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Por: Carlo Magno Salcedo

Creo que la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) hizo un importante aporte para ayudarnos a comprender una de las épocas más cruentas de la historia nacional; sin embargo, dicho aporte (plasmado en su Informe Final) no puede ni debe ser considerado como un documento definitivo o sacro santo. Como toda creación humana, el informe de la CVR es perfectible y, sin dejar de ser un valioso aporte, tiene ciertos sesgos y debe ser complementado por otras investigaciones que permitan tener una lectura más completa.

Algunos sesgos del trabajo de la CVR se originan en que en su conformación hubo un mayor peso de personalidades que, siendo honorables, eran claramente identificables como vinculadas al sector zurdo de espectro político; lo que seguramente hizo muy difícil evitar que la CVR deje ver sus marcas de origen político, como ha sostenidoMartín Tanaka, sobre todo al omitir una evaluación más profunda sobre las ambigüedades de la izquierda respecto de la democracia representativa; o al realizar una evaluación del fujimorismo desde la perspectiva de haber sido opositores a dicho régimen.

El Informe final de la CVR, pues, no es una biblia, como a veces parece que fuera considerado por ciertos sectores. Aunque el ex presidente de la CVR, Salomón Lerner Febres, por un lado, ha señalado que dicho informe no es una biblia o un texto sagrado, sino un documento a ser conversado, discutido y explicado; que, por otro lado, niegue que dicho documento pueda tener sesgos, es casi casi considerarlo una biblia.

Sin embargo, conviene advertir con énfasis que el hecho que dicho documento no sea una biblia no significa que haya que tirarlo al tacho de la basura y negar sus aportes, que los tiene y muchos, como pretenden ciertos “liberales”.

También se debe señalar que aunque la CVR hizo un importante esfuerzo, su trabajo no estuvo libre de errores, algunos de ellos muy notables. Es necesario que estos errores se reconozcan, precisamente para evitar que, a partir de los mismos, se descalifique todo el resultado del trabajo de dicha comisión, como pretenden algunos. Veamos algunos casos.

Estoy entre los críticos del cardenal Juan Luis Cipriani por razones varias que no son objeto de estos breves apuntes, pero creo que la CVR cometió un gran error al no incluir la versión del cardenal y de quienes tenían una percepción favorable sobre él. Insistir en que no era necesario tomar en cuenta tales posiciones, o minimizar este hecho como un simple descuido o algo poco importante, como han hecho algunos ex comisionados, sólo abona a dar una imagen de que el trabajo de la CVR fue parcializado.

Otro grave error, en este caso reconocido por la ex comisionada Sofía Macher, fue evitar que los miembros de las Fuerzas Armadas participen en las audiencias públicas de la CVR, bajo la equivocada idea que esas audiencias “eran un espacio para las víctimas”. Esas audiencias eran un espacio para lograr la verdad y, en ese objetivo, fue un craso error prejuzgar de antemano sobre quienes tenían derecho y quienes no a ocuparlo.

Insisto. Nada de lo dicho pretende descalificar los aportes de la CVR en la comprensión de esa negra etapa de nuestra historia patria a que nos llevó la demencia terrorista; sin embargo, como señala Augusto Álvarez Rodrich, “es conveniente que el diagnóstico proporcionado por la CVR sea continuado, probablemente desde la estructura institucional que establezca el Lugar de la Memoria, el cual debe nutrirse de nuevos enfoques, de distintas disciplinas y diferentes enfoques políticos, con un espíritu convocante e incluyente.

Un comentario en «CUESTIONES DE LA POLIS. El Informe de la CVR no es una biblia»

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