Lima, Perú (El Comercio).- Víctor Carrera Añorga vive desde hace diez años en Cerro de Pasco. Confiesa que todavía no se acostumbra a las explosiones que a diario se producen en el tajo abierto, aquel enorme boquerón que se traga la ciudad.
En Cerro de Pasco, los pobladores no solo sufren las consecuencias de la alta contaminación por minerales, especialmente del plomo que se les introduce en la sangre, sino también el trauma de las explosiones y de los movimientos de tierra que son su consecuencia.
“Mi organismo responde como un reloj y diariamente a las 11 de la mañana o a las 3 de la tarde se me hace un nudo en la boca del estómago. Es porque se van a producir las detonaciones que a la vez ocasionan los temblores que remecen la ciudad”, cuenta.
Este poblador habita a pocos metros del tajo abierto, se dedica al reciclaje y, como el cráter sigue avanzando, porque la extracción de mineral no puede detenerse, tendrá que dejar pronto su vivienda para ir a otro lado.
Muchos inmigrantes se han convertido en residentes y han tenido que soportar todas las dolencias que aquejan a cualquiera que llega por primera vez a Cerro de Pasco, como dolores de cabeza, cansancio, mareos, además del sobresalto de las explosiones y remezones.
El reciclador refiere que quienes habitaban a poca distancia del tajo abierto tuvieron que vender sus propiedades a la empresa minera y mudarse, por lo que muchas construcciones se encuentran derruidas o están por caerse.
“No podemos dejar la ciudad porque es aquí donde nos ganamos la vida y en otros lugares, donde las explosiones no afectan las construcciones, el costo de los terrenos es muy caro”, señala.
Víctor Carrera Añorga cuenta que vive en la calle Huancayo, a una distancia de 50 metros del gran boquerón, es casado y tiene tres hijos. Anota que ha sido notificado por la minera para desocupar y le ofrecieron 2 mil soles, dinero que no es suficiente para poder reubicarse. Muchos de sus vecinos, sin embargo, se han mudado.
Alrededor del tajo abierto habita una veintena de recicladores, principalmente en el asentamiento Humano Túpac Amaru. Ellos manifiestan que no pueden dejar ese tipo de ocupación por falta de trabajo.
Walter Ayala Callupe, comerciante que se dedica a la reparación de artefactos eléctricos desde hace 30 años y tiene un puesto de trabajo en el mercado central del distrito de Chaupimarca, construido en 1941, señala que el centro de abastos se encuentra a 150 metros del tajo abierto y que son afectados por las explosiones diarias.
“Todo se remece, nos hemos tenido que acostumbrar a estos sismos artificiales, pero no del todo, porque no se pueden asimilar totalmente los movimientos que se producen a diario”, anota.
MÁS DATOS
Las consecuencias de una demora
El 12 de diciembre del 2008 se promulgó la Ley 29293, que declara de necesidad pública e interés nacional la implementación de un paquete de medidas para lograr el desarrollo urbano sostenible y la reubicación de la ciudad de Cerro de Pasco.
La Ley 29293 estipula que los estudios debían estar completos en un año. Sin embargo, es muy poco lo que se ha hecho hasta el momento, pese a que existe una comisión.
Félix Bedoya Jurado, presidente de la comisión interinstitucional creada con la finalidad de elaborar los estudios, reconoció que se han presentado una serie de obstáculos para el financiamiento de estos.
La demora en la reubicación de Cerro de Pasco ha creado problemas paralelos. El Gobierno central ha recortado el presupuesto provincial; alude que las obras no son necesarias para una localidad que será trasladada.