*** EDITORIAL *** / @spaciolibre
El resultado de las elecciones realizadas en Venezuela, tras la muerte de Hugo Chávez deja algunas lecturas bastante claras en este país, que ha sido gobernado, quiérase o no, por un régimen unilateral y vertical.
1. La diferencia de más de 240 mil votos entre ambos candidatos, frente a los avasallantes resultados que obtuvo Hugo Chávez en los primeros comicios, demuestran que un importante sector de venezolanos ha optado por un cambio, no interesa si éste no se concreta, pero determina una decisión que busca decirle al mundo «queremos un cambio urgente».
2. La nueva victoria del chavismo, refleja que existe una oposición en Venezuela (que al igual que la oposición peruana durante el fujimorismo) no ha sabido concretar un combo fortalecido para enfrentar a un sistema que usa no sólo los recursos económicos que el petróleo le permite, sino a los poderes del país como aliados, a los bienes del Estado como la billetera directa para asegurarse los votos de una población que necesita cosas urgentes y que le son resueltas con tan sólo abrir la cartera del aparato gubernamental.
3. La oposición no ha sabido aprovechar ni siquiera el notorio quiebre al interior del chavismo y que se hizo más claro durante el proceso de transición para asumir el liderazgo dejado por Chávez Frías. Maduro tuvo que enfrentarse, casi en una guerra de baja intensidad, con Diosdado Cabellos que más llevado por su fidelidad a Chávez, optó por capitular con un Maduro que llegó al poder, casi de la mano del finado caudillo.
4. La más importante lectura sin embargo de todo este proceso, es que Venezuela pasa por una etapa ya vivida en nuestro país y que seguro se repetirá por unas cuantas elecciones mal: la decisión del mal menor. Hace muchos años, que Venezuela prefiere optar por un socialismo bastante venido a menos, una apuesta de izquierda populista que resulta efectiva mediáticamente hablando. Y es que en la orilla de enfrente tampoco hay algo mejor. Una derecha liberal, representada ahora por Henrique Capriles, pero que carga consigo los pasivos de regímenes anteriores que no dudaron en levantarse en peso al país y aprovecharse de la buena fe de los electores.
En este contexto, entonces, queda claro que en Venezuela no se puede apostar por opciones claras: ni de izquierdas, ni de derechas. Ninguna de las dos propuestas respeta cánones democráticos, derechos humanos ni económicos. Ambas opciones, a su manera, han jaloneado a los venezolanos y al igual que en otros países de la región, la gente seguirá eligiendo por lo conocido, con la condición de que «todo mejorará», a arriesgarse por alguien que ofrece un cambio, pero sin mucha convicción de una verdadera transformación.

