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Por: Roberto Bustamante Vento

No sé si es una noticia trascendental para nuestra política. A mi sí me llamó la atención, porque finalmente tengo una afinidad política por la izquierda, por lo que a mi sí me interesa bastante qué pasa con ella. Es sobre la “ruptura o “divorcio” entre los Ciudadanos por el Cambio (CxC o “citizens for the change”, como les llama Juan Acevedo) con el actual gobierno de Ollanta Humala (OH). La tesis principal que fundamenta tal separación con el devenir del gobierno nacionalista es la desviación del presidente, quien comenzó (según ellos) con un programa de izquierda (el famoso Plan para la Gran Transformación o PGT) y terminó o viene avanzando ahora con un plan de derecha. Esta desviación supuestamente se habría dado por un “secuestro” por parte de los famosos poderes fácticos (las grandes empresas, la iglesia católica, los medios de comunicación, etc.); de allí que OH sea hoy un traidor con aquellos que lo llevaron al poder.
Para entender y discutir un poco con estas tesis, me gustaría primero remontarme al año 2010, cuando los CxC saltan a la arena pública. Era el Manifiesto por la Gran Transformación :

“…optar entre profundizar la democracia que recuperamos de la dictadura fujimorista y que los gobiernos posteriormente elegidos han secuestrado a favor de unos pocos, o continuar con la imposición neoliberal, que arrebata el esfuerzo de millones de mujeres y hombres para entregarlo a los grupos trasnacionales y hace imposible un futuro de libertades para todas y todos los peruanos”

En esa encrucijada, aparece “el ciudadano Ollanta Humala Tasso, quien representa los ideales de la gran transformación que nuestra patria requiere y la unidad de las fuerzas que anhelan construir la democracia y la Nación peruanas”. (El énfasis es mío).

¿Cómo así? ¿Qué evidencia política daba OH a los CxC que en efecto el representaba esos ideales de construcción democrática? ¿Tal vez los procesos de democracia interna de su partido?

1. El ciudadano Humala
OH nunca había dado muestras de representar algo que solamente existía en los anhelos de los CxC. En efecto, OH había abierto las puertas a varios ex viejas glorias de la izquierda peruana, y ellos tenían cierta razón para pensar que su última oportunidad para llegar a hacer algo importante estaba detrás del excomandante. Ese fue un riesgo muy grande y los CxC deben reconocer, aunque sea a puerta cerrada, que OH (como cualquier otro caudillo al que se le hubieran trepado), no otorgaba confianza alguna. Al no ser el PNP un partido institucional, sólido, con trayectoria, ¿hasta qué punto la alianza podía sostenerse en el tiempo? Solamente si esta alianza le brindaba a OH alguna seguridad de crecimiento o afianzamiento político. Lamentablemente, eso no se dio. Y no solamente no se dio apenas OH llegó a Palacio de Gobierno, sino en el mismo proceso electoral. El famoso “viraje” de OH ocurrió en plenas narices de los CxC y ellos, oportunamente, callaron.

2. La disonancia temporal cognitiva y política
La tesis favorita durante buena parte de la campaña, cuando OH no despegaba en las encuestas era que había una “temporal disonancia cognitiva y política” entre el candidato y los votantes. Esta tesis fue la esgrimida por Sinesio López en su afán de interpretar qué había pasado con los desposeídos del país para que no apostara por OH.

Sin embargo, atendiendo a los cambios de las preferencias electorales, es que OH comenzó a subir electoralmente cuando este, en plena campaña para la primera vuelta electoral, fue tirándose hacia un discurso conservador y de “derecha”. Una serie de mensajes fueron soltándose y hasta hubo un acercamiento entre OH y el cura Juan Luis Cipriani en plena campaña. La imagen de OH fue poco a poco moderándose y no se hablaba ya en febrero del famoso PGT. Por el contrario, el discurso fue dirigido básicamente al llamado sector “emprendedor”. OH fue creciendo robándole votos a Alejandro Toledo y así pasó a la segunda vuelta. (De hecho, fue esto y no que las encuestas se “sinceraran” lo que hizo que OH pasara a segunda vuelta). El famoso PGT se volvía cada vez más un lastre que una herramienta útil a ser mostrada en la publicidad televisiva o en los mitines. Es decir, la disonancia cognitiva y política desapareció cuando OH se volvió más parecido a Alejandro Toledo.

