Estudiantes retomaron el control de la sede central de universidad La Cantuta / Foto: Javier Contreras (Spacio Libre)
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Estudiantes retomaron el control de la sede central de universidad La Cantuta / Foto: Javier Contreras (Spacio Libre)
Estudiantes protestando durante reciente intervención a universidad La Cantuta / Foto: Javier Contreras (Spacio Libre)

Por:  Jesús Martín Crisólogo Galván

Llegar a la universidad, pública o privada, ya no depende de cuánto sabe el estudiante, del esfuerzo que implica ir a una institución de educación superior luego de pasar casi obligatoriamente por la academia preuniversitaria. Nada de eso es necesario hoy, la Universidad viene al colegio a tomar el “examen de admisión”, y sin terminar el colegio, nuestros jóvenes ya son universitarios, y si no se puede por esa vía, para eso está el centro preuniversitario, “la pre”. Maravilloso, impresionante, rápido.

El acceso hoy a la Universidad depende más de la capacidad de pago del estudiante o su familia, del acceso en auto propio, en “combi” o colectivo, o de cuán cerca (o lejos) está de casa, de si hay chicas y chicos fashion, de si el edificio es ficho o no, de todo, pero lo académico, lo esencial del trabajo universitario, en muchos casos es lo último que se considera.

Hasta fines de los 80, a las cinco de la mañana las combis, aún nuevas, las coaster y los omnibuses tenían entre sus pasajeros a obreros, estudiantes universitarios y estudiantes de las academias preuniversitarias. La Universidad estaba lejos de casa y había que madrugar para llegar temprano a clases. Los carros no pasaban cerca de la academia o de la Universidad, había que caminar, varias cuadras y rápido, porque el profesor no dejaba entrar si se llegaba tarde. Piña si eras de Chosica, Comas o Villa El Salvador, a dormir temprano y a madrugar.

Llegó la década del los 90 y todo cambió. El neoliberalismo económico ingresó al país, el manejo omnipresente de Fujimori, el desarrollo de las nuevas tecnologías y el alza de precios de los minerales también penetró a la Universidad, de pasadita, como se dice. Todo fue tan rápido que la mayoría sin notarlo se encontró que en 10 años de gobierno de Alberto Fujimori se crearon seis universidades públicas y veinte privadas, y en la primera década de los 2000, otras once públicas y 34 privadas. De 10 universidades en 1960, 50 años después son 167 universidades en todo el país. Es decir, en los últimos 53 años se creó 200 % más de universidades que en 139 años antes de 1960. Estas cifras explican de alguna manera que hoy la Universidad esté o al frente o muy cerca de casa, en todo.

El presupuesto total de las universidades nacionales en 1991 ascendió a 53’276,848 millones de intis ($87’512,730 dólares USA) para atender a 28 universidades, mientras que para las universidades privadas se destinó el mismo año 320,120 millones de intis. De 2002 a 2012 pasó de S/.1208 a S/. 3797 millones, o sea, el presupuesto de las universidades públicas casi se ha triplicado en solo 10 años, ello debido, casi en su totalidad, por el canon minero, lo que debería alegrar a quienes siempre exigieron dentro y fuera de los claustros más rentas para la Universidad.

A más dinero mejor infraestructura, mejores remuneraciones a los docentes y administrativos, mejor atención al estudiante, mayor investigación, mejor organización académica y administrativa, presencia indiscutible de las universidades públicas en el debate de temas de interés nacional, etc., pero la verdad, que de esto, muy poco. En la mayoría de los casos solo se ve universidades con nuevas edificaciones, con sueldos de los docentes nivelados con los magistrados del Poder Judicial, o sea, significativos, pero investigación importante, casi nada o en la mayoría nada, y presencia en la discusión de temas de trascendencia nacional, sin comentarios. Es como si la Universidad pública hubiera dejado de existir ante la presencia de la Universidad privada, mejor organizada, más rentable, con mejores docentes, con estudiantes más aplicados y mejores resultados académicos en general, aunque hay casos de antología en estas últimas.

Lo que es notorio, es que las acusaciones y sospechas de actos de corrupción en muchas de las administraciones de las universidades del Estado, es ostensible, es enorme. Muchas de las universidades públicas y pequeñas se hacen conocidas más por las denuncias de corrupción que por su trabajo académico. Y la Asamblea Nacional de Rectores (ANR), en lugar de contribuir a mejorar a la Universidad pública, lo que hace, siempre, es empeorar las cosas.

La Comisión de Reorganización de la Universidad Nacional de Educación (CORUNE), impuesta en el gobierno dictatorial y corrupto de Fujimori, en cinco años de presencia en La Cantuta, lo que dejó fue despidos masivos de docentes y administrativos, más de 400, que no comulgaban con el gobierno fujimontesinista. ¿Quiénes se quedaron? Los que se voltearon de bando, los serviles de siempre y los que tomarían la posta en el poder cuando la Corune se fuera, los herederos, esos mismos que hoy tienen serias denuncias de corrupción como lo tienen la mayoría que trabajó y sigue trabajando con el fujimorismo. Los mismos que cuando los denuncian por corrupción sacan de la manga a terroristas, a violentistas. No tienen otra defensa.

Hoy La Cantuta…

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