
Bath, Inglaterra (Spacio Libre).- «Es una verdad universalmente conocida que un soltero, poseedor de una gran fortuna, debe tomar una esposa» es la frase que comienza uno de los clásicos de la literatura inglesa, Orgullo y Prejuicio. La novela de Jane Austen cumple dos siglos y los homenajes a este libro desde todas las partes del mundo no son escasos.
La razón de su inmortalidad es la configuración de sus personajes inolvidables. Sobre todo los de la joven rebelde Elizabeth Bennet y el adinerado señor Darcy. Considerada por muchos como la abuela de las comedias románticas, Orgullo y Prejuicio se mantiene viva en el recuerdo de los lectores que la han disfrutado desde 1813, año en que se publicó sin el nombre de su autora.
Según la crítica literaria Hannah Betts, en declaraciones a The Independent de Inglaterra, a Austen se le encasilla comúnmente como una escritora conservadora. Además, a veces se le lee como una escritora superficial. Estas visiones son herencia de la imagen que tenían de ella escritores como Walter Scott y Ralph Waldo Emerson. La confirmación de este imaginario sobre la escritora británica se debe a la crítica literaria que tantas veces ha pecado de machista y misógina. De esta manera, ha desplazado grandes textos de autoría femenina a un papel de obras secundarias para dejar espacio a nombres masculinos.

Sin embargo, la verdadera Austen era más progresista de lo que pensaba la crítica tradicional: una mujer culta, valiente y con opiniones sobre el matrimonio y la crianza de los hijos que actualmente podrían pensarse como feministas. Es decir, Jane Austen, como muchos grandes escritores, estaba adelantada a su tiempo.
Maratón de lectura
Para celebrar el aniversario, el Centro Jane Austen, de la ciudad de Bath, en Inglaterra, organizó una maratón de lectura que consistió en conectar por internet a miles de lectores (procedentes de sociedades de estudiosos de la obra de Austen) a nivel mundial que leerán, parte por parte, la novela completa. Se estima que la lectura tendrá una duración de doce horas.
Por: Leonardo Cárdenas / @epidemor
