
Cuando supe que Santa Rosa de Lima tenía un correo, abierto por el Arzobispado de Lima, fui tentado a escribirle algo y a enviarle dos o tres peticiones, aún sin ser católico, tenía en mente muchas cosas que tal vez pueden haber ayudado (en forma de petición) a que la santa de América se entere de algunos asuntos que suceden por esta laberintosa ciudad.
En la misiva le solicité de corazoncito pero de corazoncito, que Guerrero y Farfán lleguen bien al encuentro con Argentina y Venezuela, no le pedí que clasifiquemos, pero si que ganemos estos dos encuentros que se avecinan.
Más abajo le pedí que no desaparezca lo verde en La Gris, que se respeten y cuiden a las áreas verdes, que no se abatan más árboles en el Campo de Marte por la glotonería de la gente, que se oiga a los vecinos de Jesús María y su voz de protesta por el daño que se le está haciendo a este lugar, porque ya bastante falta de vida le hace a Lima para que se le esté restando más.
Le pedí también por Ollanta, para que tome el mando como se debe, para que se ajuste los pantalones pero el mismo, no Nadine, para que La Gran Transformación no se quede en una promesa electoral, para que realmente podamos ver y sentir un cambio, para no retroceder y para que el Perú no se pierda en un laberinto de conflictos laborales y sociales que nos hagan perder la mira en lo realmente importante.
Le conté que estaba harto de los programas tipo “reality” en la televisión peruana, de los combates entre mujeres y hombres simulando una guerra que al final se ve reflejado en un verdadero conflicto de sexos para saber quien es el más fuerte, asunto que lo vemos expresado en las noticias diarias, lea usted cualquier diario de la prensa local.
Esto a mitad del escrito fue algo casi hasta en forma de ruego. Le pedí que el transporte limeño no empeore más y que se reforme de una buena vez, que ya estoy bien cansado de los cobradores abusivos y los conductores que pisotean las normas, de la falta de respeto al adulto mayor o al discapacitado; que también se acelere pero de manera adecuada la seguridad ciudadana en todo el territorio peruano, que no se quede en un escritorio y pase de una quimera a una realidad, que Lima deje de sangrar y que los policías puedan regresar a abrazar a sus hijos
Y casi al finalizar le pedí que vuelva la tranquilidad a Cajamarca, que cese el conflicto y que Santos deje la terquedad, que abra las puertas al diálogo y que sea responsable en sus decisiones, que aparte a un lado las inmadureces políticas y que piense en soluciones, no en sus fines personales.
Para concluir le pedí por la educación en nuestro querido Perú, por los pacientes en cada hospital, por las madres trabajadoras y padres luchadores, por el niño ambulante y el escolar soñador, le rogué que alimente al Perú de esperanza y fortalezca la cena con metas ya que sin ellas somos personas perdidas, sin rumbo fijo.
No me olvide de la posdata, y sumé: “Cuida a papá donde esté y que Alianza Lima salga campeón, gracias de antemano Rosita.”
