
Jean Paul Sartre, allá por los años sesenta, entró con fuerza a entender el marxismo. Y no solamente eso, sino intentó hacerlo suyo, unirlo con su filosofía existencial. Más allá de la fortuna o no de su empresa, en su Razón de la Crítica Dialéctica, Sartre delinea primero el problema del método. Decía él, que para muchos marxistas, el análisis, el método materialista histórico, se ha vuelto una mera ceremonia. “No hay más nada que empuje a estudiar los hechos dentro de la perspectiva general del Marxismo, para enriquecer así nuestro entendimiento y clarificar la acción (social)”, escribió. El análisis de la totalidad devino, para el filósofo francés, en una escolástica de la totalidad, una práctica terrorista de liquidar las particularidades. Toma de George Luckács un término para llamar a esa práctica: el voluntarismo ideológico.
Eso porque Sartre ve al marxismo no como un fin en sí mismo o como la teoría cerrada que todo lo explica, tal como lo criticó en su momento Karl Popper. Por el contrario, lo veía como una entrada y un medio que va enriqueciéndose de todas las acciones sociales. No es casualidad que criticara en su momento la militarización de la cultura en los países soviéticos, que prohibían los libros de Kafka porque los consideraban “anticomunistas” (sic). Sartre abogaba, por el contrario, por su lectura, no tanto en una lógica de “conocer al enemigo”, sino más bien para entender la particularidad humana en sus contradicciones. “Si no se discute ya, cada bloque no tiene más que un medio para defender su cultura: los cañonazos”, respondió en una entrevista sobre el tema.
Esta introducción para hablar de la postura de cierta derecha peruana. Quiero usar un ejemplo, el planteado alrededor de la polémica del proyecto de ley del congresista Jaime Delgado para regular la publicidad de la llamada comida chatarra por el efecto que tendría en la obesidad. Solamente bastó la sola mención de regular la publicidad para que distintos profesionales, ubicados ellos mismos en la vía del liberalismo, dijeran que eso es un atentado a la libertad del individuo a elegir. Que en un análisis costo/beneficio, allí pierde la libertad y que esa libertad vale demasiado frente al costo que implicaría dicha regulación. Se dijeron luego otras cosas, mentiras tales como que por qué preocuparse de la obesidad si hay desnutrición crónica, cuando la Organización Mundial de la Salud ha advertido hace rato que se tratan de enfermedades no contrapuestas, es decir, que alguien puede sufrir de desnutrición crónica y ser obeso, al mismo tiempo.
El tema preocupante aquí es el uso de la ideología dentro de lo que Sartre llamó, como vimos líneas arriba, voluntarismo ideológico. Uso la acepción más generalizada, es decir, como un conjunto de ideas fundamentales que caracterizan a un grupo social determinado. La ideología es distinta a una teoría científica, ya que esta se puede encontrar en constante cambio, revisión, puesta a prueba, etc. Tampoco está mal tener ideología, es decir una perspectiva. El problema es cuando se quiere forzar la realidad a la ideología. La piedra gigante que obstruye la carretera, por ejemplo, que se vuelve antirevolucionaria para el voluntarista ideológico de izquierda. O, en el caso de la propuesta de Delgado, la sola posibilidad de un debate científico sobre el efecto de la publicidad de cierto tipo de comida en los patrones alimenticios y luego en el incremento de la obesidad en la población urbana, y sobre todo, adolescentes y jóvenes.
La data demuestra varias cosas. Para empezar, que hay un problema creciente con la obesidad. Según el médico Jaime Pajuelo, especialista en temas de sobrepeso, de seguir la tendencia actual en el Perú, de aquí a diez años, uno de cada dos adultos sufrirá de obesidad. La obesidad es una enfermedad que le cuesta a la sociedad. Es calculable el costo que puede generar, ya sea en programa de salud, en seguros, en tratamiento. De allí que sea importante su prevención, tal como lo ha venido señalando el experto internacional en medicina preventiva, el médico peruano Elmer Huerta. Señala que en Estados Unidos, donde la obesidad en adultos llega al 70%, el costo social equivale a unos 147 mil millones de dólares anuales. Es decir, para el análisis costo/beneficio.
ConcorTV, Consejo Consultivo de Radio y Televisión del Perú, elaboró igualmente un informe donde se demuestra, a partir de la data de otros países y del Perú, se analiza el efecto que tiene la publicidad en los niños primero, y luego en el gasto al interior de la familia. En el Perú, a partir de un estudio muestral, ConcorTV descubrió que el 40% de niños de distintas ciudades del país ven publicidad en TV y que el 64% de ellos se había sentido influenciado en querer comprar algo de lo que vio. Existe entonces, una relación estrecha entre publicidad y consumo.
Entre otra data presentada, se vio que el 54% de los avisos publicitarios sobre comida, corresponde a la llamada “no saludable”. Ese porcentaje aumenta al 66% durante los programas infantiles.
Es allí donde se hace el análisis costo/beneficio. Así, es falaz, cuando no tramposa, la comparación de la propuesta de regular la publicidad de cierto tipo de comida con la prohibición del alcohol a inicios del siglo XX en Estados Unidos. Más bien, lo más parecido y con lo que habría que comparar es con la publicidad disuasiva en las cajetillas de cigarros. ¿Incide o no la franja que dice “Fumar ocasiona daños a la salud” en los consumidores? Posiblemente muchos terminen regulando su consumo. Otros, con todo derecho, seguirán fumando. ¿Es importante recordar a los consumidores de alcohol que tomar en exceso puede ocasionar algún daño al propio cuerpo? Sí, claro. Porque asumimos que hay un problema allí que hay que regular, y seguramente se está tirando abajo alguna libertad en el papel. Sin embargo, el costo es mucho menor al beneficio. El alcoholismo es también otro problema fuerte en el país.
Sin embargo, toda esta data no es siquiera analizada o discutida por el voluntarista ideológico liberal. La sola puesta en duda al dogma se vuelve reacción. El que pone la data sobre la mesa es el retrógada de hoy.
Ironías de la vida. En su momento, ser liberal significaba ser progresista, frente al dogmatismo predominante en la izquierda. Hoy predomina entre los liberales un ala dogmático. El estalinismo de derecha.
