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Marcha pacífica. Represión policial. Desinformación mediática. Difícilmente la gente se olvide del #TomaLaCalle / Foto: Candy Castro [Spacio Libre]
Marcha pacífica. Represión policial. Desinformación mediática. Difícilmente la gente se olvide del #TomaLaCalle / Foto: Candy Castro [Spacio Libre]
El 27 de julio del 2013 fue una jornada para la historia. No porque los manifestantes no llegaran hasta las afueras del Congreso a gritar sus reclamos. No por la cantidad de bombas lacrimógenas que utilizó la fuerza policial para controlar a los protestantes. No por la desinformación de algunos medios de comunicación.

Fue histórica porque las personas, especialmente los jóvenes dejaron sus laptops, sus smartphones y sus tablets para salir a las calles y hacerlas temblar con la fuerza de su voz. Fue histórica porque todos olvidaron sus ideologías políticas y buscaron puntos en común para darle más fuerza a su reclamo. Fue histórica porque en la cantidad de policías que desplegó el gobierno se notó el temor del oficialismo. Ahora ya lo saben. No será “fácil” llevar al país en piloto automático. Ante cualquier golpe claro de corrupción, la gente tomará las calles. Y no saldrán de ahí fácilmente, ni con bombas de gas que hace llorar.

Estas manifestaciones masivas que endulzaron el mes patrio quedarán en las retinas de muchos. La gente ya se cansó de seguir aguantando la corrupción hasta el siguiente gobierno, o que roben pero les hagan obras, que la justicia se maneje a favor de intereses ajenos. La gente tomó las calles para que el Congreso entienda de una vez que si quieren representarlos deben dejarse de repartijas debajo de la mesa.

El 27 de julio miles de manifestantes hicieron sentir la fuerza de sus protestas / Foto: Candy Castro [Spacio Libre]
El 27 de julio miles de manifestantes hicieron sentir la fuerza de sus protestas / Foto: Candy Castro [Spacio Libre]
Sin afán de comparar las protestas peruanas con las grandes movilizaciones en el Medio Oriente, o sin ir tan lejos, en Brasil, es un cambio lo que se está gestando, una revolución “buena”, algo que no se está dando y empieza a generarse ocasionando cosas positivas (la anulación de los elegidos al Tribunal Constitucional, Banco Central de Reservas y Defensoría del Pueblo son la prueba más clara). Los indignados peruanos ya no solo tuitean, ahora se quedan afónicos de gritarle a las calles sus reclamos.

Nadie nos contará la noticia, pues estuvimos en la marcha. Fue pacífica. Los hinchas de Universitario -si bien generaron zozobra en los otros manifestantes- no fueron los que generaron los disturbios. Un grupo de apristas fue el que inició todo. La represión policial fue más aguda. No se cansaron de usar gases lacrimógenos y detener a un grupo de personas para decir que “ahí no pasó nada”. ¿Quién paga las bombas que lanzan? ¿Es constitucional frenar una protesta que tenía la ruta ya marcada y avisada? Algunos medios de comunicación sesgaron sus despachos, sus noticias, sus informes. Contaron mal la noticia, la cambiaron, la modificaron, la minimizaron.

Los que tomaron las calles solo saben lo que pasó ese día, lo que ocurrió el #27J y que difícilmente salga de sus memorias. Solo hay una manera de que eso pase. Que las próximas protestas que organicen sean aún más multitudinarias y fuertes. Que entonces no les importen la represión y logren que su mensaje reordene las cosas, reordene el país. Seguramente se vienen muchos #TomaLaCalle, pues es una indignación que no se cansará, ni en este, ni en el próximo gobierno.

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Por Spacio Libre

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