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Fotocomposición: Ricardo Marapi

 

Por: Ricardo Marapi

¿Isaac Humala y su nuera Nadine Heredia se están disputando quién es la Mano del Rey? Para los que han leído la novela “Juego de Tronos” ─o por lo menos han visto la serie de televisión─ sabrán que el apelativo de “Mano del Rey” se refiere no solamente al encargado de ejecutar las órdenes del ocupante del trono, sino también al principal consejero del Rey, que, desde un punto de vista simbólico, tiene tanto poder como el monarca mismo. Las recientes declaraciones ─más bien exabruptos─ del padre del presidente Humala, llevan a pensar sobre lo que hay detrás de la permanente disputa entre los diferentes miembros de la familia presidencial. ¿Son solamente diferencias ideológicas? ¿Hay un resentimiento progenitor-hijo? ¿Son problemas de personalidad exacerbada del miembro más viejo del clan Humala? ¿Serán ansias de poder político? ¿Le hubiera gustado a don Isaac ser la Mano del Rey?

Obviamente mucha agua ha corrido desde hace un año, cuando las posiciones ideológicas de Ollanta Humala, durante la etapa electoral, eran muy lejanas a su actual posición política ─que algunos tildan de neoliberal─, y que de por sí ya es diametralmente opuesta al insólito y empachado pensamiento etnocacerista, etnonacionalista, ‘cobrizofílica’ de su progenitor. Obviamente, a don Isaac no le debe haber gustado nadita que su hijo ─al que crío para ser presidente─ se haya desviado de sus propias posiciones ideológicas.

Es casi seguro que al viejo Humala le hubiera gustado ser uno de los principales ─quizá el más importante─ consejeros presidenciales. Hablarle a la oreja de su hijo presidente, aconsejarlo, opinar sobre los temas de coyuntura, en fin. Pero, el cambio de timón ideológico de Ollanta Humala hizo imposible encontrar un sitio para las peculiares posiciones de don Isaac. Ese lugar fue ocupado ─y lo viene siendo desde hace años─ por la esposa del presidente, la verdadera Mano del Rey. Y eso para don Isaac debe haber sido una afrenta difícil de tragar. Es por ello que la desafortunada expresión: »borrachita por el poder», pinta de cuerpo entero los intereses y mezquindades que hay en el padre del presidente. Pagó pato Nadine, pero también pudo haberlo hecho otro que haya ocupado el cargo de principal consejero.

También tiene mucho que ver la propia personalidad excéntrica del viejo Humala. Sus ganas infinitas de denunciar teorías de la conspiración en contra de su familia. ¿Acaso no termina de darse cuenta que su hijo Antauro es el responsable intelectual y político del asesinato de cuatro policías en Andahuaylas? ¿Acaso el viejo Humala no termina de entender el grave caso de corrupción en el que está implicado su hijo Alexis? Allí no hay conspiraciones sino hechos certeros.

Y claro, también hay unas ganas de criticar de manera constante a su hijo presidente. Al final, siempre va a ver a Ollanta como un hijo más que como un presidente, y con los derechos filiales que eso representa. Por supuesto todo esto con la complicidad de los medios periodísticos, que en lugar de cubrir temas importantes, entran en el juego de los dimes y diretes; y en una dinámica que no tendría que nada que envidiar a un reality show donde se ventilan las peleas familiares. Los Kardashian, Los Díaz y Florcita, Los Humala, etc.

Va a ser imposible evitar que don Isaac siga declarando exabruptos (a Antauro tuvieron que llevarlo a la Base Naval para que no siga declarando). Y también va a ser imposible evitar que los jefes de información de los medios sigan enviando a sus periodistas a cubrir las declaraciones del padre del presidente. Allí hay rating. Lo más probable es sigamos viendo esta telenovela durante varios años más.

Desde el caso de Susana Higuchi, exesposa de Alberto Fujimori, no se veía el intríngulis de la familia del presidente de turno. Ella arremetió contra la primigenia corrupción de su misma cuñada Rosa Fujimori, en el sonado caso de la ropa donada. Y Susana pagó con una serie de electroshocks y que la alejaran de sus hijos. De igual manera, que me acuerde, los familiares de Alejandro Toledo ─que cometieron cada patinada─ tampoco lo criticaron; la flemática Pilar Nores tampoco habló mal de su entonces esposo Alan García, ni siquiera cuando apareció la “mujer de altas cualidades”. Y pudo haberlo hecho.

Pero al final ¿cuál puede ser el impacto de las intrigas en la familia presidencial? Porque los escándalos, dimes y diretes y telenovelas de este tipo pueden llegar a desgastar la imagen del presidente Humala y de su gobierno. Si es que no lo han hecho ya. Eso, por supuesto, no sería conveniente para el país, salvo para los enemigos políticos del mandatario. Humala puede tomar el camino de no hacer caso a las palabras de su progenitor, o de mandar a sus subordinados a responder los exabruptos de don Isaac. Pero tarde o temprano tendrá que hacerle el pare a su viejo y convencerlo que lo deje gobernar en paz.

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