VOZ ALTERNA. Ollanta: Luces, cámara, ¡acción!
Foto: Internet

VOZ ALTERNA. Ollanta: Luces, cámara, ¡acción!

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Por: José Miguel Silva Merino

A raíz de las últimas apariciones cinematográficas del Presidente, se puede inferir que hay por lo menos una persona que le sopla al oído cómo, cuándo y dónde aparecer. Y mal.
Tras pasar a la segunda vuelta, el líder nacionalista empezó a trazar un camino que algunos llaman “hoja de ruta” y otros simple “conversión”.

Considero que el mandatario se encuentra hoy en una etapa de afianzamiento de su imagen pública.
No creo que, como dice Sinesio López, exista una posibilidad de que Ollanta regrese a su pasado en la izquierda. Para mí eso ya murió.

Ayuda mucho, dentro de este contexto de estabilización de la imagen presidencial, que Antauro esté en la Base Naval y que los padres hayan casi consumido la pólvora de sus declaraciones.

La prima y abogada Liliana Humala lanza denuncias que rebotan pero no mueven ningún cimiento, por lo que en Palacio se respira la tranquilidad propia de un gobierno nuevo (así no lo sea tanto).

Es así que tras el juramento por la democracia, la posterior victoria electoral, el susto que generó Alexis, el silencio de los primeros meses, y los problemas familiares, ahora vemos un Presidente que escoge de manera ‘uniforme’ sus apariciones mediáticas.

En las redes sociales se cuestiona por ejemplo que Ollanta haya aparecido en pleno socavón justo la noche anterior al rescate de los nueve mineros informales.

Hasta las primeras horas del día del rescate, varios se preguntaban si acaso los mineros no habían salido con anticipación del socavón y se les pidió que aguarden ‘unas horas más’.

La verdad pruebas de esto no hay, al menos por ahora. El tema aquí es que Humala efectivamente viajó, y yo no puedo olvidar la confusión que se sentía en la redacción esa tarde previa al rescate.

¿Dónde estaba Humala? ¿En Palacio? Varios periodistas patinaron y otros simplemente fueron engañados por fuentes supuestamente confiables.

El punto es que el líder nacionalista viajó y apareció con su casco de “Bob el Constructor” en la mina ‘cabeza de negro’.

Los reflectores estaban listos y los despachos al aire. El rescate se dio, horas después. En prime time matutino y sin cortes comerciales.

Me pregunto si los niños que veían a Humala tomándose fotos con los mineros salvados se creían la historia del rescate. Quizás sí. Yo, no mucho.

Quizás la fotografía histórica fue útil para afianzar fanatismos o para elevar plegarias al nacionalismo “modelo peruano”, pero de ahí a convertir a “otros” en parte de un sentimiento triunfalista o unitario, no creo.

En el caso de Cusco, la historia, si bien tiene características de suma distancia (murieron fuerzas del orden por salvar a otros peruanos) no es, mediáticamente, tan lejana.
Fueron cinco días de empleados capturados por terroristas. Se desplazaron supuestamente mil quinientos efectivos, pero nunca se dio con ellos. Hasta el día clave, el de la liberación.

Humala debía estar hasta el domingo en la Cumbre de las Américas que se realizaba en Colombia.
En Perú, las imágenes mostraban a los obreros y su uniforme naranja fosforescente subiéndose en un helicóptero que los llevaría a una base militar de la zona.

Ansiaron ver a sus esposas desde la primera hora en que los terroristas los soltaron, pero debieron esperar que Humala viaje de retorno a Lima, luego a Cusco y finalmente a Kiteni.
Horas después y con su uniforme militar, el mandatario estaba allí para una nueva fotografía.

Ollanta culminó su discurso y volteó casi de inmediato, guiado por los flashes y las cámaras de video. “Es como si hubiera recuperado a mis hijos”, decía.
Los exrehenes no lloraban. El transcurrir de las horas, esta vez ocultos de su familia por ‘protocolos de seguridad’ parecía haberlos incomodado.

En la escena, todos parecían confundidos. Incluso Humala al redundar intercaladamente cada frase que pronunciaba.
Presumo que mientras estas apariciones tan cinematográficas se sigan repitiendo, el efecto (posible) que puedan tener en la opinión pública será cada vez menor e incluso podría terminar siendo ‘negativo’.

Solo quiero dejar una frase que fue el cliché de la campaña: Honestidad para hacer la diferencia.

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