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Mauro Pio Peña
Tras la muerte de Pio Peña estarían mafias mineras. Foto: Diario Correo

Lima, Perú (Spacio Libre).- El lunes 27 de mayo fue ultimado a balazos Mauro Pio Peña (57) quien fuera uno de los líderes históricos del pueblo indígena ashaninka, originario de la selva central del Perú, se presume que dos sicarios habrían acabado con su vida.

Según la Asociación Regional de Pueblos Indígenas de la Selva Central (ARPI-SC), los autores de este crimen son mafias escondidas tras el poder económico y político que manejan el tráfico de tierra, explotación de madera y los recursos, y asociadas a las actividades ilícitas. El asesinato de Pio Peña muestra la vulnerabilidad en la que se encuentran los líderes locales en localidades aisladas y con poca presencia del Estado, La organización ARPI-SC ha solicitado a las autoridades la suspensión de las actividades de la empresa forestal Balarín, cuya concesión se superpone al de la comunidad Nuevo Amanecer Hawai.

David Vásquez, joven dirigente asháninka escribió en su Facebook personal un mensaje drigido a Mauro Pio: “Por cuidar los bosques, proteger la naturaleza y apoyar en la pacificación, nos dejas hermano. Adiós Pinkatsari (jefe, autoridad en lengua ashaninka)”. También se ecuentran amenazados el biólogo César Ascorra, el sacerdote Xabier Arbex de la Pastoral Social de derechos humanos del Vicariato de Puerto Maldonado entre otros líderes e influyentes de estos pueblos indígenas.

Otros lugares que tmabién son afectados por la minería ilegal Son el departamento de Madre de Dios y la provincia de Casma, en la costa norte. El 9 de diciembre de 2012, fue asesinado el alcalde de Casma, José Alejandro Montalván Macedo, a manos de dos sicarios. En abril, otro par de sicarios abaleó al fiscal provincial de Casma, Luis Sánchez Colona, quien veía casos de asesinatos y minería ilegal. En ninguno de esos casos las autoridades han determinado quiénes fueron los autores intelectuales pese a que los autores materiales hayan sido temporalmente detenidos.

Con información de Jacqueline Fowks / El País

Por: Diego Vertiz / @DiegoVertizM

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