Lima, Perú (Spacio Libre con información de Peru.com y Caretas).- Un extenso relave minero podría colapsar y contaminar las aguas del río Rímac, por ende afectar la salud de toda la ciudad de Lima, por la desidia y la burocracia de las autoridades gubernamentales.
Según un informe de la revista Caretas y un reportaje del programa ‘Prensa Libre’, la frase «minería responsable» no la cumple la empresa «San Juan», de capitales canadienses y que opera a pocos kilómetros de Lima, la cual pone en riesgo al poblado de San Mateo de Huanchor.
Las imágenes hablan por si solas, pues revelan como irresponsablemente fueron depositados en un cerro, cerca de 300 mil toneladas de residuos tóxicos -Arsénico y Antimonio- que colapsarían en las próximas horas o días.
A pocos metros del relave está el río Rímac, además se afectaría el terreno por el que pasa el Ferrocarril Central y el ramal de la hidroeléctrica del Centro.
Según la Defensoría del Pueblo, al llegar en diciembre la etapa de lluvias, el relave podría colapsar y caería al río Rímac contaminando el agua que se dirige hasta la atarjea (El Agustino) y que luego se distribuye para el consumo de toda la ciudad de Lima.
La Defensoría del Pueblo ha notificado de los hechos a OSINERGMIN y al Ministerio de Energía y Minas pero no han actuado. En tanto, la empresa San Juan dilata el fin de sus operaciones, pues espera que el gobierno declare en emergencia el asiento minero y esperar ayuda internacional.
Foto: Caretas
AGUA QUE NO HAZ DE BEBER…
Alberto Jiménez Vilela
Una “digna miraflorina”, ama de casa ella, se levanta temprano para preparar el desayuno, agarra la cacerola con la que usualmente cocina los cereales, para ello necesita llenar hasta la mitad con el vital elemento que discurre por la mayoría de caños de la gran Lima; pero algo extraño ocurre, el color del agua es entre crema y marrón con un penetrante olor a azufre, un poco de amoniaco y óxidos de diferentes metales; atemorizada, ante tal hecho, prende la radio y la televisión para informarse de lo que está ocurriendo, los medios de comunicación informan que un cerro de relaves mineros ha caído sobre el río Rimac. El terror a vuelto a llegar a Lima, ya no es un problema de los “otros”, ahora si es un problema nacional. La Atarjea y sus alcantarillas ya no han sido inundadas por pestilente excremento, como sucedió a principios de la década del 90, sino por algo peor. Lima se queda sin agua para beber por varios meses, sino más. Algunos se van del país o al menos al interior de la misma, la gran mayoría, cerca de 9 millones de sedientas bocas, se arriesgan a consumir el ahora “mortal elemento”. Han pasado algunas semanas y empiezan a aparecer niños y niñas intoxicadas con altas dosis de plomo.
El Presidente junto a sus ministros, llama a la calma y se compromete a solucionar el problema en el menor tiempo posible, mientras remoja sus pies a espaldas del Palacio de Gobierno, pues considera que esto es un problema menor y que más bien eso da cuenta de la alta inversión extranjera en minería que tiene nuestra maltratada nación. La mayoría de los medios de comunicación, en especial los acérrimos defensores del neoliberalismo, increíblemente manifiestan su preocupación por este hecho de trascendencia “nacional”, aunque sucumben a la publicidad minera y estatal; total es bueno contar con unos dólares en el bolsillo, pues esta es una gran oportunidad. La hipócrita sociedad civil limeña se organiza, porque se han dado cuenta que es un problema nacional, bueno Lima es el Perú y el Perú es Lima, ahora si importan los niños y niñas afectadas por extraños granos que aparecen en la piel y por los problema mentales que acarrea a futuro.
Felizmente que esto no sucede aun, es fantasía, a no ser que en los próximos días o meses, 300 mil toneladas de relave minero depositados en el cerro Tamboraque se deslice hacia el río Rimac, a la altura del kilómetro 90 de la Carretera Central en el distrito de San Mateo de Huanchor. Así es, como lo lee; la explotación minera en el Perú es tan indiscriminada que ya no hay espacio en donde colocar los relaves, ante lo cual, la compañía minera San Juan (Perú SA) de propiedad de la minera Gold Hawk Resources, ha decidido depositarla al pie del río hablador, claro está, sin medir las consecuencias. Por informe del programa “Prensa libre” que conduce Rosa María Palacios, muchos limeños se enteraron del desastre que podría ocurrir. Si esto sucediera, la capital peruana recién se daría cuenta de la real dimensión del desastre ecológico y social que las mineras causan: agua, tierra y aire contaminados con diferentes químicos en más de 300 veces la cantidad aceptada por organismos internacionales. Se ha encontrado plomo, cianuro, arsénico, mercurio, bario, bromo y sigue la tabla periódica de los elementos en altas concentraciones en zonas urbanas y rurales alejadas de la Oroya, según estudios del proyecto “El Mantaro revive” y otros.
Al igual que ocurrió con la violencia interna entre los años de 1980 al 2000, los capitalinos dieron cuenta de la realidad cuando un coche bomba cargado de varios kilos de dinamita estalló en una zona céntrica de Miraflores, igual podría suceder con el terrorismo ecológico asentado en nuestro país desde hace varias décadas y respaldado por el propio Estado. El terrorismo ecológico ha logrado tomar todo el territorio peruano, la zona liberada es las más alejadas de la justicia y los derechos humanos; la selva amazónica y las comunidades campesinas e indígenas marginadas y depredadas legal e ilegalmente, obligadas a entregar sus tierras por las buenas o por las malas. Pero eso no es problema mientras Lima no es afectada. El mismo Estado se ha encargado de desintegrar moral y éticamente a la nación con tal que ninguno tome conciencia de lo que sucede a la otra; y nosotros, los ciudadanos, nos hemos encargado de alzar los brazos en protesta si recién algo nos afecta directamente.
Mientras tanto, la compañía minera canadiense dilata el tiempo con el objeto que el gobierno asuma responsabilidades al declarar en emergencia a un problema causado por la “empresa privada”; a fin de cuentas el Presidente de la República a dado pie a tal situación al atribuirse logros que no corresponden al realizado por el Estado, así lo demostró en su último discurso presidencial por fiestas patrias al incluir los trabajos terminados y por concluirse no solo por su gestión de gobierno, sino también por lo que ha invertido la empresa privada internacional que opera dentro de nuestro territorio. De darse esto, quedaría claro que la labor del gobierno ante la inversión extranjera es de no solo tenderles la camita, sino que literalmente también limpiarles, por no decir otra cosa, el (patio) trasero.
Estamos frente a un poder económico que ha debilitado a los gobiernos, a nuestra ecología, a nuestras organizaciones sociales rurales y urbanas, y a la dignidad de los ciudadanos. Por ahora la “digna miraflorina” prepara el desayuno, escuchando las informaciones matutinas que despliega la radio, entre ellos se mezclan algunos reportes de niños contaminados con plomo, a lo que graciosamente piensa que son como el “soldadito”, le causa cierta gracia y cambia el selector para escuchar música; total el problema no es del Perú.