LA PUERTA DE LA HISTORIA. Adiós a François Chevalier
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LA PUERTA DE LA HISTORIA. Adiós a François Chevalier

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Por: César Puerta Villagaray

El pasado 11 de junio falleció el historiador francés François Chevalier, uno de los más importantes estudiosos de la historia de América Latina y especialista en el pasado mexicano de la época colonial. Autor de la tesis titulada La formación de grandes dominios en México. Tierra y sociedad en los siglos XVI-XVIII, publicada en castellano en 1956 y que fue, en su momento, una investigación que estableció un hito trascendental en la comprensión de la historia colonial americana.

Chevalier había nacido en 1914 y, desde muy temprano, fue un distinguido discípulo de Marc Bloch. Su interés por los estudios medievales, las grandes unidades productivas feudales y, en general, por el mundo agrario tuvieron, en buena medida, su origen en ese contacto personal y profesional con el gran medievalista de Estrasburgo. Incluso, la aprobación final del tema de su tesis, sobre las haciendas coloniales mexicanas, contó con el visto bueno del fundador de la revista Annales.

Muy interesado en el estudio de los países andinos, recurrentemente la mención al Perú colonial aparecía en su obra, siempre como un punto de comparación necesario para comprender cabalmente la historia mexicana. Chevalier incluso estuvo a punto de especializarse en el Perú, tal como hace algunos años confesó, al decir que a inicios de los años cuarenta “después de algunas prospecciones y vacilaciones en torno a Perú (seducido por la impresionante enciclopedia de imágenes de Huamán Poma de Ayala, en ese entonces recientemente publicada por Paul Rivet), opté por la Nueva España” (Ver Aquí).

Pero, ¿cuáles fueron los principales aportes de François Chevalier a la historiografía latinoamericana? Él, al igual que otros historiadores franceses contemporáneos suyos, como Marcel Bataillon y Pierre Chaunu, introdujeron a través de sus libros, clases y contactos profesionales, una serie de enfoques y metodologías novedosas en los años cincuenta y que eran extraños para los historiadores latinoamericanos de aquella época.

Es bueno recordar que en el caso de Chevalier, su formación como historiador profesional en Francia se dio en un contexto intelectual profundamente influido por la génesis y la maduración de la Escuela de Annales. Esa influencia marcó mucho su trabajo, especialmente en tres aspectos: su interés por la historia agraria de las sociedades europeas y americanas, una concepción de la historia económica construida sobre minuciosos estudios de ciertas variables económicas (precios, producción, etc.) y, sobre todo, esa especie de “etnografía histórica” planteada como una metodología complementaria al clásico trabajo en archivos realizado por los historiadores.

Así, Chevalier, quien trabajó por varios años en los archivos de España y México como parte de sus investigaciones, mostró el potencial que tenía el trabajo de campo o “método de la historia regresiva” como lo llamaba. Probó la importancia que para los historiadores posee el conocimiento vivencial de las actuales haciendas, iglesias, galpones, monumentos, plazas públicas, fiestas locales, hacendados, campesinos y autoridades, por mencionar solo algunos ejemplos. Este contacto entre la historia y la vida real era, según el historiador francés, lo que permitía realmente comprender la lógica que está detrás de las formas de cómo se establecen los linderos en el campo, de cómo se cuida al ganado, de por qué razones se asiste a misa con determinada vestimenta o, por mencionar un caso más, de qué forma se estructuran las relaciones entre los campesinos y los hacendados. Para Chevalier tratar de comprender la naturaleza de todos estos aspectos de la vida real era algo que los documentos, generalmente, no podían revelar.

Si bien algunos de los aspectos de la obra histórica de François Chevalier han sido superados por la moderna historiografía colonial mexicana y latinoamericana, por ejemplo, su visión sobre la gran hacienda como unidad productiva hegemónica en el México colonial temprano; otros aspectos permanecerán en la cultura histórica de América Latina. De allí que su profundo conocimiento de la documentación histórica, su agudo uso del análisis comparativo, la inserción de métodos modernos en los estudios históricos y, las múltiples relaciones intelectuales que construyó a lo largo de muchos años con diversos investigadores, son aspectos de la obra del gran estudioso galo que siempre serán valorados y respetados.

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