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Foto: Internet

Por: Susana Chávez (PROMSEX)*

Algunos, muy desconfiados con el sistema podrían creer que los seguros de salud solo quisieran asegurar personas sanas, que estas nunca se enfermen y que, de hacerlo,  murieran súbitamente. Sin embargo, la realidad no es esa: los seguros «aseguran» la probabilidad del riesgo de enfermar y ofrecen a sus abonados que, en el caso de sufrir alguna enfermedad, su atención no signifique una catástrofe económica.  Por ello, hacen estimados económicos para señalar el costo de asegurar a una persona sana de 15 años versus otra también sana de 55 años.

Si esa es la lógica con que los seguros funcionan ¿Por qué la Compañía de Seguro Rímac, le negó a Sandra, mujer de 26 años aparentemente sana con síndrome Down, asegurar su salud? La respuesta fue simple, no es asegurable por no contar con un programa “adecuado” para su condición: tener síndrome Down. A simple vista, parecería un argumento válido y acorde con las reglas del mercado, una compañía puede decidir a quién incluye y lo real es que nacer con Síndrome Down implica mayores riesgos de problemas coronarios, desordenes tiroideos y otros.

En esta negativa según su propia lógica, perfecta a las reglas del mercado y de negocio rentable, se olvidaron de los principios de un seguro de salud: asegurar la condición saludable.  Para esto, los seguros de salud hacen excepciones con las enfermedades preexistentes e incluso con los riesgos altamente demostrados, es decir una persona puede tomar un seguro que excluya consecuencias de ciertas actividades riesgosas (deportes extremos) o condiciones previas. A Sandra se le ha negado el aseguramiento por absolutamente todo: el riesgo de una fractura, una caída o por que le cayó un techo encima, por tener una neumonía o, hipotéticamente, sufrir tuberculosis, es decir, enfermedades y problemas que cualquiera de nosotros podría sufrir, por lo tanto, al decir que a Sandra no se le puede asegurar, implica una exclusión global a su persona. Esta exclusión opera simplemente por ser diferente, eso se llama discriminación.

¿Qué implicancias hubiese tenido para Sandra o para alguien en su condición, si Indecopi hubiese dado la razón a compañía? simplemente se hubiese quedado desamparada y la atención de su salud hubiese dependido del gasto del bolsillo de su familia, entonces, Sandra tendría una corta vida no por vivir con Síndrome Down sino por falta de atención médica pues, tal como se ha podido ver en la televisión, Sandra no califica como población pobre, razón por la que tampoco tendría cobertura en nuestro tan debilitado SIS (Seguro Integral de Salud).

Esta es una de las consecuencias no visibles desde que se decidió que la atención de la salud sea un asunto individual, a mi criterio, uno de los cambios más importantes de la Constitución de 1993 conjuntamente con del deterioro progresivo tanto en ESSALUD como en el MINSA.  Lo anterior ha permitido únicamente el desarrollo de un mercado de la salud (especialmente en las grandes ciudades)  muchos de estos en condiciones de total precariedad donde el Ministerio de Salud ni siquiera se da por enterado. En este marco, los seguros privados de salud tienen mucha importancia lo que hace que los usuarios no solo paguemos un seguro sino hasta tres (si contamos a ESSALUD, el seguro privado y el seguro contra cáncer) sólo así logramos estar completamente protegidos aunque a veces la realidad nos demuestre lo contrario, pero ese es otro cantar.

Esa supuesta tranquilidad de acudir a un servicio de salud, incluso acceder a atenciones preventivas como el cáncer de cuello de útero, es la que se le ha negado a Sandra.  Por eso su familia ha hecho muy bien en denunciar ante INDECOPI, e INDECOPI, muy bien en atender. Ojalá que esto nos sirviera para que los seguros revisen sus excepciones y sobre todo, que el Estado no nos deje tan solos en las poderosas manos de los seguros privados poniendo algo de atención en los servicios públicos de salud.

*Feminista, Maestra en Salud pública, salubrista de profesión, defensora de los derechos sexuales y reproductivos e interesada en política pública sobre todo, en aquellas que tienen que ver con el derecho a crecer libre de violencia, discriminación y prejuicios y de tomar las riendas de sus propias vidas y destinos.

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