campesinos ayacuchanos cuya vida valía muy poco. Como congresista, llegó a acompañar a las mujeres violadas por los policías al Ministerio del Interior, conociendo directamente el cinismo del régimen belaundista. Para impulsar la labor de la sociedad civil, Diez Canseco estuvo entre los fundadores de APRODEH, una de las más importantes ONGs de derechos humanos. Diez Canseco intervino ante los crímenes más sangrientos del régimen de García, como la masacre de Accomarca y la matanza de los penales. Enfrentó luego los crímenes y la corrupción del gobierno de Fujimori. El año pasado, ante los crímenes que el gobierno de Humala cometió contra los campesinos de Cajamarca y Espinar, Diez Canseco junto con Rosa Mavila, Verónika Mendoza y otros congresistas, se retiró de la bancada nacionalista y eso algunos no se lo perdonaron. Muchas personas que no eran de izquierda también admiraban a Diez Canseco por su firmeza y valentía, especialmente en comparación con otros políticos. Eso sí, a mí me parece injusta la generalización de que todos los políticos son corruptos y creo que Diez Canseco ayudaba mas bien a pensar que se podía ser coherente desde la política.»

Gisela Ortiz, activista de DDHH

Querido compañero Javier Diez Canseco: Las circunstancias injustas de la vida, hace que el día de hoy nos reunamos aquí amigos, colegas, compañeros, familiares para expresarle a Usted lo que debimos hacer desde siempre: nuestro cariño y respeto por su vida misma. Aunque nuestra memoria nos remonta a 1980 y sus apariciones en los medios de comunicación, levantando la voz, investigando crímenes, hablando claro, caminando adelante en alguna marcha en defensa de los derechos de todos y todas, señalando responsables de crímenes que muchos callaban, ocultaban o los escondían bajo las alfombras del poder para negar su existencia o silenciados por la complicidad. Fue hasta 1993 que lo conocimos personalmente, cuando una tragedia, de esas que Usted siempre denunciaba, llegó a nuestras vidas y enlutó a nuestras familias. Lo conocimos y podemos dar fe de su compromiso en defensa de la vida, en defensa de nuestro derecho a la justicia. Lo conocimos y con usted, la solidaridad puesta de manifiesto para acompañar, para representar, para marchar y la valentía para no callar. Así aprendimos. Mucho de lo que nosotros logramos en esta lucha contra la impunidad es también un logro suyo. Hoy en este reto que la vida dispone, no podemos dejar de devolverle esa solidaridad que Usted nos enseñó y decirle, que aquí estamos si nos necesita para compartir nuestra fuerza. Que aquí estamos para devolverle el cariño, que aquí estamos para que JUNTOS venzamos otra vez, como muchas veces. Sabemos que Usted hará frente a esta enfermedad con la valentía de siempre y que no parará hasta vencerla. Hasta vernos siempre. Un abrazo Familiares caso la Cantuta.

 

Marisa Glave, exregidora de Lima

Probablemente sea su voz, el tono, la carga que traía, lo que más extraño de Javier.

Desde la primera vez que lo escuché en directo en la universidad, a fines de los 90, su voz era una señal, una alerta. Cuando la alzaba, sabías que era para algo importante, por algo que debía despertar indignación, compromiso.

Ahora que escucho aquel discurso que dio en su ultimo día en el congreso, cuando dijo «aquí no hay un pesetero, sino un hombre de principios», el sonido de su voz sigue causando el mismo efecto.

Su ausencia no se llena. Su voz aún no se reemplaza. Me falta. Nos falta. El Perú sigue doliendo y faltan personas que como él alcen la voz e incomoden.

Francisco Pérez, editor general Spacio Libre

«Recordar a Javier Diez Canseco es simplemente unir su nombre a la palabra consecuencia, término tan manoseado y ofendido en la política peruana. Desde su posición en defensa de los derechos humanos, su lucha contra la corrupción, hasta la promoción de los sectores menos favorecidos, como la comunidad LGTB y las personas con discapacidad.

Incluso, lo que muchos consideramos sus errores lo hacen ser consecuente: defender el socialismo cubano, como si fuera una ideología de vida lo hicieron ser quien fue. Un político que defendía sus ideas, sin ofender, sin humillar y sin sentirse superior al otro. Lo conocí como parte de la carrera, el como entrevistado, yo en mi rol de periodista, jamás fue impuntual jamás dejó un tema en el aire. Era como si de pronto supiera hablar de todo lo que se le preguntaba. Su ctono calmado en los inicios de las entrevistas iba subiendo de nivel cuando uno de los temas era sobre algo que lo indignaba, por lo general con las palabras, «Fujimori» «García «Corrupción» «Amenaza» de por medio. Así era DIez Canseco, enraizado en sus principios y apasionado de lo que creía. Ni siquiera la acusación injusta ni la traición del nacionalismo en la última etapa de su vida lo amilanaron en su intención de defender lo que creía. Hoy en medio de congresistas que le ponen nombre al cielo o defienden a mineros ilegales, se lsiente cuanta falta hace. Hasta la victoria siempre, camarada

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