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Foto: Internet


Por: César Puerta Villagaray

Este mes la Universidad Nacional Mayor de San Marcos cumple un año más desde su fundación en el siglo XVI siendo, en todo ese tiempo, la institución educativa más representativa de los límites y las posibilidades de la sociedad y el Estado peruano. Por esa razón, resulta interesante presentar algunas ideas del libro La formación de la universidad moderna en el Perú: San Marcos, 1850-1919 (Lima: Asamblea Nacional de Rectores, 2010) del joven historiador sanmarquino Marcos Garfias.

Frente a la casi legendaria «antigüedad» de San Marcos o la frecuentemente enarbolada “posición crítica”, Garfias nos cuenta una historia diferente sobre la universidad durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. Su historia no es solo una rigurosa narración de los acontecimientos que la universidad experimentó en ese periodo, sino fundamentalmente es un profundo análisis del papel que cumplió San Marcos en el proceso de modernización, impulsado por una parte de la élite política civilista.

Esa modernización significó, en el caso de San Marcos, un conjunto de cambios con los que se buscaba transformar una universidad, marcada por una cultura de raigambre colonial, en otra que respondiera a las nuevas y crecientes necesidades de la República. Los cambios fueron muchos y son analizados en detalle en el libro de Garfias. Destaca la explicación de cómo se insertó el pensamiento racional como el canon intelectual predominante para el trabajo académico, mediante la apertura de nuevas cátedras y la llegada de nuevos docentes. También, se analiza el creciente papel que asumió la universidad en la formación de los cuadros técnicos y políticos que el Estado republicano necesitaba, destacándose un hecho clave como fue la creación, en 1873, dela Facultadde Ciencias Políticas y Administrativas.

Sin embargo, sería la secularización del gobierno universitario el cambio de mayor impacto y que permitió al Estado asumir un mayor control en la elección de las autoridades universitarias, lo que significó, en la práctica, que la universidad estuviera vinculada estrechamente no solo al Estado, sino sobre todo al poder político del civilismo. Analizada de esta forma, la transformación de San Marcos fue parte de un proceso muy complejo, en el cual el Estado y las élites políticas vieron la educación superior como un poderoso mecanismo para la “construcción” de la ciudadanía y la consolidación de la República.

Es precisamente esta última idea sobre las élites “constructoras” lo que permite que el libro de  Garfias forme parte de un conjunto de recientes investigaciones históricas, para las cuales la élite política del siglo XIX sí tenía un proyecto político de nación. En esa perspectiva las élites eran portadoras del ideal de la República, por lo cual civilistas, militares, empresarios e intelectuales serían de alguna forma “agentes de la modernidad republicana”. Esta tesis es seguramente controversial, pero ha permitido que los estudios históricos sobre el Perú de los siglos XIX y XX no se agoten en las clásicas explicaciones sobre el “fracaso” de las élites republicanas.

La historia presentada en La formación de la universidad moderna en el Perú: San Marcos, 1850-1919 es en realidad la historia de cómo se trató de implementar la modernización en el país. Sin embargo, como también ocurrió en muchos otros campos de la vida nacional, la modernización de San Marcos tuvo que bregar contra las consecuencias de la guerra con Chile y, principalmente, contra una fuerte política conservadora que al final la tergiversó. De alguna forma la modernización fue elusiva para la universidad o, en el mejor de los casos, quedó inconclusa.

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