Lima, Perú (ADEHR).- Hoy lunes 02 de agosto se cumplen 26 años de la desaparición forzada del periodista Jaime Ayala Sulca, quien fuera visto por última vez ingresando al estadio municipal de la provincia de Huanta (en ese entonces base militar de la Marina de Guerra del Perú), en el departamento de Ayacucho.
Jaime era un joven periodista de 22 años que trabajaba en Radio Huanta 2000 y ejercía el cargo de corresponsal del diario La República de Lima.
Enviaba periódicamente informes al medio impreso sobre los sucesos que se registraban en Ayacucho, específicamente, en la provincia de Huanta, donde residía con su esposa Rosa Pallqui Medina e hijo recién nacido. Dicha información involucraba a la Marina de Guerra y a Sendero Luminoso.
Por su actitud decidida de denuncia que tuvo frente a los delitos que perpetraba la Marina de Guerra (detenciones, torturas y desapariciones forzadas), fue intervenido y amenazado por efectivos de este instituto armado en varias ocasiones entre agosto y setiembre de 1983, según recuerda Rosa Pallqui. “Pese a los actos de amedrentamiento Jaime continuó reportando los hechos de violencia en Huanta”, agrega la viuda de Ayala, que ha luchado desde el día que fue desaparecido para que se encuentre su cuerpo y se sancione a los responsables.
El día de su desaparición Jaime ingresó al estadio de Huanta para denunciar el atropello a sus familiares por parte de un grupo de agentes de la Marina, que en la madrugada habían ingresado a la fuerza a la vivienda donde residía su madre Julia Sulca y dos de sus hermanos, quienes fueron golpeados y amenazados de muerte por los sujetos. El objetivo de la intervención era detener al comunicador, pero él se encontraba en otro domicilio junto a su esposa e hijo.
“Recuerdo que esa mañana Jaime se enteró de lo sucedido. Y de inmediato acudió a la Comandancia de la Policía de Investigaciones para denunciar el hecho. Pero al no encontrar una respuesta positiva a su denuncia, se trasladó al estadio de Huanta (base militar de la Marina) en compañía de Carlos Paz Villantoy (administrador de la emisora Radio Huanta 2000) para exigir explicaciones por el atropello a su familia. Incluso, por las inmediaciones del estadio se encontró con varios conocidos, entre ellos la señora Zenaida Fernández Hernando, quien le pidió que interceda por su padre Nemesio Fernández Lapa, quien había sido detenido el 15 de julio del mismo año por personal de la Marina. Esa fue la última vez que lo vimos con vida. Hasta ahora sigo luchando por encontrar al menos sus restos y que se haga justicia contra aquellos militares, responsables de tantas desapariciones en Huanta”, afirma Pallqui Medina.
El periodista quería aprovechar la oportunidad de acudir al estadio para indagar, además, sobre el ataque que los marinos habían realizado un día antes a la comunidad de Callqui, donde asesinaron a seis evangélicos de esa comunidad, a quienes acusaron de presuntos terroristas.
Tras su desaparición, la Marina aseguró, en un primer momento, que Jaime jamás había entrado al estadio, pero luego, afirmó que había ingresado solo unos minutos y luego se había retirado con dirección a las montañas. “Esa es una total mentira, pues en los alrededores del estadio habían decenas de personas, que conocían a mi esposo y a toda la familia, y todos negaron haberlo visto salir”, asegura la viuda de Ayala, que ahora es directora de la Asociación para el Desarrollo Humano Runamasinchiqpaq (ADEHR), que asesora legalmente a más de un centenar de familiares de víctimas, que así como Jaime fueron desaparecidos durante la violencia interna.
“Nosotros, en ADEHR, estamos luchando para que se encuentren los restos de mi esposo y de más de cien víctimas desaparecidas entre julio y agosto de 1984, y que por fin los casos alcancen justicia. Felizmente con el transcurrir de los años se están descubriendo mayores evidencias. Por ejemplo, la Marina negaba que el estadio de Huanta era un centro de reclusión en el que se realizaban torturas, asesinatos, desapariciones. Pero ahora se está comprobando que ahí se realizaban todas esas barbaridades, pues en marzo de 2009 se exhumaron 37 cuerpos en dos fosas del cementerio general de Huanta (en el que se enterraron los 50 restos hallados en las fosas de Pucayacu en agosto de 1984). De esas 37 víctimas exhumadas 14 ya fueron identificadas. La mayoría de ellas pertenecen a pobladores de la comunidad de Culluchaca, quienes fueron detenidos por agentes de la Marina y conducidos al estadio de Huanta, donde fueron torturados y desaparecidos”, asevera.
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