
Por: Jaime Canicoba / @Canicoba307
Nuestra Lima suele tornarse en un lugar frío, y se me ocurren por lo menos dos maneras de explicar esta noción: Por supuesto, algunos de ustedes pensaron inmediatamente en el clima loco que caracteriza a nuestra “ciudad en las nubes”. Por más acostumbrados que estemos a esto, no nos impide renegar ocasionalmente de esa batalla que aún perdura, entre el bochornoso sol de 7 a 3 y los húmedos vientos que nos envuelven desde las 4 en adelante. Estoy seguro de que muchos de sus amigos – o de ustedes mismos – no han sido inmunes a un choque térmico.
También intuyo que varios otros de ustedes evocaron la vida cotidiana. En los micros, ojos inmersos en las ventanas, viendo todo y no observando nada, con ánimos tan sombríos como la gente que transita las calles, en una prisa robótica y con una expresión general que puede contagiar aburrimiento, con miradas apagadas. Sobre todo lo que se capta es indiferencia, un concepto que ustedes pueden encontrar fácilmente relacionado a la monotonía del sólo existir, sin realmente vivir.
Estas dos perspectivas encajan en el punto central del informe que les presentaré a continuación: Verán, ambos hechos son sólo una parte del espectro entero de adversidades que, desde hace años, se han vuelto realidad para miles de personas adultas mayores en nuestras calles, con quienes sé que ustedes pueden sentir por lo menos una mediana empatía. Son ancianos, que en estos momentos se encuentran abandonados a su suerte, sin higiene, alimentos, ni protección. Y sobre todo, sin la energía única que uno obtiene del calor humano. Sobreviven solos, y esa indiferencia que mencioné, tanto de la sociedad misma como de quienes los dejaron atrás, les quita poco a poco la fuerza con la que aún se aferran a la vida, con la que piden cada noche, entre lágrimas, una esperanza.
Afortunadamente, sí existe otra oportunidad para ellos. Yo mismo reconozco que no conocía sobre lo que les estoy por contar hasta antes de elaborar este informe, por lo que asumo confiadamente que para muchos de ustedes lo que sigue será una novedad. La experiencia me ha sido más que gratificante tras haber comprobado que hay gente que está haciendo algo para cambiar la vida de otros ahí afuera.
Con toda confianza en que podré captar la atención de ustedes en ellos, difundo su labor en el siguiente trabajo, porque estas personas necesitan de nuestra ayuda sin más tiempo que perder. Mediante este informe especial por Spacio Libre les presento mi visita al Hogar “Sagrada Familia”. Ubicado en la avenida Francisco Pizarro nº 551, en el Rímac, es uno de los Centros Residenciales Gerontológicos pertenecientes a la Sociedad de Beneficencia de Lima Metropolitana – SBLM. Este recinto, que hoy desde las 10 de la mañana celebrará con peña, declamación, bailes, testimonios y otros números especiales su aniversario nº 24, cumplido ayer 29 de abril, es para todos los efectos una casa, que alberga a varones, mujeres y matrimonios de la tercera edad en situación de riesgo, con una cuota increíble de compañerismo, solidaridad y, por qué no decirlo, amor.

