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Prendo la televisión, es cuatro de la tarde del miércoles, el canal del Estado hace una transmisión en vivo desde el Congreso, la imagen de ese momento me descoloca, lo que se proyecta sobre mi pantalla está muy lejos de ser un ardoroso debate parlamentario y linda con una suerte de Gran Show, es como si el programa de amoríos, grescas faranduleras y falsas ayudas sociales que lidera el rating de los sábados por la noche haya escogido como locación el hemiciclo ubicado en el Palacio Legislativo y -por un día- haya cambiado la hora de trasmisión.

 

La conductora, una mujer de baja estatura intenta ordenar a los participantes, todos se mueren por hablar, y cuando por fin les toca hacer uso de ella, no saben qué decir, o dicen cualquier pachotada. Que las pruebas PISA son un negocio, que son un sicosocial, que tienen una denuncia pero no tienen las pruebas para justificarlas, solo confían en sus fuentes…

Personalmente, nos llama la atención uno de los que se ha sumado a este coro de desafinadas e ignorantes voces naranjas, y nos conflictúa recordar sus inicios, hace seis o siete años, como parte de la camada de economistas socialcristianos que apoyó la candidatura de PPK, en aquel momento vimos a un prometedor cuadro, capaz de denunciar sin tapujos al dictador que hoy aclama, en aquel momento nos pareció conocer a quien lideraría un verdadero programa de derecha moderna, sin imaginar que seis años después nos lo encontraríamos, vocero de aquel a quien alguna vez denunció, defendiendo sus intereses (sí, ni siquiera son los intereses o negocios de Lucho Galarreta, son los de los grandes financistas de Fuerzas Popular, que han encontrado en el otrora pepecista su mejor defensor).

Y al centro, en el paredón, incrédulo, cómo preguntándose a si mismo que cosa hace él, un Ph.D en economía, reputado funcionario de las más grandes multilaterales, al centro de este show, el ministro de Educación. Se saca los lentes, se soba los ojos, creo que – al igual que nosotros- no termina de creer todo lo que oye, y todos los infundios que levantan en su contra. Lo cierto es que ya van más de 10 horas de lánguido debate (aunque el término debate quede muy grande), el partido que se ha encargado de buscar el menor recoveco, la más exigua duda, parece haberla encontrado y anuncia, agitando un papel que presentará la moción de censura.

El ministro, que ya se esperaba esta moción, se mantiene ecuánime, quizás esté pensando que lo mejor que le puede pasar es que lo censuren y así se vuelve a Estados Unidos, y recobra el sueldo y la tranquilidad que da trabajar el Banco Interamericano de Desarrollo, lo que perdió el día en que decidió aceptar la invitación del expresidente Ollanta Humala de venir a liderar la reforma educativa, que luego, PPK optó por continuar.

Desde este Spacio lamentamos el nivel miserable del debate congresal, pero lamentamos más aún que por culpa de la mayoría corrupta y descarada del fujimorismo, coludidos con los compañeros apristas tenga que salir del gabinete (porque vamos, esa moción de censura, por el número de votes que tiene la bancada naranja es solo el preludio de la censura definitiva) un ministro que fue lo mejor que le pasó al sector Educación.

Jamás nos cerraremos a denunciar los actos de corrupción que se puedan dar, pero tampoco nos sumaremos al coro que se pone a gritar por la paja en el ojo ajeno y no se da cuenta el inmenso tronco que cae sobre ellos. Por eso, sin medias tintas marcamos nuestro repudio a la censura del ministro Saavedra, no por él, sino porque somos convencidos de que la reforma iniciada -defectuosa, mejorable, afinable como todo en la vida- debe continuar y se requiere una continuidad en los cuadros elegidos para llevarla a cabo.

Evidentemente esta reforma es una piedra en el zapato para las universidades chicha, que no investigan, que no tienen docentes de dedicación exclusica, que funcionan en locales que son todo menos un claustro universitario… y que son (¡Oh! casualidad) las principales financistas de los partidos que justamente hoy anuncian la censura, rara coincidencia de la vida y más raro aún que no hayan tocado este punto a lo largo del inmenso interrogatorio.

Y de proceder la censura, tal como parece, nos atrevemos a sugerir al presidente PPK que haga uso de los mecanismos que la Constitución le atribuye, presentar una moción de confianza… y por qué no, cerrar el Congreso y conformar una verdadera representación parlamentaria, que acompañe, fiscalice, pero que no vele solo por el interés de quienes les pagaron la campaña.

¡Apoteósico!

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