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Foto: Christian Monroy / Museo Coleccionables de Fútbol

Por: David Alcántara / @cobramemedio

Lo encuentro caminando de un lado a otro del auditorio, nervioso, releyendo su discurso, esperando con muchas ansias que inicie la exposición la cual el mismo ha forjado y sacado adelante: «El fútbol se colecciona», de Lima para el mundo.

Jack “Figurita” Hurtado como lo llaman sus amigos, el periodista revelación y coleccionador empedernido, aliado de la investigación audaz y de la buena pluma me da la bienvenida a su mundo de álbumes y cromos, de historia futbolística y de sus memorias con el “yala” y “nola”. Yo siento entrar a una cancha de fútbol, hasta creo hacer el ademán con el pie derecho.

Todos lo observan, lo admiran y elogian ese arduo trabajo desde sus 12 años por coleccionar todo lo relacionado al fútbol, desde álbumes, camisetas, llaveros, y hasta latas de gaseosa con la imagen de Messi. La Muela, mascota del equipo de la San Martín, se ha hecho presente también esa tarde y está reluciente, el hombre que le da vida también es movido por esa pasión futbolera, a veces inentendible, pasión que rodea a todos en el auditorio de la Universidad Jaime Bausate y Meza, pero acaso no es eso lo que se muestra en la colección, la pasión de Jack por coleccionar desde que completó su primer álbum.

Jack inicia un discurso en donde lleva al público por su infancia, por sus esfuerzos en coleccionar lo más buscado, nos lleva por Brasil, Argentina y Uruguay, lugares en donde ha estado y ha mostrado su colección y a la vez compartido con otros coleccionistas ese arte, para ser breves les dejo ese momento en vídeo:

Lo que no sabe Jack es que mientras el habla, detrás de esa cámara, dentro mío, en mi caja fuerte de las memorias se han removido los recuerdos mas sublimes de mi infancia, me he visto en aquellos 10 años de edad pidiéndole propina a mi padre para conseguir el cromo de ese histórico arquero alemán con cara de mono o de ese delantero brasileño con magia en los pies.

Ha venido a mi las idas al Coloso de José Díaz de la mano de papá, guiándome entre la multitud para que no me pierda, es increíble que los jugadores de ese partido, los que movieron el balón ese día están ahí, en aquella muestra de ‘Figurita’ Hurtado, inmortalizados en pequeñas imágenes, él no sabe que he tenido toda esa ola de emociones y recuerdos. Yo le aplaudo y sigo recordando.

He evocado la figura regordeta de la ´seño´de los anticuchos y al tío de las reventas a las afueras del Alejandro Villanueva, me he visto jugando la respectiva pichanguita en alguna calle de La Victoria previa a un clásico con la gente del barrio, añoré aquel domingo rodeado de los primos viendo el Perú vs. Ecuador y cada uno alentando a su manera.

Todos esos cuadros que pasan delante de mí son los mismos que me rodean en aquella sala, pero en forma de cromos y posters. Por un momento vuelvo a hacer foco a Jack y a la multitud, es cierto lo que he pensando, el no solo ha reabierto ese baúl de memorias de un escritor sin talento que quiere llevarse al mundo en su libreta, ha logrado el fin principal de su muestra, ha creado esa memoria colectiva, esa añoranza de aquellos años maravillosos y de recuerdos del ayer, el brillo en los ojos de las personas me indican que también, como yo, han dejado abierta esa caja.

Jack termina la exposición rodeado de personas que lo escuchan y lo observan con atención, el los guía por ese pasadizo de memorias y buen material que ha coleccionado. Está contento, su madre y padre están sonrientes, elevan ese pechito peruano al ver a su hijo aventurándose en aquella sala azul. La tarde no puede ser más perfecta. Pancho, un amigo nuestro, se ha escapado de sus labores y en un gesto invaluable ha venido a aplaudirlo, ha decirle: “Felicitaciones muchachón”, Jack no puede estar más emocionado, si pudiera seguro que gritaría de tanta emoción. Al terminar la ceremonia, murmullo mientras lo felicito y sorprendo con un abrazo: “Jack nos ha regalado un día para coleccionar”.

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