
En febrero de 2012, el gobierno francés declaró inconstitucional la ley que establecía penas de cárcel y multas económicas frente a toda negación pública del genocidio cometido por el Imperio Otomano contra los armenios en 1915. La decisión del gobierno francés, según las autoridades turcas, cierra un innecesario incidente diplomático entre Francia y Turquía y deja de lado la pretensión de querer adjetivar como “genocidio” a las que habían sido, realmente “muertes provocadas por las pretensiones nacionalistas armenias”. Para poder entender estas expresiones es bueno analizar tanto los hechos del pasado, como los hechos del presente.
¿Cuáles son los hechos del pasado? Entre 1915 y 1916 se perpetró, en el Imperio Otomano, una de las matanzas colectivas más dramáticas y crueles del siglo XX. Miles de civiles armenios, entre hombres, mujeres y niños, murieron. Tal como expresa Michael Mann “fue la limpieza criminal más efectiva del siglo XX”, y fue tan efectiva que en 1922 solo 1 de cada 10 armenios que vivía en 1914 en Turquía continuaba en el país (1). Eran los tiempos de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y el Imperio Otomano combatía al lado de alemanes y austro-húngaros y, la dimensión de la masacre del pueblo armenio quedó soslayada por la escala de la mortandad total de la Gran Guerra y por la reconfiguración de la geopolítica internacional posterior al conflicto.
A pesar de ello, poco después de ocurridos los acontecimiento, se comenzaron a construir las diversas versiones sobre la masacre, especialmente sobre las razones de la misma. Para Turquía, heredera política del Imperio Otomano, la muerte de los armenios fue consecuencia de una serie de condiciones: guerra civil, movilizaciones, epidemias y, en menor medida, excesos del ejército. Según esa misma versión, de alguna manera el pueblo armenio era, para el Imperio Otomano, una especie de peligrosa quinta columna, en una coyuntura de amenaza creciente por parte de los enemigos externos -especialmente el Imperio Ruso-, hecho que explicaría, en parte, las condiciones a las que fueron sometidos. Estas y otras razones son las que han llevado a Turquía a negar que los trágicos sucesos de 1915 sean considerados un genocidio. Por su parte, para los armenios y la casi totalidad del mundo académico, la masacre fue consecuencia de una política de exterminio sistemática, cuyas causas a su vez serían el cristianismo mayoritario y el potencial pro-independentista de pueblo armenio, opuestos a las pretensiones pan turcas y musulmanas del estado imperial. De esta forma, según esta última versión, la masacre de los armenios fue un acto genocida.
En este punto se debe recordar que el concepto de genocidio fue creado por Raphael Lemkin, en 1944, para referirse a las matanzas motivadas por cuestiones raciales y religiosas. Lemkin sustentó el concepto, precisamente, en su investigación sobre la masacre del pueblo armenio. Ahora bien, catalogar una matanza como “genocidio” hace necesario señalar cantidades y razones, y son estas las cuestiones que, aún hoy en día siguen generando puntos de vista opuestos, como ya hemos visto con relación a las razones. Y sobre las cantidades de víctimas sucede lo mismo, las versiones más conservadoras hablan de 200.000 muertos; las más extremas plantean de 1 millón 500 mil a 2 millones de víctimas. Michael Mann, uno de los académicos más serios en la actualidad, señala que entre 1915 y 1916, murieron alrededor de 1 millón 200 mil y 1 millón 400 mil armenios (2).
(La próxima semana publicaremos la segunda parte de esta columna presentando los hechos del presente relacionados a la masacre de los armenios).
Notas:
(1) Michael Mann, El lado oscuro de la democracia. Un estudio sobre la limpieza étnica. Valencia: Universitat de Valencia, 2009.
(2) Pág. 167.

Pingback: El racismo como pretexto para eliminar poblaciones | Spacio Libre - Web de Noticias
Pingback: yoperiodista » El racismo como pretexto para eliminar poblaciones