Minas, ganancias a cualquier precio e irresponsabilidad

Por: Ramón Lobo (Tomado del diario El País)

La alegría del rescate de los mineros no entierra las causas por las que 33 hombres han pasado 68 días bajo tierra con gran riesgo de sus vidas. Los dueños del mina San José, Alejandro Bohn y Marcelo Kemeny, deberían afrontar algo más que una comparecencia parlamentaria en la que pidieron perdón por el derrumbe y la congelación de los bienes de la empresa San Esteban para hacer frente a indemnizaciones.

Las condiciones de inseguridad eran flagrantes, conocidas y reiteradas. Los incumplimientos y las trampas lindan en lo delictivo. La empresa San Esteban, especializada en la extracción de oro y cobre, respondió al embargo de bienes con la presentación de una petición de quiebra. Un juzgado decidirá. El ministro de Interior, Rodrigo Hinzpeter, ha solicitado la intervención del Consejo de Defensa del Estado para recuperar lo gastado. Solo la operación de salvamento costará 7,1 millones de euros.

Bohn y Kemeny han estado un mes desaparecidos, no se han presentado en la mina accidentada, tardaron cinco horas en dar aviso tras el accidente y retrasaron la entrega de mapas y otros documentos a los geólogos y expertos en el rescate por temor a que estos dejaran al descubierto las carencias de seguridad.

PLAN D´ESCAPE. El Gran Show o El Gran Chongo de la política peruana

Por: Francisco Pérez García

Gonzalo Alegría, candidato a la alcaldía de Lima por Acción Popular, le dijo a Rosa María Palacios en una de sus últimas entrevistas previas al cierre de campaña que «he obtenido más resultados haciendo cosas absurdas como ponerme un pijama rojo o disfrazarme del Increíble Hulk (…) mi preparación política en Europa y mis propuestas técnicas, aquí no funcionan».

Duro, pero cierto. Uno hace un recuento rápido sin pensarlo mucho y se da cuenta que las mejores fórmulas que funcionaron en el pasado para obtener votos fueron los hechos anecdóticos o la autoridiculización llevada a su máximo esplendor. Para muestra algunos botones: el 13 en la nalga de Susy Díaz, el tractorcito de Fujimori, el paseo a caballo de Federico Salas, el «pobrecitos los viejitos» de Barrón, la escobita y la imitación de Carlos Alvarez a Fernando Olivera, entre otros.

Y en estas elecciones municipales, que aún no se van (por obra y gracia de los entes electorales), no ha sido la excepción. A la consabida autoconfesión de Alegría, se suman el «helicóptero» de Alex Gonzales, que le permitió algunas primeras planas y un porcentaje nadita despreciable, el «huevo móvil» y el «súper huevo» de Fernán Altuve y en provincias el loretano besucón, el «Còndorman» cusqueño, volviendo a Lima, el duchazo con ropa de Morey, entre otros.

Es decir, la política llevada al ridículo, a la huachafería y apelando al sentido poco crítico de los electores o creyendo que están al frente de débiles mentales que no responden a otra cosa más que a lo sensorial, al placer culposo del reirse de la ridiculez del otro, al extraño defecto de «votar por el más chistosito».

PLAN D´ESCAPE. Debatiendo con el verduguillo

Foto: Diario de IQT
Por: Francisco Pérez García

Cuando un debate final, que se supone debe estar plagado de propuestas e intenciones, termina convirtiéndose, al menos de un lado, en un espacio para el golpe bajo, la puya y el chaveteo paporretero, simplemente te determinan que en tu cabecita ya tienes recontra confirmado por quien votar.

Y es que lo cierto, que muchas veces los polìticos confunden los espacios y confunden los debates e intercambio de ideas con el zapatazo por la cabeza y la zancadilla pelotera. Ocurrió en el 90 entre Vargas Llosa y Fujimori, sucedió entre Andrade y Castañeda, pasó entre Alan y Toledo y recontra pasó entre Alan y Humala (tremendas joyitas los dos). Y pasó, pasó y pasó en los últimos debates municipales, donde Altuve «desenmascaró» a un «terrorista» y bla bla bla.

Algunos dirán, «pero eso le gusta a la gente pe`». Sí pues, eso le gusta y también no le gusta. Porque lamentablemente, la política se ha convertido hace muchos años en eso, en el oficio de meter tanto verduguillo como sea posible. Y ese oficio no sólo es de los políticos sino que cuenta con un (nada) envidiable reparto de actores invitados que generan más desazón y oscurantismo a una carrera de por sí lamentable. Personajes de un lado y de otro que lo único que hacen es ensombrecer la polìtica. Pero dejemos eso para otro día.

Aquí lo que nos convoca, es el debate en Villa El Salvador. Confieso que esperaba un intercambio de golpes, pero no fue así. Villarán empezó, digamos que moderada, hablando de «Buen Gobierno» y se mostró interesante la frasecita de «que las escaleras sirvan para que la gente baje pero también que los servicios suban a esos lugares», es decir acercar el Estado (en este caso a través del gobierno municipal) a la gente.