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Minería ilegal y el daño causado en el ambiente / Fuente: adncusco.com
Minería ilegal y el daño causado en el ambiente / Fuente: adncusco.com

Por: Ricardo Marapi Salas

“La deforestación es insuficiente para dar cuenta lo que ahí sucede. Es una verdadera devastación. Es como si pusieras un pedazo de desierto envenenado en plena selva amazónica”. La indignación envuelve la voz del periodista Guido Lombarda al narrar las imágenes que se grabaron al sobrevolar el bosque amazónico de Madre de Dios. Un bosque capturado, literalmente, por la mafia organizada de la minería ilegal.

Los datos son escalofriantes. El daño ambiental producido por la minería ilegal en nuestra Amazonía peruana es devastador y seguramente irreversible.

  • 50.000 hectáreas de bosques deforestados en Madre de Dios por la minería ilegal en los últimos años. (Ministerio del Ambiente)
  • En Madre de Dios hay cerca de 100 mil personas que registran niveles de contaminación por encima de los niveles normales
  • Los niños indígenas de Madre de Dios tienen en su organismo niveles de mercurio que superan, en promedio, cinco veces el límite internacional (Estudio patrocinado por la Universidad de Stanford de California)
  • Los ingresos económicos de los mineros ilegales bordean los 2.000 millones de dólares anuales en Perú.
  • 25 mil mineros ilegales han invadido la zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional de Tambopata.
  • Los policías cobran a los mineros ilegales un pago de 20 gramos de oro, o 2 mil soles, para no detener los motores que han sido prohibidos. «Coima es coima». (Informe Diario La República)

El grave problema de la minería ilegal ya desbordó el manejo del actual gobierno y, desde el punto de vista de la voluntad política, no se aprecian medidas concretas, profundas, de largo plazo o de cambios estructurales para detener, de una vez por todas, este tipo de actividad extractiva que está arrasando con la Amazonía.

Hay varias reflexiones importantes que debemos hacer sobre este problema para saber el terreno que estamos pisando. Primero, diferenciar lo que es minería ilegal de la pequeña minería informal. Esta diferencia semántica es importantísima para poder enfrentar la situación y encontrar soluciones a un problema complejo. En todo el país, existen miles de pequeños mineros informales, muchos de ellos organizados, que —por diversas causas como la falta de trabajo— se han dedicado a esta actividad extractiva y han expresado su voluntad de formalizarse. Ese es un paso fundamental para identificar y diferenciarlos de los mineros ilegales, que no quieren formalizarse y que, en muchos casos, pertenecen a mafias organizadas.

Lo segundo, es que —de manera urgente e inmediata— el gobierno de Ollanta Humala debe prohibir la actividad minera en las zonas de la Amazonía peruana. No en dos años, no en un año. Debe hacerse hoy. ¡Ayer!. El proceso de formalización de los pequeños mineros informales que quieren legalizarse debe contemplar el compromiso, no negociable, de detener inmediatamente cualquier tipo de actividad extractiva en los bosques amazónicos.

Porque este problema no se resolverá únicamente con el incremento de los operativos policiales de interdicción o de echarles napalm, como pedían algunos opinólogos neoliberales. Eso sería tener una mirada limitada sobre el problema de la minería ilegal e informal. Existe un gran desafío que debe ser asumido por el Ministerio del Ambiente y el gobierno central: saber qué hacer con decenas de miles de peruanos que, durante años, solo se han dedicado a la pequeña minería (ilegal o informal), ante la falta de oportunidades de trabajo.

El gobierno está enfrentando el desafío de saber cómo canalizar esta inmensa fuerza de trabajo hacia actividades productivas que sean sostenibles y, obviamente, no contaminantes ni delictivas. Eso implica no solo diálogo y negociación, sino también mirar, por fin, a una región como Madre de Dios, que históricamente ha sido olvidada por los gobiernos de turno. En resumen, el gobierno de Humala debe llevar la presencia del Estado peruano a aquellos lugares donde las mafias de la minería ilegal se han convertido en el principal y único actor político.

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