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Foto: Internet

Por: David Alcántara García

Existe un actualizado grupo de opinión que gana terreno en la presente realidad peruana, una nueva forma de ser anti-sistema. Se pueden reconocer rápidamente porque siempre llevan en la frente el título: Indignados. Esta manchita tiene un gusto particular por incitar a la revolución, una revolución en la que ellos nunca participarían. Estos nuevos modelos de protestantes se multiplican y poseen una máscara huachafona de patriotismo, carecen de debate y en ellos prevalece la violencia por encima del diálogo, la emoción por encima de la razón. Una característica particular de este grupo de nuevos indignados es la ausencia de ideologías y de percepción de la realidad, siguen al amo, son rebeldes light.

Están separados en dos grupos, los indignados que se indigna por otros y que se dejan llevar sujetados por una cadena y los indignados A1, para ellos la libertad de expresión debe ser primero y el país afuera de su distrito no le importa hasta que no cierren su discoteca o su fast food favorito, es ahí cuando gritan: “El país se esta yendo a la mierda”

Estos nuevos indignados siempre critican y suelen gritar: ¡Crisis! por todas partes, pocas veces dan soluciones y casi nunca responden preguntas. Nada hay más falso que vivir y mostrarse como lo opuesto de lo que se dice ser. Los nuevos indignados tachan y se indignan de todo desde sus departamentos con vista al mar, frente a sus MacBooks o Ipads, no saben mucho de marchas y plantones pero si de “Dale like a mi foto” y “Sígueme y te sigo”, nunca han sujetado una pancarta o un bombo pero si un Frappuccino o un Nuvo.

Los nuevos indignados mayores han gozado del “enriquecimiento” en el último gobierno “aprista” y que ahora ven como sus ganancias se agotan súbitamente, siempre dicen poseer la razón y los demás son enemigos de ‘El Perú avanza’. Los más jóvenes son en su mayoría de universidades privadas  a los cuales les motivó  el hecho de plasmar su arte en muchas paredes y monumentos, incluido el deseo de salir en televisión, por ende se unieron a la causa, que en muchos casos no la conocen.

Este grupo de alegres, divertidos y regordetes manifestantes son la antítesis de lo que genera la indignación, porque realmente el estar indignado genera furia, rabia y despojo, percibiendo eso podemos llegar a la conclusión que hasta ahora no hemos visto a los realmente indignados.

Los verdaderos indignados, los de transitar a pie o de “china aquí nomás”, los de casco amarillo y mangas con tatuajes, los encolerizados ‘medio pasaje’, los que no saben de fiestas a orillas del mar y a los que les está penado enfermarse. Esos, las excepciones, los que se ven opacados por el espectáculo de los falsos indignados, aquellos mismos que realmente deberían ser temidos, no por un calificativo, si no, por el deseo, temido en el Perú, de avanzar.

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