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ANFASEP, 30 años de lucha de verdad y justicia / Foto: EPAF
ANFASEP, 30 años de lucha de verdad y justicia / Foto: EPAF

 

Por Jorge Weston / @jorgemweston

30 años ya han pasado desde que un grupo de mujeres ayacuchanas unieron fuerzas, tras perder a sus familiares en los primeros años de Conflicto Armado Interno (CAI), para crear la Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos del Perú (ANFASEP), y, de esta manera, buscar a sus hijos, padres y esposos desaparecidos. El 2 de septiembre de 1983 empezó la búsqueda, y ésta sigue en pie hasta hoy; las madres van perdiendo fuerza cada día pero la esperanza –en sus corazones- sigue enardeciente, como una eterna flama, calentando sus almas en su inalcanzable camino hacia la paz. Paz de justicia, que no se asoma.

Más del 70% de las víctimas del CAI fueron varones de 20 a 45-50 años, comerciantes, jefes de familia, el sostén de madres y niños. Las mujeres, en su mayoría, quechua hablantes y campesinas, fueron excluidas y dejadas a la deriva junto a sus hijos pequeños. Ellas tomaron la iniciativa de buscar a sus familiares en la plaza mayor, en la puerta de la fiscalía, comisaría e iglesia, bases militares, etc, así se formó un pequeño grupo de mujeres, así nació ANFASEP, en un camino, en un túnel sin una luz al final, hasta el momento.

Angélica Mendoza Almeida de Ascarza, mejor conocida como ‘mamá Angelica’, tiene más de ochenta años y fue una  de las fundadoras de ANFASEP, junto a otras madres con un mismo objetivo que el de ella.  Perdió a su hijo una noche, se lo llevaron las Fuerzas Armadas al cuartel  Los Cabitos, en Ayacucho y nunca regresó, nunca apareció. La angustia que afligió su alma es, aún, tan grande como las ansías de justicia encomendadas por el dolor de perder a su ser querido por la violencia que cubrió al Perú y, principalmente, Ayacucho, en un manto oscuro de terror e insensibilidad en la época de los 80.

Sin embargo, madres como ‘mámá Angelica’ se juntaron y caminan, hasta hoy, agarradas de la mano con una mirada mustia, una fricción en la voz y un tiriteo en la garganta, en marcha de un solo grito: Justicia (por sus hijos, por los desaparecidos).

 

Mujeres fundadoras y miembros de ANFASEP en el local de su institución / Foto:  fronterad
Mujeres fundadoras y miembros de ANFASEP en el local de su institución / Foto: fronterad

ANFASEP es reconocida internacionalmente por ser una de las primeras organizaciones que se levantó contra el CAI y lucha por el respeto a los Derechos Humanos. Es gracias a ANFASEP que, más adelante, otras organizaciones fueron creadas para exigir verdad y dar cara por las víctimas.

Estás madres ahora caminan lento, sus pasos se vuelven más suaves que una brisa de verano, y sus pisadas son huellas del dolor de una perdida. Algunas ya no están aquí. Los años no pasan en vano y menos para mujeres luchadoras, madres con un corazón enorme, personas que nunca debieron pasar por esto, sin embargo sucedió. Y en el país se ha mostrado más interés a noticias, casos, hechos, de fondo amarillo que a las miles lágrimas que hacen memoria tras años y años de búsqueda.

Hace unas horas, revisando el twitter, llegué a la página del Ministerio de Justicia, el cuál publicó el 28 de agosto, el jueves en que cumplió diez años del Informe Final de la Comisión de Verdad y Reconciliación, una nota que dice que se está preparando “un proyecto de ley para establecer una política de búsqueda de personas desaparecidas durante la violencia vivida en los años 1980- 2000”.  Yo pienso lo mismo que el antropólogo del EPAF, José Pablo Baraybar, recordando las acciones anteriores del Estado a favor de las víctimas o familiares: “Si se hace a espaldas de la Sociedad Civil, será un desastre más”. Lo más lamentable de este asunto es que los perjudicados no son ellos, ni nosotros, sino los familiares, las personas que han sufrido pérdidas irreparables, a las mujeres, a las madres… de ANFASEP.

 

«La más bella palabra en labios de una persona es la palabra ‘madre’, y la llamada más dulce, ‘madre mía’ » (Khalil Gibran).

 

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