
Por: Laura Arroyo Gárate / @menoscanas
“Si de diez luchas sólo ganamos una, valió la pena luchar las diez.” (Mamá)
Nunca entenderé lo que significa salir del clóset. Nunca comprenderé la magnitud de valentía que hace falta para decirle al mundo tu orientación sexual en un país donde de eso depende cómo serás juzgado. Nunca entenderé los temores que te asaltan en el momento en que por primera vez te sientes atraído hacia alguien de tu mismo sexo contra esa supuesta “normalidad” (absurda) que te venden en los medios, las calles y muchas veces en casa. Nunca entenderé el temblor cuando te atreves a decirle a quienes más quieres en el mundo que eres gay o lesbiana jugándote, lamentablemente, la posibilidad de que el amor que te brindan no vuelva a ser el mismo. Nunca entenderé cómo es mirarse al espejo en las mañanas y sufrir en la calle por ese reflejo auténtico y honesto de quien realmente eres.
Pero no entenderlo no me hace lejana a esta injusticia.
Como mujer, he sido víctima de muchos casos de discriminación. Se me han hecho más difíciles algunas cosas. He luchado contra ese “Laurita” que han usado muchos hombres para minimizar mi opinión en diversos espacios. He sido juzgada con parámetros machistas y, aún en este siglo, he sido calificada de manera peyorativa por ejercer mis libertades, porque, por ser mujer en el Perú, muchas veces no tengo las mismas libertades que ellos. Es más, en este país mi cuerpo no termina de ser mío pues el Estado también decide sobre él pese a que no le corresponde.
Soy consciente, sin embargo, de que mis esfuerzos son menores que aquellos que realiza una mujer lesbiana. Del mismo modo, un hombre gay en una sociedad que endiosa la figura del “macho” en comerciales de cerveza, en el acoso callejero, en las escuelas que imponen el modelo heteronormativo, tiene difícil presentarse entre sus pares y ser tratado con igualdad. Ni que decir de los transgénero que, en algunos casos, no pueden ejercer su derecho al voto pues el DNI no corresponde con su figura, como si la elección de ser cómo quieres ser te pudiera restar derechos ciudadanos. O, el caso de los bisexuales de quienes muchas veces se dice que están “confundidos” y que son los más infieles y promiscuos. ¡Cómo cuesta entender que se trata de personas que aman por encima del género!
Ayer, se celebró el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia y con motivo de este día, Promsex y la Red TLGB presentaron el Informe Anual de derechos LGTBI 2013-2014 que tengo a la mano y que espero se convierta en un material de consulta, guía y herramienta de discurso a la hora de defender estos derechos humanos. Las cifras siguen siendo de terror. Entre enero del 2013 y marzo del 2014 diecisiete personas fueron asesinadas por ser lesbianas, gays, transexuales o bisexuales. El nombre de este delito es “crímenes de odio” y me recuerda el lamentable episodio en que nuestro Congreso no tuvo la decencia de agravar penas para estos delitos.
A ello sumemos los dos casos de jóvenes que se suicidaron luego del rechazo de sus familiares frente a su orientación sexual. ¿Se imaginan el dolor y desesperación que significa que tu familia, con quienes convives, te dé la espalda y, en ciertos casos, te agredan sólo por atreverte a ser quien eres? Si a ello sumamos el rechazo que tienen en el colegio por parte de las autoridades o, peor aún, el bullying homofóbico del que son víctimas en las aulas de clase y en redes sociales (cyberbullying), no podemos hablar de un mínimo de calidad de vida.
Por eso, la exposición abierta que ha hecho el día de hoy el congresista Carlos Bruce me parece valiente y merece aplausos. Por ahí han comentado que no tiene nada de valiente porque “ya se sabía”. Quienes afirman esto no entienden el problema. Decidir decir abiertamente tu orientación sexual en un país como el Perú es un acto valiente, casi suicida para un político, e influyente para miles que no terminan de convencerse de salir del clóset. El Perú hoy tiene a su primer congresista abiertamente gay y esto es histórico.
Estoy segura de que esa valentía será retribuida, espero que con la aprobación de ese primer paso que es la Unión Civil, pero sobre todo con la posibilidad de que más peruanxs puedan hoy mirarse al espejo, amar su reflejo y atreverse a ser totalmente sinceros tanto dentro como fuera de casa. Porque muchas veces la discriminación duerme al lado de tu cuarto, pero asumirte con libertad es también un acto de pedagogía. Hoy se dio un micro pasito, pero puede ser el inicio de brincos agigantados que permitan que en un futuro no tan lejano decir “soy gay” no sea motivo de una portada, ni de discriminación y que un beso lésbico no sea motivo de un grito enmudecido en la sala de un cine. Confío en que viviré para contarla, pero mientras tanto me destrozaré las palmas aplaudiendo actos como el de Bruce, o la valentía de Pilar Fachín quien fue brutalmente agredida por ser lesbiana cuando el hermano de su pareja le realizó 7 cortes con un machete en el rostro, pero que no sólo denunció su caso sino que junto con su pareja y su hijo siguen en la lucha (imposible atragantarse las lágrimas de emoción cuando recibió el reconocimiento especial de Promsex y la Red TLGB el viernes que pasó).
Porque mirarse al espejo es un acto de libertad, pero la libertad es a veces un acto revolucionario. Nos toca hoy, entonces, ser parte de esta revolución.
#UniónCivilYA
