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Foto: La República


Por: José Miguel Silva Merino

Suelo descansar un poco los viernes a la salida del trabajo. Usualmente estoy algo agotado por la semana de chamba y debo tomar algo de aire para tener un buen sábado (el último día que trabajo) así que trato de disipar mi mente un rato.

Eso intentaba ayer, cuando de pronto vi en Twitter, «Isaac Humala conversa en vivo sobre la situación política del país». El mayor de los Humala comentaba sobre conflictos sociales y además se burlaba del premier Valdés comparándolo con Roque Benavides.

Más allá de que en la familia Humala Tasso todos son analistas políticos, y de que sus opiniones podrían ser parte en realidad, de un coro de actores que fingen una obra para distraernos de cosas realmente grandes (Villafuerte, Favre y compañía), quisiera preguntar en voz alta… ¿Es el Perú, una tierra de analistas?

Rómulo León sale en prime time diciendo quién podría ganar la primera vuelta del 2016 y muchos se ríen pero, ¿Qué hay detrás? La verdad, todo es realmente confuso. En esta selva de analistas tenemos algunos serios, que investigan y sueltan teorías serias y otros que sólo dicen lo lógico o lo que se les ocurre.

Claro que dentro de ambos bandos hay aquellos que quieren jalar agua para su molino (incluso algunos cobrando sueldo de las personas que a la vez luego analizan en TV).

No obstante, y viendo caso por caso, recuerdo que en Twitter varios colegas se quejan de el espacio que tienen Isaac y compañía. Allí mismo está la respuesta. Nos quejamos y les damos espacio.
Los invitamos a Radio y TV, les hacemos crónicas y agradecemos sus comentarios. Lamentable pero cierto. Incluso yo les doy bola a ellos cuando redacto notas.

Lo ideal sería quitarles espacio a los payasos y dárselo a los expertos, que podrían realmente ayudar a la ciudadanía a tener todas las posibilidades para generar lo que se conoce como “opinión pública”. ¿Una abridora de domingo con Ulises Humala? Ayuda en titulares picantes pero impide ver más allá. Ver el bosque y no solamente el árbol.

Me pregunto cómo podría cambiar esto en una prensa que está siempre hasta el cuello con exigencias de rating, tiraje, vistas y oyentes.

Donde manda capitán, no manda marinero.

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