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El presidente de Elegir – Asociación de Defensa del Consumidor, y uno de los conductores de Nación Combi, Carlos Zúñiga publica la primera parte de lo que ha denominado «Una tragicomedia en cuatro actos», respecto a la promulgación del reglamento de la Ley de Alimentación Saludable.

Pura Vida, la leche que desató todo / Foto: La República

Por: Carlos Zúñiga
@kno_z

El que se hiciera pública a inicios de junio la resolución panameña que impidiera el ingreso de la mezcla Pura Vida por no ser lo que su etiqueta rezaba, es decir leche, fue el detonante del debate público acerca de diversos asuntos relacionados al etiquetado, la veracidad, e incluso de salud y seguridad alimentaria. El abordaje de ninguno de estos temas es negativo per se –en realidad son temas tan urgentes como postergados- pero si a estos le sumamos la vena populista de algunos legisladores devenidos en autodenominados “defensores del consumidor”, y del corte anticientífico de otros tantos defensores registrados ante INDECOPI, tenemos la receta perfecta para una tragicomedia en la que somos nosotros quienes salimos perdiendo.

Esta reseñar pretende reseñar brevemente los dos primeros actos:

Primer Acto

Ampay panameño

En el país caribeño tienen un análogo a la Norma Técnica Peruana (NTP) que dice que, a la hora de etiquetar lácteos, hay que guiarse de los nombres sugeridos por elCodex Alimentarius, la máxima autoridad en estándares alimentarios a cargo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura). La diferencia clave fue que ellos sí cumplieron su normativa cuando Gloria intentó vender como leche su mezcla de leche descremada evaporada y grasa vegetal. En Perú, por otra parte, la Dirección General de Salud Ambiental e Inocuidad Alimentaria (DIGESA) le permitió a la Empresa modificar su registro para vender Pura Vida en una categoría que no le correspondía, engañando a todos los consumidores que la tomaban por una “Leche más barata”.

Nuestra asociación salió a los puntos de venta a hacer una revisión de etiquetado en otras marcas participantes del rubro “evaporados”. Allí encontramos que Pura Vida era solo una de varias marcas con etiquetado engañoso fabricadas por diversas empresas, información que hicimos pública. Otras Asociaciones de Consumidores hicieron lo propio complementando la información, incluso llegando a iniciar procesos contra algunas de ellas (lamentablemente no contra todas).

Pero, al sucumbir ante el efectismo de la batalla contra una famosa empresa en falta (Gloria) se perdió el enfoque de abordar el problema en su totalidad para enfrentar en su real dimensión esta práctica sistemática en diversos actores con presencia en el mercado. Perdimos la oportunidad de generar cambios como la reglamentación de las NNTTPP, mejorar la fiscalización y revisar la constitución de nuestro ente protector (INDECOPI) e impulsar estándares de etiquetado y prohibición de prácticas engañosas específicas. Algunos obtienen exposición mediática, pero en el proceso perdimos cambios sustanciales para todos los consumidores.

Etiquetado «semáforo» que se considera «imitable» para nuestro país / Foto: Ministerio de Salud de Chile

Segundo Acto

El aditivo del diablo

Si el acto anterior terminó en una oportunidad perdida de mejorar la información para los consumidores, este empezó empeorando su situación aún más. Perú es un país con una economía en crecimiento pero mucha desigualdad. Familias enteras obtienen micronutrientes críticos para sus niños y niñas en productos que puedan pagar, como por ejemplo la leche evaporada, o mezclas lácteas alternativas que sirven también de buenos vehículos nutricionales.

Pero ciertos grupos bajo la bandera de la defensa del consumidor creyeron irresponsablemente que podían elevar el nivel de la controversia aduciendo que el problema de etiquetado no era solo de etiquetado, sino que la categoría en general utilizaba como aditivo un cancerígeno llamado carragenina, convirtiendo un asunto de información engañosa en una supuesta emergencia de salud pública. Congresistas hicieron eco de esta denuncia en una mesa de trabajo ya enfocada solo en Gloria en vez de en el problema de etiquetado, hablando de la responsabilidad sobre las posibles muertes que el consumo de leche evaporada causaría en los niños.

La carragenina es un espesante –la alternativa vegetariana a la gelatina normal- obtenida de un tipo de algas. Así como con otros ingredientes, tras siglos de uso fue sometida a diversas pruebas para comprobar su inocuidad. Unos primeros estudios en ratones, hace más de 10 años, arrojaron que el ingrediente podría causar inflamaciones, úlceras y tumores, por lo que recomendaron que se evite, sobre todo en alimentos para infantes. Años más tarde, tras descubrir que los estómagos de los ratones no se comportaban de la misma manera que el de los niños, se iniciaron nuevos estudios en otros animales. Los nuevos resultados, recogidos luego por la Organización Mundial de la Salud, comprobaron que en humanos no existe ese riesgo y que su consumo en cantidades seguras (mucho más altas que el promedio acumulado de ingesta) es inocuo incluso para bebés.

Pese a la presentación de esta documentación, e incluso frente a una columna escrita por un médico referente de estos mismos grupos explicando la información actualizada sobre la inocuidad de dicho aditivo, estos representantes siguieron y siguen atemorizando a los consumidores. Decirle a una familia que deje de tomar leche evaporada o mezclas lácteas “porque dan cáncer”, cuando esta familia tiene suficiente dinero, significa que pueden reemplazar la leche por alternativas nutricionales y asunto solucionado. Pero este no es el caso con la mayoría de grupos familiares que no tienen la capacidad económica para hacer variaciones en su canasta básica –justo el grueso de consumidores de evaporadas-. Para ellas, esto significa arrinconarla entre el terror y la desnutrición, exacerbando este problema que es uno de los males alimentarios más prevalentes en el país.

Desinformar así es peor para los consumidores que cualquier etiqueta engañosa.

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