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El pasado 13 de noviembre se estrenó el film, «Wretches & Jabberers»: dos hombres considerados «autistas severos» aprenden a comunicarse en la adultez utilizando recursos electronales. El estreno de esta cinta es el motivo para que nuestro columnista Ernesto Reaño vuelva al ruedo.

Afiche de la cinta Wretches & Jaberers
Afiche de la cinta Wretches & Jaberers

Por: Ernesto Reaño
@reagno

En el film vemos a Tracy Thresher (42 años) y a Larry Bissonnette (52 años) quienes fuesen “retardados mentales” (entre tantos diagnósticos más el rótulo de “severidad” del autismo, con lo que ello pueda significar), sometidos a la exclusión y al designio de las instituciones psiquiátricas, viajando alrededor del mundo para sostener con una “nueva” voz las competencias antaño silenciadas a las personas neurodiversas. Desafían, la noción de lo «no verbal» y de lo «severo» en el autismo. Se les da una forma de traducir sus emociones en nuestro mundo. «Debe haber muchas personas autistas que, como yo hasta ahora, tienen mundos interiores pero no los medios para expresarlos», señala uno de los protagonistas del film.

La teoría de la Electronalidad, creada por los lingüistas y semiólogos Eduardo Zapata y Juan Biondi (cuyo trabajo inicial data de 1989), muestra que el mundo ha pasado por tres sistemas culturales acorde cada uno a los parámetros propios de la tecnología usada: la oralidad, la escribalidad y la electronalidad. El aporte central de esta teoría es la descripción de los llamados “vectores de producción de sentido”: la tecnología implicada en cada sistema hace que nuestra mente represente y conceptualice el mundo de acuerdo con tres vectores que explican el sentido que imprimimos a la “realidad”.

Por ejemplo, la etapa escribal, previa a nuestro mundo electronal, supone los siguientes vectores:

a) Ello objetivado: las representaciones del mundo, al ser traducidas y depositadas en la escritura, tienden a objetivar la realidad, subjetiva en el mundo oral. Los libros contienen LA palabra, LA verdad y es esta la que se impone a los sujetos como molde.

b) Privilegio de las asociaciones metafóricas: bajo el esquema de la semejanza. La imprenta permite la fabricación de los primeros objetos en serie: libros tal como los conocemos. Se produce, entonces, la búsqueda de lo homogéneo. Conceptos como “normalidad” (donde lo “anormal” es excluido) son propios del sistema escribal.

c) Lógica subordinante: la primacía de estructuras subordinantes (en el lenguaje y su sintaxis, cuando una oración depende de otra mediante nexos específicos: ‘me gusta que leas novelas’) se revela, también, en el orden dado al mundo por los usuarios: las estructuras arquitectónicas que enfatizan las columnas, las viviendas donde una habitación se entiende por su dependencia con otra).

Larry Bissonnette y Tracy Thresher protagonistas de la cinta / Foto: NY Times
Larry Bissonnette y Tracy Thresher protagonistas de la cinta / Foto: NY Times

La oralidad y la electronalidad comparten otra forma vectorial. De alguna manera, la electronalidad es el retorno a una «oralidad»… renovada. Un rasgo esencial marca esta última: la figura del prosumidor. La tecnología implicada en la electronalidad ha logrado que las personas no sólo consuman discursos sino que los produzcan: el mundo de internet favorece, así, la diversidad. Cualquier usuario puede sostener su perspectiva contra lo absoluto.

Y las personas neurodiversas fluyen allí, nuevamente, ajenas a la “normalidad” dictada por la menguante escribalidad. La “voz electrónica” de Tracy Thresher y Larry Bissonnette llega a nosotros en una dimensión imposible de pensar para el mundo de las grafías, de una forma que, como veremos, no era ajena para con las personas neurodiversas en la oralidad. El fluir del autismo en lo electronal será la línea de nuestros siguientes artículos.

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