Chungui, Ciro y yo (Por Wilfredo Ardito)
NdeR: Wilfredo Ardito, nos brinda un artículo más de sus «Reflexiones Peruanas», aquí comenta algo sobre la variable «solidaridad» de los peruanos y peruanas frente a algunos casos de desaparición totalmente mediáticos, como el de Ciro Castillo y la indiferencia total frente a las familias, que perdieron a uno o más seres queridos durante los 20 años de violencia política, ya se a manos del terrorismo o de los agentes del Estado.
Chungui, Ciro y yo
La semana pasada, mientras los medios de comunicación atosigaban a lectores y televidentes con las noticias sobre Ciro Castillo Rojo, en la localidad de Chungui (Ayacucho) eran exhumados los restos de 20 personas brutalmente asesinadas por los militares en los años ochenta. Entre los cadáveres había diez niños, cinco de ellos de menos de cinco años de edad.
El macabro hallazgo de Chungui refleja la impunidad de muchos militares y policías peruanos, que cometieron crímenes similares hacia miles de campesinos en los años ochenta, desde Umasi hasta Putis. Esta impunidad contrasta con la condena a cadena perpetua que también la semana pasada fue impuesta a Alfredo Astiz, el siniestro militar responsable de la tortura, asesinato y desaparición de decenas de personas en Argentina, incluyendo la fundadora de las Madres de la Plaza de Mayo.
En el Perú, en cambio, mucha gente piensa que es mejor olvidar las gravísimas violaciones a los derechos humanos que fueron cometidas y dejar que los responsables sigan viviendo tranquilos. Por eso, cuando se producían las masacres y desapariciones, era preferible pensar que las denuncias eran falsas y, en todo caso, eran justificadas asumiendo que los desaparecidos o asesinados “seguramente algo habrían hecho”. Cuando, después de años de intencional olvido, la Comisión de la Verdad osó volver a recordar estos hechos, fue acusada de “reabrir heridas”, más aún porque llegó a señalar que durante varios años, los de Belaúnde, los crímenes habían tenido carácter sistemático.
