OPINIÓN: NO QUEREMOS MÁS “ACHORADAS”

Por: Yorka Gamarra Boluarte – Periodista / colaboradora de Spacio Libre

En los ‘90 durante la dictadura de Fujimori y Montesinos, se incrementa notoriamente la actividad política protagónica de las mujeres. Este fenómeno, se desarrolló en medio de un país azotado por la violencia terrorista y también oficial, con un macartismo tremendo, que tenía arrinconadas a las organizaciones sociales y partidarias opositoras al régimen, las que además estaban fuertemente impactadas por la caída del socialismo realmente existente y el triunfo ideológico mundial de neoliberalismo.

No había ideas (ideología) en tanto el lenguaje fuera más directo y simple, era mejor. La aparición de las mujeres alrededor del entonces Presidente de la República, lo blindaba contra cualquiera, porque con la lengua bien afilada y la poca vergüenza lanzaban improperios a quien se atrevía a “agraviar” a su mentor.

No tuvo que pasar mucho tiempo para que nos diéramos cuenta qué papel jugaban las mujeres del grupo fujimorista. El sociólogo Oswaldo Medina, califica a este nuevo tipo de mujer como “la achorada”. Las achoradas eran obviamente las llamadas “Marthas” y todas las demás (gueishas) incluyendo sus herederas, que eran y son el soporte mediático de Fujimori, en la política y también en la farándula.

PLAN D´ESCAPE Violencia política: «No me pasó a mí: No me importa»

Por: Francisco Pérez García

Estuve ayer en una jornada con periodistas, realizada por el Centro Internacional por la Justicia Transicional (ICTJ por sus siglas en inglés), dialogando sobre los procesos de reparaciones, la preservación de la memoria ciudadana y el informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) siete años después de su presentación y en verdad me sirvió para poner en orden algunas ideas y reflexionar que falta en nuestro país para que el tema de derechos humanos, la búsqueda de la verdad y la eterna reconciliación o al menos reconstrucción como país, se lleve a cabo.

Hablamos de muchas cosas, conversamos sobre la realidad de nuestro país luego de la presentación del Informe, y sobre todo, lo que somos, hacemos y aceptamos como realidad de lo que fue y lo que dejó la violencia política que desangró nuestra tierra y a nuestra gente entre los años 1980 al 2000.

Y justo ahí radica la importancia de cómo los peruanos y peruanas aceptamos o no las conclusiones del Informe Final, pero más allá de eso, como deberíamos volver a observarnos como Nación, como país y como PERUANOS luego de estos hechos.