¿En algún momento allí los CxC dijeron “secuestro”? ¿Hablaron allí de “viraje a la derecha”? No, ni tontos que fueran. La oportunidad de tocar el poder estaba allí a la vuelta de la esquina y no cabía pelea alguna.
La segunda vuelta fue todavía mucho más dura. El PGT dio paso no solamente a la Hoja de Ruta (presentada incluso antes de las elecciones en primera vuelta), sino a la entrada en escena de representantes de aquellos gobiernos que “han secuestrado a favor de unos pocos” el gobierno y los ideales de la transición. Estaba AT, pero también Mario Vargas Llosa y Álvaro Vargas Llosa, para esto, convertido en el principal vocero de OH. Que haya sido AVLL y no Javier Diez Canseco o Carlos Tapia aquella persona encargada de salir en los medios para ganarse a aquellos que votaron por AT en primera vuelta, habla ya de una derechización, siguiendo el argumento de los CxC. Nuevamente, ¿alguien salió a decir que a OH lo habían “secuestrado”? ¿A nadie le daba de CxC roche compartir escenario con AVLL, luego que el los tratara a todos de idiotas? ¿Dónde estaba el PGT para ese entonces? La explicación que tuvieron que dar los representantes del PNP (y no los CxC) fue que el PGT seguía vigente, pero como un programa de laaaargo plazo y que la HdR era lo de corto plazo y lo que había que usar como herramienta de evaluación de OH.

3. El secuestro o la desviación
Así llegamos al gobierno de OH. Los CxC por fin llegaron al poder, aunque sea de compañeros de cuarto (porque de ruta, no). Los sucesos de Conga empujaron a la salida de Salomón Lerner Ghitis de la Presidencia de Consejo de Ministros y con él varios se fueron tirando la puerta. Dentro del PNP varios se sienten más aliviados por el alejamiento de este sector a quienes los tildan de “caviares” (usando la acepción promovida por cierta derecha conservadora).

El tema es que la así llamada “desviación” de OH siempre estuvo allí, solamente que ahora se ha hecho evidente. OH siempre jugó su propio match y ya había encontrado en otros lados (por ejemplo, a su famoso asesor de imagen, Luis Favre) a gente mucho más eficaz y eficiente que los CxC. Al carecer de partido institucional, todo se reducía a la confianza que los actores podían generar. Y la confianza se había quebrado ya desde hace mucho tiempo, solo que no era oportuno evidenciarlo.

4. El equivocado es el otro
En las distintas tesis esgrimidas por los CxC siempre el equivocado es el otro. Nunca hubo problema alguno, según ellos, ni con la apuesta por OH (finalmente, fue “secuestrado”, no contra su voluntad, sino sin su voluntad) ni con los votantes (siempre se puede apelar nuevamente al argumento de las disonancias).

Y en esa falta de autocrítica radica el problema neurálgico de los CxC. No van a reconocer jamás que hubo un problema, advertido y criticado desde el 2010, con la apuesta por un candidato cuyo partido es su familia. Con el hecho de apostar por “candidatos naturales”. Sí, quizá hubo una especia de responsable pragmatismo cuando decidieron no hablar de “secuestros” en plena campaña electoral (fácil ni se dieron cuenta); pero acusar de una desviación, luego que AVLL desplazara a Rosa Mavila de la vocería electoral, es un poquito inocentón.

Y que no haya autocrítica alguna también es una mala señal. Significa que lo volverían a hacer. Que cuando se les diga que lo importante es el proceso, van a argumentar sobre el todo o nada, que el Perú sin su candidato natural va destinado al fracaso.

Lamentablemente, el Perú no va a esperarles.

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