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Foto: Internet

Por: Susana Chavez (Promsex)

La violación sexual es uno de los peores atentados que una persona puede sufrir, pues sus efectos son devastadores, no sólo en la crisis de un ataque, sino en el desarrollo mismo de las víctimas. Un estudio realizado por Mujica (PROMSEX, 2011), reportó que en el Perú cada año se tiene alrededor de 7 mil denuncias por violación sexual, cifra que bien podría cuadriplicarse, dado que  la mayoría de víctimas prefiere el silencio.

Según esta misma fuente, de todos los casos denunciados solo el 76.2% fueron evaluados por la Fiscalía, y solo en el 62% los perpetradores fueron capturados, lo que indica que en el 38% de los casos la denuncia fue infructuosa. Si esto le parece escandaloso, aún queda más; datos del Registro Nacional de Detenidos y Sentenciados a la Pena Privativa de la Libertad Efectiva (RENADESPPLE), mencionado en este mismo estudio, señala que solo 2,900 procesados son encarcelados, es decir, menos de la mitad de los casos denunciados, siendo que el delito de violación tiene penas carcelarias muy altas (25 años a 30 años), sobre todo cuando se trata de menores de edad.

Si las brechas existentes entre el número de víctimas reales y las que se atreven a denunciar, representan un grave problema de acceso a la justicia, las brechas entre las que se atreven a denunciar, el número de procesados y el número de encarcelados, sí que es un escándalo y nos enrostra lo que ya sabemos; la justicia no es para pobres, menos aun si son mujeres.

Nadie tiene que vivirlo para imaginarse lo difícil que puede ser admitir que uno ha sido sometida, vejada, humillada, ensuciada, ni tener que lidiar con las clásicas culpas y desconfianzas que suelen achacarse a las víctimas; que si fue sola a la fiesta, si no eligió bien a su acompañante, si no pidió ayuda, si uso minifalda, si tomo alcohol o si se dejó drogar y si no se dejó matar o si su madre fue culpable por dejarla con los tíos, padres o padrastros. Obviamente, este paso es después de haber probado que la víctima no está mintiendo y si lo que no quiere es perjudicar a su agresor.

Superado esto, entonces toca al Ministerio Público y muchas veces ocurre lo que este domingo (20/11/11) nos mostró el programa “Día D”, donde el clásico diagnóstico del “himen complaciente”, con el que liberaban a los victimarios, ha sido reemplazado por otro más sofisticado y conmovedor, llamado “incapacidad eréctil”. Pues al parecer el Dr. Huallullo, médico legista de la Ciudad de Huanuco, experto en despertar líbidos, así califica a muchos de los acusados de violación, lo que luego permite al Juez Picón, declararlos inocentes, debido a la obviedad de tan “penoso” mal, que es además, según su propia explicación, es de altísima prevalencia en todos los juzgados del Perú.

De hecho, las declaraciones de estos dos funcionarios, es prueba suficiente para decir que en el Perú, no solo ocupamos un lugar privilegiado en el número de denuncias por violación sexual, tenemos además, a la más alta prevalencia de hombres impotentes y esto es algo que debería ser de urgente atención.

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