SILBANDO BAJITO. La decadencia de la mirada
Foto: Cultura Colectiva

SILBANDO BAJITO. La decadencia de la mirada

Compartir
Foto: Cultura Colectiva

Por: David Alcántara García

«-¿Y por qué querías que cerrara los ojos? No quieres que te mire, bien mío. 

No respondí y la miré medroso. ¡Oh!, allí estaban esos ojos terribles, con todos sus insoportables chisporroteos de sorpresa, de amor y de inquietud. Lina, al notar mi turbado silencio, se alarmó más. Se arrodilló sobre mis rodillas, cogió mi cabeza entre sus manos y me dijo con violencia:

–No, Jym, tú me engañas, algo extraño pasa en ti desde hace algún tiempo: tú has hecho algo malo, pues sólo los que tienen un peso en la conciencia no se atreven a mirar de frente. Yo te conoceré en los ojos, mírame, mírame.”

Los ojos de Lina – Clemente Palma

Una vez iniciada una plática es cuantiosa la información que podemos conseguir de nuestro acompañante si sabemos prestar atención al lenguaje de su cuerpo. Los ojos tienen una gran importancia y es mucho lo que podemos expresar con ellos. No es extraño por tanto, oír expresiones como «Hay miradas que matan», «Tenía una mirada de hielo» o «Me abrazó con su mirada». Hay miradas burlonas, miradas iracundas, miradas de sorpresa e incluso miradas custodiadas.

Al oír, miras atentamente a los ojos de tu acompañante para demostrarle interés y atención, mientras que la otra persona suele extraviar a menudo la mirada cuando te habla. Si nos miran fijamente al hablarnos es posible que nos pongamos nerviosos, sobre todo porque aparece la disyuntiva de sostener durante demasiado tiempo una mirada, frente a desviar los ojos, algo que puede ser interpretado como falta de interés. Posteriormente, cuando te dispones a tomar la palabra, desvías la mirada un momento, justo antes de empezar a hablar, para hacer ver que te dispones a dar una respuesta considerada y meditada. Por supuesto, la persona con la que hablas no es consciente de todo esto, pero a un nivel tenue está captando todos estos mensajes y probablemente tiene ya una impresión bastante favorable de ti.

Mientras están sentados en algún café, te alegras que Lima esté nublada, pues en caso contrario el sol te hubiera obligado a usar gafas y sabes que los anteojos también tienen algo que decir. Tienden a producir una impresión negativa, sobre todo si son oscuras o con cristales brillantes, ya que impiden el acceso a una fuente importante de información. Pueden dar la sensación de frialdad, distanciamiento o falta de sinceridad, aunque también transmiten inteligencia, seriedad y autoridad. La persona que te habla con gafas de sol oscuras está diciéndote lo inaccesible que es y lo difícil que es llegar hasta ella. Dan la impresión de gran reserva y rechazo a entablar una conversación, aunque, por supuesto, puede tratarse tan sólo de inseguridad. A veces se utilizan como un modo de esconderse ante la mirada ajena.

El espacio hacia donde dirigimos la mirada dice también mucho. Cuando se trata de personas que acabamos de conocer se mantiene la mirada dentro del triángulo formado por los ojos y la nariz, y entre amigos se amplía ese triángulo para incluir la boca. Descender la mirada por debajo de la cara tiende a interpretarse como un mayor deseo de intimidad y puede hacer que una persona, sobre todo si es mujer, se sienta nerviosa o enfadada al verlo como una insinuación sexual.

El tiempo durante el cual una persona mantiene su mirada puede darnos también algunas pistas. Las personas inseguras la mantienen menos. Cuando se habla de asuntos personales disminuye el contacto visual y cuando alguien nos elogia sucede justo lo contrario.

Es hora de finalizar la velada y te das cuenta que los ojos han jugado un rol importante en la plática, también percibes que has llegado a conclusiones importantes respecto a lenguaje de los ojos y todo lo que engloban los mismos. Se abre un apetito por esa mirada, quieres volver a aquel sillón e internarte en esos ojos por más decaídos que estén, sin embargo, hay cosas que no se pueden explicar. Regresas a casa, bebes un poco de vino, te posas frente a una lámpara y empiezas a escribir pensando en esa noche y en esa mirada.

Sobre el autor

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *