[Opinión] La responsabilidad del 6 de julio
Foto: desafioseducativos.pe

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Jesús Martín Crisólogo Galván

Probablemente la mayoría de maestros nunca quiso ser profesor, mucho menos estudiar cuatro o cinco años para serlo. La profesión de profesor no es rentable en lo económico y lamentablemente tampoco en lo social. ¿Para qué estudiar para ser profesor si cualquiera que sabe alguna materia puede enseñar? ¿Para qué estudiar para profesor si hoy la oferta educativa es variada en modalidad, cercanía y precio, y ser profesor no es atractivo?

Ser maestro tiene que ver más con la responsabilidad de la persona que asume ese rol y de esta hacia los alumnos, estudiantes, comunidad y el país.

Responsabilidad que va más allá del maestro, porque están involucrados el Estado, la empresa privada, la Iglesia, los gobiernos locales, regionales y nacionales, los medios, la comunidad y la familia.

Es lamentable que todas las taras educativas del y en el país se le atribuya solo al maestro, cuando la responsabilidad no solo es de él o ella, aunque hay casos y casos. La calificación en el nivel y calidad educativa debe ser proporcional a los agentes educativos, lamentablemente esto no sucede.

En muchas partes del país, no solo en las fronteras, sino en la misma capital, existen escuelas abandonadas por el Estado que se sostienen solo por el empuje y deseos de superación de padres de familia y de la comunidad. La educación necesita más que solo voluntad y buenas intenciones. Necesita apoyo económico, logístico, académico y político. Se necesita invertir en educación si esperamos que nuestros hijos vivan mejor que nosotros.

El trabajo en condiciones adversas por las que transita el maestro en el país haciendo de todo por inculcar educación y cultura no es comprendida por la sociedad y especialmente por quienes tienen la responsabilidad de velar por la educación en el Perú y por los que tienes el poder de informar masivamente.

Lo fácil e irresponsable es achacarle al maestro todos los males de la educación del Perú. Falta honestidad para aceptar que quienes más critican el trabajo del maestro son parte del problema que sufre la educación en el país.

El Estado debe velar por la formación docente, sea en los institutos pedagógicos o en las universidades. Y las instituciones superiores formadoras de maestros deberían dejar de trasladar su responsabilidad a factores externos, olvidando que son ellos los formadores de maestros, porque para ser maestro hay que ser especial, lo que requiere trabajar especialmente.

Ser maestro no es solo estudiar un aspecto o parte del conocimiento para luego “enseñarlo” a sus alumnos. Trasmitir el conocimiento no hace maestro a nadie, solo lo hace trasmisor de información y eso lo puede hacer cualquiera. Los medios, que no tienen como función educar, también trasmiten conocimiento, malo o bueno pero conocimiento al fin e influyen en niños y adultos masivamente, pero con eso no educan, porque la educación tiene y gira entorno a lo positivo socialmente.

Maestro es aquel que forma integralmente al sujeto. El que le imparte valores e incentiva su superación permanente. El maestro que tiene desarrollada la empatía con sus alumnos y estudiantes es el que va a trascender en la vida de cada niño o joven. Más allá de lo declarativo, esto se hace más vigente que nunca hoy, toda vez que la formación integral del sujeto corresponde a los padres, a la familia. Familia que ha cambiado en forma y composición, lo que más allá de analizar a esta, porque no es el propósito de este artículo, se presenta como casi ausente especialmente en la escuela pública.

Es por eso que el maestro es no solo importante sino indispensable para que la sociedad esté compuesta mayoritariamente por personas de bien, para que éticamente se autorregule, para que la prosperidad no sea por la brillantez de un solo sujeto sino producto de la comprensión masiva de la problemática local y nacional.

El maestro tiene el rol de formar al hombre del presente y del futuro para que este país sea próspero y que el ansiado desarrollo se alcance. La especialización, ese es el trabajo de los especialistas, pero la base, la dan los maestros y eso se debe valorar más allá del seis de julio de cada año.

Más…

Permítanme aprovechar el espacio para algo personal. En esta fecha recuerdo más a mi padre, maestro emblemático de La Cantuta, quien tuvo la responsabilidad en su larga y fructífera trayectoria de formar a miles de personas desde la primaria hasta la universidad, y a nosotros, sus hijos, hasta el último momento de su vida. Un abrazo y millones de gracias a él, como padre y como maestro, y con este abrazo a los maestros del Perú, a los amigos con quienes compartimos inquietudes académicas y sociales en La Cantuta, a los maestros que forman maestros en la UNE, a todos los maestros. A los maestros que me ayudaron a ser lo que soy, más allá de La Cantuta, a todos ellos gracias infinitas, aunque sé que no me alcanzará la vida para agradecerles lo que hicieron por mí y mi familia, igual, infinitas gracias…a mi entrañable Cantuta, que como lo dijo alguna vez Susana Baca: “Todo lo que soy, se lo debo a La Cantuta”…gracias…Hoy también a mis estudiantes, porque no tengo alumnos, por compartir lo poco que pueda darles y fundamentalmente porque de ellos aprendo muchos más de lo que se imaginan…gracias…A las instituciones que me dan la oportunidad de ejercer una de mis grandes pasiones, espero no defraudarlos…gracias…

 

 

 

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