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Foto: Internet


Por: Jack Hurtado

Ya sea en México, ya sea en Brasil, en Filipinas o Líbano. Están matando periodistas, los están matando por hacer su trabajo. Los están matando por informar. Cuando la profesión se convierte en desgracia, aquí o allá. Se siente, y se siente mucho. Libertad de expresión baleada, acribillada y asesinada. Basta ya. Déjennos en la libertad de opinar e informar lo que sea necesario. Que esto no se convierta en una rutina de la opresión.

Esta semana que se va, se lleva también las vidas de dos periodistas: Décio Sá, reportero y bloguero brasileño; y Regina Martínez, periodista mexicana. El año pasado al menos 106 periodistas fueron eliminados por informar hechos de corrupción o narcotráfico; por desentrañar actos que tenían que ser públicos. Esa es su labor, esa fue su labor. Murieron por ser periodistas.

Sería una mentira afirmar que al periodismo se entra para ganar dinero. De hecho es una de las profesiones peor pagadas del mundo; una de las más estresantes, y una de las más peligrosas. Con todo lo dicho, entonces… ¿por qué se estudia periodismo? Los que amamos esta carrera, sabemos que lo hacemos por pasión. Esa pasión a informar, a buscar entre la basura y sacar lo que otros han escondido, o mandado a mismos colegas a esconder. No entramos para ser millonarios, pero tampoco entramos para morir. No morir por ser periodistas.

Si en apenas una semana nos indigna los casos de dos comunicadores asesinados. ¿Qué esperamos de las siguientes semanas? ¿Seguirán muriendo más? ¿Qué seguridad podemos pedir si hasta las empresas aseguradoras se niegan a vender pólizas de seguro de vida a periodistas? ¿Se imaginan eso? Hasta dichas empresas saben de la peligrosidad de la profesión, y no se atreven a entrar a ese negocio.

¿Qué esperamos si gran parte de gobiernos del mundo están en contra de estos personajes: los periodistas? ¿Para qué proteger al que siempre te estará vigilando para que no desvíes el camino o empieces a hacer cosas turbias? ¿Para qué? Hace tiempo escribí sobre lo fácil y barato que cuesta eliminar personas en el Perú, y de hecho en otras partes del mundo. Esto sumado al narcotráfico, y corrupción, hacen la combinación perfecta para oprimir la libertad de expresión, para asesinar periodistas, e infringir miedo a los demás. Muchos ya se han retirado, han huido o se han autocensurado para no morir. Para no morir por ser periodistas.

Se necesitan leyes más rígidas a los crímenes contra comunicadores, que murieron solo por hacer su trabajo. Se necesita protección de otras entidades, de las mismas aseguradoras, de instituciones policiales y una salvaguardia del mismo medio de comunicación. No esperemos que más Décios o Reginas sean asesinados en Brasil, en México; aquí, o allá. Que no mueran por ser periodistas. Nos leemos más tarde.

 

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