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Ataque terrestre de Israel en territorio palestino / Foto: CNN
Ataque terrestre de Israel en territorio palestino / Foto: CNN

Por:  Jesús Martín Crisólogo Galván

El animal es ese ser vivo irracional con limitaciones de pensamiento e inteligencia. El hombre también. El animal es irracional y actúa por instinto. El hombre también. El animal, de cualquier tamaño es violento por naturaleza. El hombre también. El animal alimenta y protege a sus crías. El hombre también. ¿Entonces qué diferencia al animal del hombre?

Según la Teoría evolucionista el hombre apareció cuando el primer primate hizo de la piedra un instrumento, quizá para echar abajo un fruto que no podía alcanzar porque aún no era en su totalidad erecto o porque físicamente no podía acceder al preciado alimento. Con este simple acto apareció el homo habilis, hace más o menos hace 2.5 millones de años en el Paleolítico o Edad de piedra, la especie más primitiva del hombre. Apareció la inteligencia.

Imagino a esos primeros hombres caminando en grupo, protegidos por piedras y palos para defenderse de los depredadores, descalzos y cubiertos con pieles de animales para soportar el frío. Parando en las noches en torno a una fogata, nombre muy de ahora para el fuego que calentaba las frías noches de entonces.

No existía propiedad, país, Estado. La violencia se ejercía para la defensa de la vida o por la conquista del alimento, especialmente animal. Es probable que entre los más fuertes y masculinos se dieran diferencias y con ellos peleas físicas por los espacios, la pareja, por más alimento o simplemente por dirigir el grupo. Pero también surgió el diálogo como representación del lenguaje, el rasgo más elevado de la especie humana. Quizá en ese momento surgen las primeras formas de propiedad y de superioridad. Lo que sigue, existe abundante literatura al respecto que no es necesario mencionarlo.

Estamos en el siglo XXI, en el tercer milenio para los cristianos y parece que muy poco ha cambiado desde que apareció el hombre en nuestro planeta. La piedra no es la materia prima predominante del hombre para crear instrumentos, pero de los metales y sus modificaciones se fabrican instrumentos para matar en grupo. La piedra ya no sirve para echar abajo un fruto que está en lo alto de un árbol, tampoco las disputas acaban solo con unos golpes.

El hombre ya no se protege con pieles de animales que ellos mismos cazaban para alimentarse y abrigarse, sino con ropa sintética, zapatillas Adidas o Nike, casacas térmicas, lente protectoras de UV. Las piedras y palos se han reemplazando por aviones que arrojan bombas que matan a niños sin contemplación, con metralletas que disparan cientos de balas por segundo, bombas que más allá de la explosión deja secuelas que no se curan.

La llamada civilización ha creado al hombre moderno, al más humano de todos, al que justifica la muerte de niños y de población civil en Gaza con el argumento de que Israel tiene el derecho a defenderse. La civilización también ha creado a esa diputada Israelí innombrable que ha sugerido el exterminio de las mujeres en Gaza para que no nazcan más palestinos, terroristas en potencia que hacen peligrar la existencia de Israel.

La civilización, ha creado al Estado abanderado de la libertad, ese que queda al norte del continente americano, el paladín de la libertad y de la democracia que no duda en violar cualquier espacio aéreo o territorio nacional para conseguir sus propósitos, pero que protesta cuando otro lo hace y hoy avala la masacre de Israel en Gaza.

La civilización también ha creado la religión para “velar por el alma del hombre” y explicar lo que no se puede explicar. Diferente en cada rincón del planeta porque diferentes son las culturas y diferentes las formas de concebir el mundo, pero a alguien por ahí se le ocurrió establecer que debe haber una religión que predomine sobre las demás y apareció el Vaticano, pequeño Estado que tengan la plena seguridad que acumula más riqueza y corrupción que muchos Estados laicos. Tanto que esta vez, para el Papa la masacre de Gaza no es importante, más importante es el San Lorenzo.

La pregunta que nos hacemos a estas alturas es ¿quién es más animal? El salvaje que aún pulula por los escasos bosques que ha dejado la civilización del hombre, o el humano que ha traspasado la Vía Láctea, el que ha hecho que el promedio de vida del primer hombre, que era de 18 en sus orígenes supere hoy los 75 años, el que ha creado obras y personajes extraordinarios como Gandhi, Mandela, Mozart, Machu Picchu, la Monalisa y un largo etcétera.

¿Es acaso el hombre moderno que hoy se puede comunicar en tiempo real con cualquier lugar del mundo, o el que puede estar en la final del Brasil 2014 y al día siguiente en Berlín el más animal de todos? Lamentablemente parece que sí y este animal se ha modernizado, es más codicioso. Quiere el territorio del otro, de los otros y para ello usa casco y botas, tanques y aviones con bombas y balas. No se detiene para mancharse de sangre de  los niños, mujeres y la población civil que vive en Gaza. Este animal moderno quiere desparecer a todos los palestinos a todos los árabes, a todos los musulmanes.

Este animal moderno ora y mata a su prójimo. Es humanista y mata a sus hermanos. Es civilizado y masacra a los débiles. Es moderno y mata porque no tiene otra forma de solucionar sus diferencias. Es un animal moderno por excelencia.

Este animal moderno no tiene escrúpulos en matar masivamente a la población indefensa. Este animal moderno no cree en el llamado de nada ni de nadie y se siente respaldado por el hasta ahora más poderoso, pero no por mucho tiempo, ejército del mundo.

Este animal moderno tiene inversiones globales, de manera que oficialmente la mayoría en el mundo guarda silencio cómplice frente a la barbarie sionista.

Este animal moderno también piensa, tiene alguna parte humana, sensible, inteligente. Sabe que está acumulando odios, que también económicamente está perdiendo, que su reputación está por los suelos. Sabe que puede hacer mejor las cosas, que puede convivir con sus vecinos, aunque piensen diferente a ellos. Saben que la paz es posible aceptándose el uno al otro. Este animal moderno tampoco es tan animal, aunque es bueno recordar que el hombre es el único animal que se equivoca dos veces en lo mismo.

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Por Spacio Libre

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