Compartir
Lenin y Stalin / Ilustración
Lenin y Stalin / Ilustración

 

Por: Ricardo Alvarado 

A propósito de un post en el Facebook de Vero Ferrari, parte de cuya genialidad es saber discutir sobre todo y con todos, se armó un pequeño debate nocturno entre sus amigos y seguidores a propósito de una campaña publicitaria sobre «parejas imaginarias» que le dio alas a Vero y sus compinches para alucinar sobre Jesús de Nazaret y Juan de Patmos, Marx y Engels, Lenin y Stalin (en la ilustración), Haya de la Torre y Luis Alberto Sánchez, Fidel y el Che Guevara…Como dichas discusiones suelen dar pretexto para que algunos eruditos reaccionarios (y también reaccionarios a secas, como Gustavo Faverón) destilen su macartismo, habría que dejar en claro algunos hechos. Es bien cierto que el socialismo real se mandó tremendas cagadas contra los LGTB, en parte porque sus fundadores y teóricos compartían los prejuicios homofóbicos del siglo XIX, que también tenía la democracia liberal.

Una vez pasada la era del amor libre y revolucionario posterior a la revolución de Octubre, los prejuicios condenaron la homosexualidad en la Unión Soviética. En los países del bloque socialista hubo una injustificable persecución contra los gays, que eran internados por 5 años en campos de trabajos forzados. Sin embargo, es necesario recalcar que, contrariamente a lo que ocurrió en la Alemania nazi, no hubo campos de exterminio, ni ejecuciones en masa, ni hornos crematorios.

El alcance y dimensión de la persecución a los homosexuales en los países socialistas no fueron mayores ni menores que los existentes en las democracias occidentales, que por los mismos años tenían leyes vigentes contra la sodomía (algunos las mantienen), empujaban al suicidio a Alan Turing y encerraban a los LGBT en manicomios hasta su muerte.

(Resulta un terrible contrasentido que la URSS, pionera en la legalización del acceso a los medios anticonceptivos, al aborto y al divorcio unilateral -por iniciativa de la mujer- no hubiera podido superar muchos prejuicios de la democracia liberal, y fuera tan retrógrada en otros aspectos de los derechos sexuales y reproductivos).

Pero allí donde los acontecimientos estrellaron al «socialismo real» contra la realidad y le obligaron a rectificar, como es el caso de Cuba, la situación de los derechos para la población LGBT pasó de la persecución abierta de los años del caso Reynaldo Arenas a la política de tolerancia actual y de rechazo oficial a la homofobia. Cuba no es ningún Shangri-La gay o lésbico, pero está mucho más avanzada que muchas «democracias», incluida la nuestra, donde los crímenes de odio son cotidianos e impunes.

Rota esta lanza en favor del socialismo real, sólo me queda añadir que, contrariamente a la leyenda dorada que hace descender todos los derechos humanos de las diversas formas de democracia representativa existentes en la historia, son las democracias las que se llevan la palma en cuanto a intolerancia frente a los y las LGBT (desde Sócrates, pasando por Wilde y Turing, hasta llegar a los disturbios de Stonewall y las leyes de Putin) siempre en nombre de las «mayorías» o de la «moral».

Sobre el autor

Por Spacio Libre

Este es el espacio de la redacción, el de las notas casi volteadas, coyunturales y que recogen parte de lo que ocurre día a día. Los demás informes son firmados por cada uno de los autores y respaldados por el equipo. Síguenos en @spaciolibre y www.facebook.com/spaciolibre.pe

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *