
Por: Paul Maquet
“La alta concentración en medios afecta la libre competencia”, dice Gustavo Mohme junior en la portada de La República este domingo. Claro que eso no lo pensaba la semana anterior, cuando estuvo a punto de adquirir la mayoría de acciones de EPENSA. Pero ahora que la jugada de Monopolio la ganó el Grupo El Comercio, la cosa le preocupa.
El tema es serio. Durante las semanas que pasaron se negoció y decidió sobre un tema que nos va a afectar a todos: quiénes controlan los medios y cómo se distribuyen ese control. Nadie nos preguntó nada: como si se tratara de un negocio muy particular, y no del derecho ciudadano a información veraz y plural, se rifó casi la tercera parte de la prensa escrita de alcance nacional.
Ahora, tras financiar la compra de un paquete de acciones, los Miró Quesada se han convertido casi en El Gran Hermano de la orwelliana novela “1984”. Con el control de seis diarios de circulación nacional y dos canales de televisión, amén de un sin fin de revistas y otras plataformas informativas, el grupo El Comercio tiene un poder a todas luces excesivo.
Si el grupo La República hubiera logrado adquirir las acciones, como fue su intención, la cosa no hubiera sido mucho mejor: hubiéramos tenido dos grandes mounstros de la prensa en vez de uno.
¿Y la televisión? Dominada por el “fantasma” Ángel González que ya controla cuatro señales en Lima y más de una decena a nivel nacional. Ya mencionamos a los Miró Quesada, que tienen dos señales. ¿Y la radio? Es negocio de dos gigantes, los grupos RPP y CRP, que tienen en total 16 emisoras en Lima. Un “emergente” se asoma por la ventana, los poderosos hermanos Capuñay que, provenientes del norte, amenazan con terciar esta disputa.
¿Es normal que dos grupos controlen la prensa, otros dos la televisión y otros dos la radio? Pues no: es absolutamente anormal. Este grado de concentración mediática es peligrosísimo para la democracia y la pluralidad de información. Periodistas reconocidos como Rosa María Palacios, Claudia Cisneros y Augusto Álvarez ya lo saben: si al dueño no le gusta lo que dices, chau. Y el universo de dueños es cada vez más pequeñito.
En otros países existen límites a la concentración de la propiedad de los medios. En EEUU, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) establece límites en el número de frecuencias radioeléctricas y periódicos que puede controlar una misma entidad. También regula la propiedad cruzada (de una emisora y un periódico que funcionen en la misma localidad) y debe autorizarla caso por caso, evaluando si el interés público se ve afectado. Si bien estas normas se han relajado con el tiempo, existen.
En América Latina, ya son varios los países que establecen normas para regular esta situación. Primero Argentina, luego Uruguay, recientemente Ecuador y Bolivia han discutido y aprobado regulaciones que buscan impedir la existencia de oligopolios mediáticos. Aquí El Comercio y La República las han catalogado como “leyes mordaza”, pero ya vemos que a estos grupos no les interesa ningún tipo de control en esta materia. La pregunta es: ¿a la sociedad peruana le interesa tener medios plurales y diversos?
Es tiempo de retomar el debate sobre los medios de comunicación. En nuestro país, parece que no se puede mencionar el tema: cualquier propuesta es calificada de “autoritaria”, como si no fuera autoritario más bien nuestro actual sistema comunicacional oligopólico. Y muchas veces los periodistas hacemos un equivocado “espíritu de cuerpo” como si los intereses de los dueños coincidieran necesariamente con los nuestros. Los primeros interesados en la existencia de medios con diversas opiniones y líneas editoriales que puedan acoger nuestras igualmente diversas orientaciones, somos nosotros mismos.
