LA PUERTA DE LA HISTORIA. ¿Por qué confundimos a Abimael Guzmán con un director de cine?

LA PUERTA DE LA HISTORIA. ¿Por qué confundimos a Abimael Guzmán con un director de cine?

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Por: César Puerta Villagaray

¿Cuánto sabemos de historia? Esta es una pregunta que en alguna ocasión todos nos hemos hecho. Dependiendo del grado de instrucción, la mayor o menor seriedad del trabajo docente en las instituciones educativas donde nos formamos y el nivel de interés brindado a los cursos de historia, seguramente, cada uno tendrá una respuesta diferente. Aceptando que nuestro conocimiento del pasado proviene, en gran medida, de nuestra educación formal recibida en las escuelas -y es allí donde debemos encontrar las causas fundamentales de las actuales deficiencias- también debemos reconocer que dicho conocimiento del pasado se nutre de otras fuentes. La historia también la aprendemos socialmente, de la tradición, del folklore y, últimamente con mayor fuerza, a partir de los relatos que nos cuentan los políticos y los líderes de opinión, relatos que no necesariamente contienen interpretaciones adecuadas. Junto a todo esto tenemos a una ciencia social que estudia el pasado humano: la historia. En ese escenario debemos preguntarnos ¿cuánta presencia efectiva tiene la historia en los medios de comunicación?, ¿la mayor o menor presencia de la historia en los medios, ayuda a explicar el frágil conocimiento del pasado que tenemos los peruanos? Las siguientes reflexiones tratan de responder estas interrogantes.

Una de las mayores innovaciones de la denominada modernidad fue la aparición de los medios masivos de comunicación. Desde sus inicios, no solo cumplieron una función informativa, sino también desarrollaron una tarea pedagógica en el plano cultural y político. La creciente actividad de los medios de comunicación, según Jürgen Habermas en Historia y crítica de la opinión pública, puso en evidencia una de las características más singulares de la sociedad moderna: el ejercicio de la capacidad argumentativa para dar forma a la opinión pública. En contraposición a esta tendencia, actualmente en el Perú los medios masivos de comunicación han relegado a un segundo plano la difusión de los productos culturales, entre ellos el conocimiento histórico.

La historia peruana, es decir, el conocimiento del pasado obtenido científicamente, es uno de los productos culturales más importantes con los que cuenta nuestro país. Sin embargo, por lo general, la presencia de los temas históricos en los medios de comunicación es bastante limitada, generando una interesante paradoja: por un lado, tenemos una disciplina académica bastante solvente y, por otro, el impacto mediático y social del conocimiento generado por esa disciplina es bastante limitado. ¿Cómo comprender los términos de esta paradoja? A continuación una explicación.

En las últimas décadas, la historiografía peruana ha experimentado un desarrollo profesional y académico, que se hace evidente sobre todo en la renovación del enfoque mismo con el cual se estudia el pasado. Así, la moderna historiografía ha desarrollado un análisis casuístico y comparativo más complejo, atento a las tendencias de mediano y largo plazo, otorgándole un lugar importante al papel jugado por los grupos sociales como agentes protagónicos del proceso histórico; superando de esta forma la visión clásica de la historia tradicional que estaba más atenta a una narrativa lineal centrada en la descripción de los protagonistas y acontecimientos “importantes” del pasado. Otro aspecto que caracteriza a la más reciente historiografía peruana es la emergencia de nuevos y variados temas de investigación. La historia de la música popular, las diversiones, el género, la corrupción, el miedo, los terremotos, la muerte, por mencionar solo algunos temas, son actualmente tópicos recurrentes en los libros de historia. Lo señalado nos muestra que la historia peruana es, hoy en día, mucho más sólida como práctica científica.

