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Foto: Internet
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*** EDITORIAL *** / @spaciolibre

Lo desmintieron en mil idiomas. El preso Alberto Fujimori estaba prácticamente al borde de la muerte. Fue el argumento mejor utilizado por sus hijos y sus seguidores para liberarlo de una prisión merecida por homicidio y corrupción. Aún hoy siguen usando ese argumento y señalan que el informe de la Junta Médica que determina que el exmandatario no tiene cáncer terminal es producto de una venganza y una presión mediática para dejar morir al exdictador.

La Junta Médica por la cual pelearon los fujimoristas ha dictaminado que Fujimori posee un «Cáncer de lengua oral y displasia recurrente de lengua oral operados, sin evidencia actual de enfermedad» es decir que el problema está controlado y no habría una razón para proponer el indulto humanitario con el cual los fujimoristas pretenden evadir la justicia.

El médico de cabecera y congresista Alejandro Aguinaga persiste en seguir con el intento de liberar a su paciente, argumentando la depresión que la prisión le genera. ¿No será más bien la depresión de no gozar las capacidades y exquisiteces de sus retiros dorados en Japón y Chile? ¿La depresión de no poder disfrutar de los recursos obtenidos ilícitamente?

El indulto sigue siendo un insulto para los familiares de las víctimas que Fujimori y sus secuaces asesinaron, sigue siendo una burla para aquellos que aún reclaman justicia pro los actos de corrupción y de violaciones a los derechos humanos.

No es revancha, no es venganza, es simplemente un ejemplo de que alguna vez se cumpla con la ley. El indulto, qué duda cabe es político y de eso se encargan de recordárnoslo todos los días Keiko y Kenji Fujimori, los fujimoristas que aún siguen creyendo que es una afrenta contra “el mejor presidente del Perú”.

Recordar que el indulto humanitario procede, por decisión presidencial, cuando existen razones necesarias para argumentar que la vida del recluso está en grave peligro, cuando una enfermedad se encuentra en fase terminal. Aquí, la razón es total, en estos momentos Fujimori no tiene un cáncer terminal, su enfermedad está controlada y hay muchos casos en diversas prisiones que si debieran ser atendidas y no la de un calculador político que toda su vida ha sabido dar cada paso esperando un resultado con rédito a su favor.

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