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10 años después, el naufragio del discurso ceverista es evidente / Foto: Referencial
10 años después, el naufragio del discurso ceverista es evidente / Foto: Referencial

Por: Ricardo Alvarado

Cuando el año 2003 iniciamos -junto a Raúl Wiener y Hugo Ñopo- el debate sobre las cifras de la CVR, en Ave Crítica compartíamos una impresión general sobre el Informe Final: lo bueno no era nuevo y lo nuevo no era bueno.

Lo esencial de aquel debate fue recogido años después por Silvio Rendón en dos tomos (aquí y aquí), que le sirvieron para iniciar una investigación que aún continúa, pero cuyos primeros e irrefutables hallazgos, publicados por el Gran Combo Club (aquí) conmocionaron al mundo caviar, a tal punto que el día de hoy Ideele, revista completamente insospechable de «revisionismo histórico» ha publicado una versión de divulgación del trabajo de Rendón que, sin duda, reabrirá el debate público sobre los guarismos de Ball, Sulmont y Manrique.

Concuerdo con Rendón en que el mayor aporte de la CVR fue la documentación de los crímenes de Sendero Luminoso. Por desgracia, los miles de testimonios recolectados a este respecto fueron utilizados al servicio de un discurso pro-estatal, diseñado sobre la tesis de la «responsabilidad de la guerra», que a su vez se apoyaba en las construcciones estadísticas de Ball, Sulmont y Manrique para inclinar la balanza contra SL y justificar la continuidad de un Estado «democrático», construido sobre la base del exterminio parcial de la población indígena.

10 años después, el naufragio del discurso ceverista es evidente. No sólo se trata de que los resultados de la «justicia transicional» son miserables o que el proceso de reparaciones es limitado y está estancado: incluso en el tema de la verdad, las limitaciones del Informe Final resultan cada vez más evidentes, pues no sólo están ausentes del IF las 200 mil víctimas de esterilización forzada, sino el crimen de genocidio, también más del 50% de los desaparecidos, el enfoque de género, los derechos indígenas y la responsabilidad penal de dos gobiernos democráticos (Belaúnde y García I).

Last but not least, la justicia transicional terminó siendo perjudicial para los organismos de derechos humanos que la habían apoyado; 10 años después del cierre de la CVR, la cooperación internacional no tendría justificación para mantener el apoyo a las ONGs peruanas, a no ser que primero se reconociera el completo fracaso de todo el proceso.

Personalmente, considero que la publicación de Ideele puede ser un paso hacia la libre discusión del Informe Final y del llamado «proceso post-CVR», y una reivindicación indirecta a quienes entonces denunciamos un fraude histórico con ropajes científicos. No está de más recordar que la discusión pública iniciada el 2013 no terminó a causa de ninguna refutación, sino por el espíritu de cuerpo de los consultores y empleados de la CVR, quienes, pese a su encargo de «iniciar un gran debate nacional», mantuvieron y mantienen una actitud inquisitorial, prestos a acusar de herejía a quien no coincidiera con su particular interpretación de los textos sagrados.

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