
Llegó febrero. El segundo mes y el más corto del año, el más romántico y el más mojado. Recuerdo mis fiestas carnavaleras reflejadas en el balde azul, coloreado con diversos globos llenos de agua. Niña y pequeña, inocente y boba. Pero no me culpo. En mi defensa, en los años 90 apenas se hablaba del terrible mal que acoge al mundo; estaba presente pero no era tema de conversación, ni de debate, no estaba ni siquiera en los periódicos.
Sin embargo, los tiempos han cambiado. Hoy se habla de Calentamiento Global, de cambio climático, y más cerca, de la Marcha Nacional por el Agua. Esta marcha que inició el primero de este mes en Cajamarca y que lucha precisamente por el factor más importante para la supervivencia e irónicamente, el que cada vez, hace más falta.
Por ello, la Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (Sunass), lanzó la campaña ‘En carnavales no tires agua, cuídala’ y evitar el desperdicio inconsciente del agua. A propósito, y sólo para mencionarlo, cada persona puede desperdiciar hasta 40 litros de agua por 10 baldes; nosotros, los seres humanos, debemos consumir entre 1.5 y 2 litros diarios. Es decir, esa cantidad podría satisfacer a 20 personas y un poco más.
De manera que febrero, se convierte en el mes con litros de agua desperdiciados con 1.6 millones (por lo menos) en 4 domingos y 29 días. Y para ser justos, el mayor nivel se registra en los distritos de San Juan de Lurigancho, Villa El Salvador, Villa María del Triunfo y San Juan de Miraflores. El consumo en los 43 distritos de Lima y 6 del Callao, hicieron el año pasado una cantidad de 38 millones 136, 478 metros cúbicos en este mes. Es un gran número, lo suficiente para llenar cientos de pozos de agua de 3 metros de ancho y 15 de altura.
A pesar de todo, el juego, costumbre -o el nombre que reciba- no es prohibido. Sólo en algunos distritos, como Jesús María, se multará con 350 soles a los actos vandálicos. No es suficiente. Y es una paradoja que mientras en Lima se espere el primer domingo (5 de febrero) para desperdiciar el agua, se tenga planeado en otros lugares del país hacer actos simbólicos para la Marcha Nacional del Agua, que si bien lucha contra un fin específico como es la contaminación de Yanacocha y otros, el nombre nos da mucho que pensar. Como por ejemplo, tener en mente el mejor cuidado de este valioso recurso.
¿Qué tenemos que esperar para empezar a tomar conciencia? ¿Hay que hablar con cada persona para que entienda? Si hay que hacerlo, lo hago. A decir verdad, una vez lo hice. Esperaba una respuesta como ‘bueno, en ese caso, les diré a mis hijos que ya no lo hagan’, pero sólo recibí un ‘igual se acabará de todas maneras’. Y quedó retumbando en mi cabeza por largo tiempo. Ojalá estas palabras no queden ahí nomás.
Mis juegos ya no son los mismos. Si alguien me decía en el pasado que algún día el agua estaría en esta posición, no lo creería. ‘Hay mucha agua ahora’ diría viendo mi balde repleto con agua, con esos globos de colores. Me pregunto si dentro de unos años, la noticia será que, simplemente, ya no hay más, que se acabó, que es escasa. Y no dejo de preguntarme.
