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Foto: Fuente: INEI. Elaboración Roberto Bustamante

Por: Roberto Bustamante Vento.

Este no es un artículo sobre la Pontificia Universidad Católica del Perú y sus conocidos problemas con la Iglesia Católica. Aquí quiero más bien llamar la atención sobre los problemas de la universidad peruana.

Hacia el año 2010, según el último censo universitario (organizado por la Asamblea Nacional de Rectores y el Instituto Nacional de Estadística e Informática) se contabilizaron cerca de 100 universidades, entre estatales y privadas.

Hoy hay el doble de universidades y el doble de docentes que hace 15 años. Las universidades privadas han ido llenando la demanda por estudios superiores. La población de las universidades ha crecido enormemente. Tenemos ahora una enorme masa de egresados que están buscando una mejora en sus condiciones de vida.

Sin embargo, todo el tiempo escuchamos quejas sobre la calidad de las mismas. No es un tema de falta de profesores, como se puede ver en la gráfica anterior, donde tenemos entre 12 y 15 alumnos por profesor (en la Universidad de Buenos Aires, Argentina, el ratio alumno por profesor es de 5.7; en la Universidad de Sao Paulo, Brasil el mismo ratio es de 15.8).

¿Por dónde entonces va el problema? Aquí tenemos que ver primero, la expectativa de los ingresantes por ver a la universidad como un espacio de ascenso social. Es cierto que los indicadores de ingresos muestran que aquellos que egresan de las universidades son los que perciben mejores sueldos en promedio (ver gráfica siguiente). Pero también es cierto que no son los que en los últimos años han visto incrementarse más sus ingresos, en comparación a aquellos que tienen niveles educativos “inferiores”.

Foto: Fuente: INEI. Elaboración Roberto Bustamante

A esta expectativa que se va a ver insatisfecha, vemos luego tres problemas sumados. En primer lugar, el juego político de crear la “universidad estatal propia” en cada provincia del país. El crecimiento de las universidades no está respondiendo aquí a una discusión nacional sobre qué clase de institución superior queremos. Más universidades y más egresados que van a ocupar puestos de trabajo insatisfactorios puede ser luego un caldo de cultivo para nuevos conflictos (tal como lo estudió Carlos Iván Degregori en su libro El surgimiento de Sendero Luminoso, Instituto de Estudios Peruanos, 1990). Las respuestas a la falta de mejores empleos las encontrarán en la existencia de argollas, del centralismo, el racismo y el clasismo (corroboradas además en un reciente estudio de Galarza, Kogan y Yamada para la Universidad del Pacífico, ¿Existe discriminación en el mercado laboral de Lima Metropolitana? Un análisis experimental).

En segundo lugar, la llamada autonomía universitaria, la cual ha terminado aislando a varias universidades estatales de su entorno social inmediato. Las universidades participan poco de la vida social de sus provincias o del entorno urbano. Y, justamente, amparadas en la “autonomía”, estas van convirtiéndose en ghettos donde la sociedad no puede discutir su destino y futuro. No es casualidad que distintos grupos de izquierda la vean todavía como un trampolín político, antes que un espacio público de discusión entre distintas teorías y corrientes. La idea de la “universidad popular” antes que pública ha terminado dañando dicha institución.

Coincido con lo que escribió Hans Rothgiesser en Economía de los Mil Demonios. Hay un tema aquí de regulación. No cualquiera que ponga su carpa puede decir que eso es una universidad. Tampoco un instituto técnico superior con carreras de cinco años es una universidad. A nivel mundial ya existe estándares, formatos. ¿Sabían que el título de licenciado solamente sirve en el Perú, y que en otras partes del mundo nos miran como bichos raros por seguir usando ese cartón? Sobre eso regresaremos la próxima semana.

Un comentario en «LA TETERA CÓSMICA. La universidad amenazada»

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