Sin embargo, a pesar de este desarrollo, la presencia de la historia en los medios de comunicación es muy limitada, aunque no está totalmente ausente. Algunos ejemplos sobre la tenue presencia de los temas históricos en los medios de comunicación nacionales los tenemos en los programas televisivos Sucedió en el Perú y A la vuelta de la esquina, el programa radial El Perú y sus raíces, los artículos periodísticos de Antonio Zapata en La República y César Arias Quincot en El Peruano. De igual forma, también sitios de internet como El Reportero de la Historia e Historia Global gozan de acogida, aunque fundamentalmente entre los propios historiadores. Si bien estos ejemplos nos permiten ver que hay cierta presencia de los temas históricos en los medios de comunicación, al mismo tiempo nos muestran su marginalidad frente a otros temas.

Ahora bien, si por un lado tenemos una disciplina académica moderna y, por otro, un impacto mediático del conocimiento histórico muy limitado, ¿qué nos permite explicar la comprensión de esta paradoja? Tal vez nos ayuda a entender, en parte, por qué a pesar de la renovación de la disciplina histórica, persisten en el conocimiento social de la historia -es decir, en aquel conocimiento histórico que posee cualquier ciudadano- algunos mitos sobre la historia del Perú. Por ejemplo, sigue siendo muy fuerte aún la idea de que la organización de las sociedades prehispánicas, especialmente las del Tahuantinsuyo, hicieron posible sociedades donde los pobladores vivían en total armonía y felicidad. Idea que hace buen tiempo ha quedado desvirtuada ante el conocimiento de que las sociedades prehispánicas tuvieron que enfrentar el descontento de las élites locales de los grupos que asimilaban y de los propios habitantes.

De igual forma, se piensa que el proceso de independencia fue una gran gesta colectiva de todos los peruanos, en la cual criollos, mestizos, indios y negros sin distinción de ninguna clase combatieron guiados por la idea de peruanidad y libertad. Esta visión, que goza aún de mucha fuerza, parece corresponder, por un lado, a la vigencia en el imaginario social de una lectura tradicional del pasado y, por otro, a los intentos del gobierno militar de Velasco Alvarado por tratar de fundar en el pasado vínculos de comunidad entre los peruanos. No obstante, las modernas investigaciones señalan que la independencia fue sobre todo una coyuntura en la cual afloraron una gran cantidad de profundas divergencias entre los diversos grupos, generando una especie de indefinición con relación al rumbo independentista, razón por la que, de alguna forma, fueron fuerzas extranjeras los catalizadores finales de la lucha contra España.

Ante esa situación, si los medios de comunicación quieren retomar esa función pedagógica en la formación de la opinión pública, de la cual hablaba Habermas, la difusión de los temas históricos debe ganar más espacios en los medios. Existen a nivel mundial muchos ejemplos de cómo el conocimiento histórico puede difundirse a través de los medios de comunicación. Tenemos así series televisivas como México en el siglo XX, bajo el asesoramiento del historiador mexicano Enrique Krause; Guerra del Pacífico, producida por la televisión chilena y transmitida por History Channel; y el programa de la televisión argentina Algo habrán hecho, conducido por Mario Pergolini y Felipe Pigna.

Nuestro país posee muchos productos culturales: literatura, música, cine y, por supuesto,  historia. El potencial de los temas históricos como productos culturales, queda plenamente justificado en un momento en el que hay una creciente revalorización social de “lo peruano” y, sobre todo, estando próximos a celebrar el bicentenario de la independencia nacional en el 2021. Tal vez así, podríamos mitigar en algo la descomunal ignorancia de nuestra historia, expresada últimamente por una parte de la juventud a la cual le es imposible recordar y menos comprender adecuadamente hechos de la historia más reciente. De esta forma respuestas como: “es un director de cine”, expresada por alguien puesto frente a la fotografía de Abimael Guzmán, se podrían escuchar con menor frecuencia.

Tres libros fundamentales de tres momentos claves de la historiografía peruana: La organización económica del estado inca de John V. Murra, escrito a mediados de los años cincuenta; La independencia en el Perú de Heraclio Bonilla y otros autores, polémico texto presentado a inicios de los años setenta; y La utopía republicana de Carmen Mc Evoy, emblemática obra de la más reciente historiografía peruana, publicada a fines de los años noventa. Cada una de estas obras redefinió, en su momento, nuestro conocimiento del pasado.

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