Por: Matías Bianchi / @matiasfbianchi (*)
Lea aquí la primera parte de este artículo
Mecanismos de Reestructuración
Si una empresa entra en bancarrota, hay mecanismos para resolver estos conflictos, pero si un país entra en bancarrota no hay mecanismos multilaterales para resolver el conflicto. Señala José Antonio Ocampo, ex secretario ejecutivo de la CEPAL, que la principal enseñanza del manejo de la deuda en los años 1980, y que hundió a América Latina en la peor crisis de su historia, fue la creación de un “eficaz cartel de acreedores, apoyado por los gobiernos de los países industrializados” que forzó a los países a condicionalidades crediticias que exigían adoptar políticas recesivas. La falta de mecanismos multilaterales en el manejo de problemas de sobreendeudamiento ha forzado a que los países deban emprender las negociaciones por su cuenta, quedando a la merced de los acreedores.
Con un mecanismo tal se prevé también evitar otro aspecto fundamental del proceso de reestructuración: evitar la excesiva litigiosidad. Juan Pablo Bohoslavsky, experto independiente de la Naciones Unidas sostiene que “los fondos buitre no dan créditos, sino que compran deudas para comenzar el proceso de litigio, allí radica su negocio”. Es así como en el caso de Argentina, estos fondos especuladores, que representan menos del 2% de la deuda, han logrado un fallo favorable por parte de un juez del Estado de Nueva York que, al hacer una innovadora interpretación jurídica, pone en riesgo todo el proceso de reestructuración que lleva casi una década.
El encuentro del G20 esta semana en Australia tomó nota de algunos aspectos e incluyó en su documento final la importancia de contar con «procesos de reestructuración de deuda soberana ordenados y previsibles», y en el anexo, se refirió a la «litigiosidad» y la necesidad de «dar previsibilidad» a las procesos de reestructuración de deuda.
Co-responsabilidad y legitimidad
Un segundo aspecto que se encuentra en debate, es la corresponsabilidad de los acreedores. Las crisis de deuda más fuertes que se han producido en América Latina, han sido luego de fuertes entradas de capitales promovidos por un excedente internacional que muchas veces ha usado la fuerza o la influencia para la toma de empréstitos – la revolución industrial inglesa en los años 1820; la danza de los millones luego de la 1ra Guerra Mundial; los petrodólares de los 1970s; y la globalización de los 1990s. Ésos períodos están íntimamente relacionados a crisis a las que el lector seguramente está familiarizado – el famoso empréstito de Rivadavia para modernizar el puerto de Buenos Aires, la Gran Depresión, la Crisis de la Deuda y de las más reciente secuencia de crisis Tequila, Asiática, Caipiriña y Argentina. Están completamente sincronizados.
Es decir, no es una patología de los dirigentes en países en desarrollo – o por lo menos no solamente- sino también responde a procesos económicos en los países centrales que operan en estrecha colaboración con las elites de nuestros países. Cabe recordar que el último proceso de endeudamiento de la década del 1970, fue en su mayoría préstamos a dictaduras militares. En Argentina, el endeudamiento pasó de 8.000 millones a 45.000 millones durante el proceso militar y de ese monto se estima que 10.000 fueron para compras de armas a países desarrollados, y otro 5.000 fueron para nacionalizar deudas de las grandes empresas locales. Es importante estudiar y estimar la legitimidad de éstas deudas.
(*) Matías Bianchi es director de Asuntos del Sur
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