Ingrid Betancourt, de símbolo del secuestro al de la especulación

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(*) Carlos E. Flores

Seis años, cuatro meses y nueve días permaneció Ingrid en manos de las FARC. Su rescate, como la de otros 14, bajo la “Operación Jaque”, es considerada como el más brillante trabajo de inteligencia, “sin una sola bala”, “sin sangre”. No cabe duda que se trata de la noticia del año, la que generó evidentes y justificadas muestras de alegría. No hay peor oprobio ni atentado a la dignidad de una persona que la privación de su libertad. Sin embargo, Ingrid desde que fue rescatada, es toda una caja de sorpresas y de especulaciones.

Ingrid no ha tenido reparos para sostener que Uribe tiene todo el derecho de sacar réditos políticos ante el exitoso operativo. Justificó además el bombardeo de las milicias colombianas sobre suelo ecuatoriano ocurrido el 01 de marzo donde murió Raúl Reyes, número dos de las FARC. Ha tenido rápidamente un papel político que genera dudas sobre la situación de secuestro que padeció. El policía John Frank Pinchao, que logró fugarse de las FARC tras casi nueve años de secuestro y compartir, además, el mismo lugar donde estuvo presa Betancourt, dijo que la ex candidata presidencial trató de escapar en cinco oportunidades. Ante este hecho la castigaron, le racionaron la comida. Pero agregó que la última vez que la vio fue el pasado 28 de abril y afirmó que Ingrid “hace mucho ejercicio, escribe, escucha la radio y recorta las noticias de los periódicos». Quizá, otra vez la duda, no sorprendió verla tan activa y con la salud no tan deteriorada como en el video de noviembre del 2007, donde aparece delgada y demacrada, toda una imagen símbolo del secuestro.

Que haya intervenido o no la mano de Estados Unidos en el “Operativo Jaque” es un secreto a voces que el Gobierno de Uribe negó. Un segundo actor, Francia, salió a desmentir que haya pagado el recate, según la versión periodística que salió en una radio suiza. Días después Uribe salió a explicar el uso irregular del símbolo de la Cruz Roja durante la operación de rescate. El tema se minimizó, pero dejó claro que hay un principio que prima a fin de acabar con el conflicto: “el fin justifica los medios”, no importa pisar las normas internacionales y romper los acuerdos internacionales para acabar con las FARC. Y esta premisa maquiavélica genera polarización: quienes rechazan los métodos de Uribe y quienes los aplauden. Sea cual fuere la mirada, a Uribe, en la escena local, le ha significado un tremendo salvavidas político considerando la crisis de la “parapolítica” en la que estaba sumido el país. Y en el escenario continental valió para saludar las ventajas de la teoría de la legítima defensa, el ataque preventivo: la postura militar tan criticada de Uribe está dando resultados, pese a las críticas de los “anti uribistas” o de los defensores de derechos humanos.

El rescate de Ingrid abre también las especulaciones políticas. Cuál será la carta que pueda aparecer en un escenario electoral: ¿Uribe camino a la reelección? ¿Si se opta este camino, se irá por la reforma constitucional o por referéndum? ¿No será eso un desgaste político? ¿Alguna fórmula con Ingrid? ¿O una ecuación donde Ingrid vaya a la Presidencia y se abra el paso a la inmunidad e impunidad de Uribe ante casos de lesa humanidad que puedan aparecer?

El rescate de Ingrid engendró también una novela rosa. Aparecieron las tensiones con Clara Rojas, quién acompañaba a Ingrid en la fórmula presidencial y decidió mantenerse en cautiverio al lado de ella. Betancourt relató a un medio de comunicación que Clara quiso matar a su hijo Emmanuel (que Clara tuvo en su relación con un guerrillero) y en ese camino también apuntaba los relatos de Luis Eladio Pérez. Las respuestas de Clara fueron de todo calibre: “¿Por qué no son felices y dejan ser feliz? No sólo dicen cosas que no son ciertas sino que además se están metiendo con mi vida”, “son muy dados al teatro”, “Si las elecciones fueran mañana, no votaría por Ingrid”. Los secretos íntimos se filtran. Larry King sumó con la pregunta a Ingrid “¿Fue usted maltratada sexualmente?”, ella responde “Hay cosas que pasan en la selva que deben quedarse en la selva». Los medios de comunicación arman las declaraciones dejando entrever un romance entre Ingrid y Luis Eladio. Las respuestas del segundo marido de Ingrid, Juan Carlos Lecompte, cuando tuvo el encuentro con ella luego del rescate, cruza más la sospecha “el amor (de Betancourt) por mí pudo habérsele acabado en la selva».

Las organizaciones de derechos humanos continúan apostando por un acuerdo humanitario. Y exigen que se tenga viva la memoria del resto de vidas que se mantienen en cautiverio. Y es que diera la impresión de que con el rescate de Ingrid ya no hubiera nada más que negociar. Y pareciera también que el éxito militar fuera una carta de inmunidad para olvidar los atropellos cometidos contra las comunidades indígenas y campesinas. Es una atrocidad privar la libertad de una persona y despierta emociones sanas el rescate de Ingrid y de los otros 14, pero la imagen mediatizada de Betancourt se ha tejido con hilos políticos, romances, misterios.

Las FARC han aclarado que se trató de una fuga de prisioneros. El 2008 ha significado un golpe certero para el grupo armado: muerte de Raúl Reyes, de Iván Ríos, entrega de la Camarada Karina, muerte de Manuel Marulanda y ahora el rescate de Ingrid Betancourt, la única carta política con la que podían negociar con el Gobierno. Todo indica que el único camino es dejar de lado las armas y liberar a los demás secuestrados; el proyecto político de las FARC se ha viciado con sus métodos inhumanos.

(*) Responsable de la Producción Informativa de ALER y colaborador para la Revista Debate en Quito, Ecuador.

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